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Una canasta de manzanas

La exposición ofrece una selección de más de 50 variedades de manzanas.

(Keystone Archive)

El Museo de Historia Natural de Basilea dedica una exposición especial a la manzana y su diversidad biológica. Muchas variedades de esta fruta típica de la agricultura suiza están en peligro de extinción.

La pérdida de biodiversidad es un tema de preocupación general. Los científicos estiman que cada día desaparecen entre 70 y 700 especies, una cuota de entre 1.000 y 10.000 veces más alta que el promedio natural, calculado con base en datos fósiles.

El proceso de extinción no solamente afecta a plantas y animales salvajes. Con la agricultura industrializada desaparecen cada vez más especies cultivadas a lo largo de muchos siglos.

Algunas especies resistentes a ciertas enfermedades, por ejemplo, caen en el olvido porque el uso de pesticidas e insecticidas permite descuidar esta calidad biológica anteriormente tan importante.

En Mesoamérica, los agricultores prehispánicos sembraban una variedad abundante de maíz, tomate y calabaza; en los Andes, se conocían centenares de tipos diferentes de patatas; en Europa se cultivaban variedades de granos hoy totalmente desconocidos.

La exposición del Museo de Historia Natural de Basilea, inaugurada el pasado 28 de septiembre, se preocupa del problema de la biodiversidad escogiendo una fruta típica de la temporada: la manzana.

Por su conservabilidad, la manzana ha sido tradicionalmente parte importante de la dieta popular durante los largos meses de invierno. Los fruticultores suizos solían cosechar un surtido de aproximadamente 1.000 especies distintas.

Edi Stöckli, responsable del proyecto, lamenta que "la mayoría de los consumidores no conoce más que tres o cuatro tipos de manzana - Golden Delicious, Granny Smith, Idared. Tener a la vista más de 50 tipos diferentes es excepcional."

Manzanas grandes y pequeñas en los más diversos colores y formas llenan el Museo con un aroma otoñal. Se llaman Rosa bernense, manzana de Uster o Reineta portuguesa. De muchas especies queda un sólo árbol. El surtido se renovará continuamente a lo largo de la exposición, abierta al público hasta el próximo 4 de noviembre.

Aparte de las manzanas frescas, los visitantes pueden admirar una colección de manzanas de cera y yeso, provenientes del Museo Natural de San Gall. Estos modelos datan de 1885 y servían para la instrucción de los arboricultores con el fin de motivarles a injertar especies nuevas.

La exposición se realiza en estrecha cooperación con la fundación nacional Pro Specie Rara, dedicada a preservar la herencia genética y cultural de plantas y animales. Su objetivo es asegurar el cultivo de mínimo cinco manzanos de cada especie en peligro de extinción.

Franziska Nyffenegger, Basilea


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