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Trabajo voluntario "Brindarse a los otros, dando y recibiendo"

Las excursiones con personas migrantes de la Tercera Edad, una de las actividades organizada por Berta Marina Cruz Schreiber

(Courtoisie de Berta Marina Cruz)

Gran parte de su vida adulta la ha dedicado a los demás, sin contabilizar tiempos ni retribuciones. Berta Marina Cruz Schreiber, salvadoreña de origen y suiza de adopción, concibe el trabajo benévolo como un medio de solidaridad y de integración intercultural.

En noviembre pasado organizó en una sala parroquial de Berna un almuerzo solidario, una de las tantas actividades públicas que promueve regularmente. El objetivo era recaudar fondos para sostener en El Salvador a la ‘Asociación Los Angelitos’ que reúne a familiares de personas con discapacidad y que lucha a favor de mejores las condiciones médicas, terapéuticas y sociales de ese grupo marginalizado.

“Fue un éxito total”, enfatiza a swissinfo.ch esta trabajadora social y terapeuta en formación y enumera las razones de ese balance optimista: hubo más de un centenar de personas originarias de 12 nacionalidades diferentes; fue un encuentro realmente participativo; y, adicionalmente, se recaudaron más de 4 mil francos suizos para el proyecto en ese país centroamericano.

Con esos fondos, explica Cruz Schreiber, “se financiará una parte del personal que trabaja en Los Angelitos; apoyaremos a personas con discapacidades que deben desplazarse del interior a la capital para recibir atención médica y/o terapéutica y se adquirirán juegos pedagógicos para los niños en esas condiciones”.

La cooperación sistemática que promueve nuestra interlocutora desde hace 10 años ha permitido –junto con otros aportes solidarios, entre otras de una cooperante fisioterapeuta suiza - que Los Angelitos, originalmente presente solo en departamento norteño de Chalatenango, ahora extienda su radio de acción a cinco de los 14 departamentos de la nación centroamericana.

“Esa solidaridad me exige muchas horas en el año. Es un trabajo fuerte y dedicado que me permite también contribuir a acercar dos mundos: el de mi origen, en Centroamérica, y el de mi vida actual, en Berna, creando puentes sólidos de comprensión y sensibilidad humana creciente”, enfatiza.

El trabajo benévolo como premisa

Gran parte de la vida profesional de Berta Marina Cruz Schreiber incorpora el trabajo voluntario como un componente importante:

En El Salvador asistió a víctimas de la guerra civil y a población desplazada en los años ochenta; en la entidad estadounidense de California laboró con migrantes centroamericanos durante dos años.

Más tarde, en el trópico y en los valles de Bolivia, Berta Marina y su esposo (suizo) trabajaron durante cuatro años en proyectos sociales como voluntarios de la ONG suiza ‘Frères Sans Frontières’ (hoy E-CHANGER).

Ahora, y desde hace más de doce años, cuando la pareja se estableció en Suiza, , apoya en su comuna bernesa de Ostermundigen a migrantes y personas de la tercera edad.

Lo anterior, en el marco de la parroquia católica de habla española de la región de Berna y de iniciativas ecuménicas. “Hemos podido apoyar a otros inmigrantes, especialmente hispanófonos, para facilitar su integración. Y, además, sostener a personas inmigrantes de la tercera edad que viven en Suiza desde hace muchos años”.

Su labor incluye la organización de grupos de gimnasia; cursos de medicina natural; actividades sociales; excursiones etc.

“Siempre me ha sorprendido que muchos de esos jubilados y pensionados que trabajaron toda su vida aquí casi no conocen Suiza. Ahora, con los paseos que organizamos, finalmente pueden empezar a descubrirla”.

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Vivir plenamente la interculturalidad

Para Cruz Schreiber, todos esos espacios le han generado experiencias muy enriquecedoras. “Fueron un medio esencial para mi propia integración. Para consolidar el idioma alemán; compartir mis competencias en el trabajo social y en diversos sectores terapéuticos. Y, fundamentalmente, para no quedarme aislada y vivir mejor el no siempre fácil ejercicio de la interculturalidad”, reflexiona.

 

Muchas veces –insiste- se formula retóricamente el objetivo de la integración intercultural de los extranjeros, “pero no se les da la oportunidad concreta para lograrlo”.  

Por eso es importante “apropiarse de esos espacios comunales, parroquiales y de solidaridad que permiten a los inmigrantes vivir mejor y, a la población suiza comprender y aprender más de la diversidad y aprovechar ese intercambio profundamente rico en lo cultural y en lo humano. Muchos de los inmigrantes no solo aportan al país su fuerza de trabajo remunerada sino también están dispuestos a brindarse benévolamente a los demás”.

Para esta trabajadora voluntaria, que desde hace dos años cursa una nueva formación en terapia energética psico-corporal, “el trabajo benévolo con la tercera edad y con los inmigrantes me ha permitido también ejercitar mis nuevos conocimientos”.

En síntesis, su labor se ha traducido en “un dar y recibir; un aprender y enseñar”.

Berta Marina Cruz Schreider está convencida de que “trabajo voluntario, solidaridad e interculturalidad activa deberían ser facetas esenciales de las nuevas sociedades cosmopolitas modernas”.

Asociación Los Angelitos

La entidad inicia sus labores en 1993, cuando la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador, Héroes de Noviembre del 89 (ALGES), impulsa el proyecto de Rehabilitación Integral, como un esfuerzo propio y bajo la conducción  de la auto organización de los lisiados de guerra de Chalatenango, una de las zonas más afectadas por el conflicto armado de los años 80 en El Salvador.

ALGES abre el proyecto a toda la población, tanto lisiados y lisiadas de guerra, como a un creciente número de niños y niñas con discapacidad. Sin embargo, el crecimiento de la demanda infantil llevó a los familiares de éstos a organizarse en una asociación propia.

El 25 de noviembre de 2004 se fundó La Asociación de Padres, Madres y Familiares con Hijos e Hijas con Discapacidad de El Salvador Los Angelitos. A la primera asamblea participaron 65 familiares del departamento de Chalatenango.

El trabajo de atención directa,  bajo la estrategia de Rehabilitación Basada en La Comunidad (RBC), se ha extendido, desde mediados del año 2006, a los  municipios de Suchitoto, Santa Cruz Michapa, Tenancingo, del Departamento de Cuscatlán,  y desde el 2008 al municipio de Tecoluca, en San Vicente y a San Francisco Javier, Jiquilisco y San Agustín en Usulután.

Luego de seis años, el trabajo se ha ampliado a seis departamentos, cuenta con más de 600 familias asociadas, atiende a un total de 378 niños y niñas y cuenta con estructuras organizativas (directivas departamentales y locales) en  cuatro departamentos: Chalatenango, Cuscatlán, Usulután y San Vicente.

Source: la propia organización

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swissinfo.ch

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