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Una ley contra Hollywood

El responsable suizo de Cultura, David Streiff, jugó un papel fundamental en el nacimiento de la nueva ley. Keystone

Una pequeña revolución para la máquina de producir sueños .... La nueva ley sobre el cine entra en vigor el 1 de agosto en Suiza.

Este contenido fue publicado el 29 julio 2002 - 12:23

Nacida de un compromiso entre los medios del cine y la Oficina de la Cultura, la nueva ley prevé condiciones parecidas a las de otros países europeos.

En otoño del 2001, sin embargo, estuvo a punto de naufragar en el parlamento. Un ajuste de último momento permitió finalmente salvar al proyecto. Algunos diputados temían una hiper reglamentación que privara a los espectadores de su libertad de escoger.

El director de la Oficina Federal de la Cultura no comparte esa opinión. "La ley no limita la variedad de la oferta. Al contrario, la garantiza, estima David Streiff. Actualmente, la predominancia de algunos distribuidores estadounidenses ahoga a las otras películas".

"Como país del centro de Europa, tenemos la obligación de estar abiertos y de garantizar, igualmente, el acceso de las películas europeas y del sur del hemisferio", continúa el director de la Oficina federal de la Cultura.

No se trata entonces de limitar la libertad del espectador, sino de ofrecer a cada película iguales oportunidades de ser distribuido. "Numerosos propietarios de salas cinematográficas y todos los distribuidores suizos están listos para proyectar más películas no producidas en Hollywood", asegura David Streiff.

¡Acción!

Acompañada de un crédito anual de más de 20 millones de francos, la ley deberá permitir concretizar toda una serie de medidas para enriquecer la cultura cinematográfica.

"¡Hacer un filme cuesta!", agrega David Streiff, quien, como ex director artístico del Festival del Cine de Locarno, conoce bien el sector. "Debemos entonces hacer más, inclusive si nuestros recursos son muy pocos, comparados con aquellos de los países limítrofes".

Paralelamente a la nueva ley, por una parte, es necesario comprometerse para cuidar la producción cinematográfica local. Además, es menester que los distribuidores y los propietarios de las salas arriesguen más en programas de películas menos comerciales.

De esa manera, el cine suizo deberá valorarse más. Los proyectos individuales y la formación de las operaciones obtendrían un mayor apoyo, así como las coproducciones internacionales.

Y los diferentes festivales -que cuentan con una gran popularidad y que constituyen piezas clave de la cultura cinematográfica- dispondrían de una mejor base legal para sobrevivir durablemente.

Daniele Papacella (extracto)

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