Navegación

Enlaces para saltar navegación

Principales funcionalidades

Una estética de la violencia

The Omega Suites (Foto: site Luncinda Devlin)

El Museo de Bellerive, en Zúrich, presenta una muestra de videos y fotografías para denunciar ese fenómeno social.

¿En qué aspectos de la vida se manifiesta la violencia y cómo se expande? ¿Cuál es la postura y la reflexión del arte contemporáneo frente a la representación de esta fuerza?

En los anuncios de la calle, en las películas, en los medios de información masiva, en los juegos de la informática, en la parada del autobús o, incluso, en las expresiones verbales que usamos día a día, la violencia está presente en cada uno de nosotros.

En el Museo Bellerive de Zúrich se inauguró recientemente una exhibición con obras de varios artistas cuyo objetivo fundamental es poner de manifiesto la brutalidad, denunciarla, exponerla directa o indirectamente a través de la imagen que ofrece el arte.

En efecto, la violencia no es solamente la agresión o el dolor provocado sobre la persona física del otro, sino que también puede transformarse en algo imperceptible e invisible: la indiferencia, por ejemplo, puede ser una forma refinada de violencia.

Las obras expuestas en el Museo Bellerive son reveladoras de las diferentes posturas que existen frente a esta problemática, cuya actualidad se ha convertido en un tema de gran virulencia a partir de los actos terroristas del 11 de Septiembre en Estados Unidos.

Los artistas y el horror

Las fotografías de la estadounidense Lucinda Devlin, pulcras y patéticas, muestran, por ejemplo, los aparatos y los lugares donde se efectúa la ejecución de los reos en distintas prisiones de Estados Unidos (en Texas, Colorado, Nueva York, etc.)

Se trata de una serie de fotografías intitulada 'The Omega Suites' (1991-1992) con el tema de la cámara de gas, la silla eléctrica o la inyección letal, rápida y eficaz según los expertos, que se aplica a los condenados a muerte.

En estas imágenes, de una rara belleza y perfección técnica, la presencia humana está totalmente excluida. Sin embargo hay en ellas una carga emocional, que contrasta con la repulsión de estas máquinas de horror diseñadas para eliminar la vida humana en varias cárceles de los Estados Unidos.

El trabajo de vídeo del artista francés Alexandre Perigot titulado 'Kill Kill Choréographie' (1996), es un llamado a la catarsis de la muerte.

En él aparecen jóvenes que escenifican su propia aniquilación. Con gestos grotescos simulan su muerte dejándose caer al suelo bajo una descarga de tiros de pistola, que se escucha al principio de la filmación del vídeo.

Escenarios de asesinatos

El irlandés Paul Seawright presenta una serie de fotografías llamada: 'Sectarian Murder' (1988-1995). En ella figuran sitios públicos (parques, basureros, terrenos abandonados, etc.) donde tuvieron lugar asesinatos entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte.

La violencia de las fotos de Paul Seawright no está tanto en las imágenes que presenta sino en las pequeñas leyendas explicativas que acompañan esas imágenes, reveladoras del clima de miedo e inseguridad característico de esa región.

De Breda Beban, originaria de Belgrado, se exhibe el vídeo 'Let's Call it Love' (2000) que aborda la violencia de una forma extremadamente sutil, pero efectiva. Allí aparecen aviones que cruzan el firmamento apaciblemente bajo un fondo musical melancólico, para después dejar caer bombas de guerra a tierra.

En fin, se encuentra también el trabajo de instalación de la suiza Elise Gagrebin llamado simplemente 'Sang' (2000). Se trata de una habitación vacía, pero acogedora y cálida, en donde surge en un rincón, como por casualidad, un sugestivo charco de sangre.

Una exposición que invita a reflexionar sin duda sobre el tema de esta fuerza incontenible, propia del siglo XX y del momento actual en que vivimos.

Aunque debe decirse que, aparte del catálogo bastante bien presentado y con una sólida conceptualización sobre el tema de la violencia, la muestra es pobre en tablas explicativas y, por lo mismo, no logra sensibilizar suficientemente al espectador como se esperaba. Sin embargo vale la pena adentrarse en ella.

Esta exhibición en el Museo Bellerive de Zúrich permanecerá abierta hasta el 19 de mayo de 2002.

Araceli Rico

×