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Rescatistas de los Topos, brigada Azteca, remueven escombros de un edificio dañado en la localidad mexicana de Juchitán tras el terremoto que azotó el país a principios de septiembre y que afectó a esa localidad sureña de México, septiembre 9, 2017. REUTERS/Carlos Jasso

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Por Lizbeth Diaz

CIUDAD DE MÉXICO (Reuters) - Bajo el amparo de la Virgen de Guadalupe, Miguel Ángel Gómez salió apresurado el lunes al enterarse de la devastación dejada por el terremoto que azotó México cobrando 233 vidas y provocando montañas de escombros en la capital y otras ciudades.

El ingeniero en sistemas es voluntario en la agrupación Topos, nacida espontáneamente hace 32 años de un puñado de civiles que salieron a la calles del Distrito Federal cuando fue sacudido por un poderoso sismo que dejó miles de muertos y puso de relieve la falta de un organismo de emergencia en el país.

Sin herramientas ni experiencia, se convirtieron entonces en héroes al arriesgar su vida entrando en zonas colapsadas para rescatar sobrevivientes y ganaron fama en México. Años después, con su trabajo en otros países, lograron la certificación de la ONU y reconocimiento alrededor del mundo.

Esta semana, el grupo y sus brigadas volvieron a salir con picos y palas a las calles de la ciudad que los vio nacer.

"Fue una noche difícil, rescatamos a una persona y recuperamos tres cuerpos. Tenemos que seguir, mucha gente necesita ayuda", dijo Gómez el miércoles por la tarde, antes de reanudar su extenuante jornada tras el terremoto de magnitud 7.1 que sacudió la zona central del país.

Sin un salario por tratarse de voluntarios e incluso aportando sus propios recursos para sobrevivir como organización, los "topos" sólo reciben apoyo de gobiernos extranjeros para costear viajes de asistencia a otros países.

"Cada llamado es un riesgo, somos libres de decidir si entramos o no entramos ... tenemos todo un protocolo para saber dónde se necesita más ayuda y atacamos", dijo el "Topo", como se les conoce coloquialmente, minutos antes de ingresar a una estructura destruida donde buscarían fallecidos en la capital.

Alejandro Méndez, cuyo tío fue fundador de la organización, reconoció que aunque desde 1985 los protocolos y la tecnología han evolucionado, aún México no está preparado para responder con la inmediatez que se necesita en este tipo de desastres.

Ahora, por ejemplo, México cuenta con un sistema nacional de Protección Civil y realiza simulacros nacionales anuales de sismos cada 19 de septiembre en conmemoración del fatal terremoto de 1985.

Exactamente 32 años después, y a dos horas del simulacro anual, la tierra volvió a sacudirse.

"Hay muchas diferencias entre lo que vimos ayer y lo que pasó en 1985", dijo Méndez, minutos antes de ingresar a una área colapsada en el sur de la Ciudad de México.

"Ha crecido (la prevención) con los años pero la realidad es que en un evento como el de ayer vemos que nos hace mucha falta la cultura sísmica como sociedad", agregó el "topo" con 14 años dentro de la organización y quien actualmente se encarga de la logística de su brigada de 35 personas.

En medio de la tragedia, los "topos" el miércoles se colaban entre los escombros de una escuela de la capital, en un intento incansable para rescatar con vida a una niña que llevaba más de 35 horas atrapada entre los escombros.

Durante más de tres décadas Topos ha brindado su apoyo, además de en México, en desastres naturales en Colombia, Turquía, Taiwán, Venezuela, El Salvador, Irán, Indonesia, Italia, Haití, Chile y Guatemala.

(Editado por Ana Isabel Martínez y Pablo Garibian)

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Reuters