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Vacunarse contra la gripe

Los resfriados y la gripe llegan con el invierno, de la mano del frío.

(Keystone)

Con la llegada del frío aumenta el riesgo de contraer la gripe. Además de malestar físico, la dolencia genera ausencias laborales que pueden ser costosas para las empresas.

Muchas presionan a sus empleados para que se vacunen.

Según la Oficina Federal de la Salud Pública (OFSP), la gripe es una enfermedad peligrosa que a menudo se suele banalizar. Para reducir los riesgos la OFSP ha lanzado una campaña de vacunación.

La estrategia va dirigida, sobre todo, a las personas ancianas, pero suscita también interés en los medios laborales.

Desde el punto de vista médico, se justifica vacunar a las personas mayores o a los enfermos crónicos, más vulnerables a contraer el virus y en quienes la epidemia puede tener consecuencias fatales.

Pero los argumentos a favor también pueden ser de índole económica. Un estudio realizado en el Tesino, por ejemplo, demuestra que el cantón gasta 21 millones de francos anuales para luchar contra la gripe.

Argumento económico

Las autoridades cantonales destinan 3,5 millones de francos al tratamiento de los enfermos, mientras que los costes indirectos, derivados sobre todo por las ausencias laborales, se elevan a 17,3 millones de francos y podrían ser reducidos considerablemente mediante la vacunación de los empleados.

Pero hay cierto riesgo de que este argumento - de índole económica - sea utilizado para presionar a los trabajadores reacios a vacunarse. En ese caso, el problema que se plantea ya no es estrictamente médico, sino ético. "No se puede forzar a la gente a vacunarse", afirma el doctor Werner Wunderli, responsable del Centro Nacional de la Gripe en Ginebra. "La decisión corresponde a cada individuo."

Aún así, en ciertos medios laborales se ejerce presión incluso sobre personas que no forman parte de un grupo de riesgo. Cada vez son más los establecimientos como los hospitales o los asilos de ancianos que incitan a su personal a vacunarse contra la gripe.

Evitar el contagio

"Vacunar al personal médico no significa únicamente evitar ausencias laborales, sino sobre todo proteger a las personas asistidas, que son muy vulnerables. La vacuna permite evitar el contagio", explica Ignacio Cassis, médico cantonal del Tesino.

"Hoy, nadie puede obligar a una enfermera a vacunarse, pero no me disgusta la idea de que, en un futuro, la vacuna se convierta en un criterio de contratación", prosigue.

Cabe preguntarse si se trata de proteger al paciente o de culpabilizar al personal médico. "Llevo 25 años trabajando en hospitales y jamás alguien se ha atrevido a señalarnos con el dedo o a acusarnos de haber causado la muerte de un paciente", señala la enfermera Bea Weber.

"Y además, las enfermeras no son las únicas personas que tienen acceso a un hospital. También hay personas que visitan a los enfermos, así como el personal de limpieza", prosigue.

"Sería utópico querer vacunar a todos, como sería igualmente utópico desear un mundo sin enfermedades. Deberíamos más bien esforzarnos por reforzar el organismo de otra manera, por ejemplo, disminuyendo el estrés en el trabajo", concluye la enfermera.

No sólo en el hospital

Pero la presión a favor de la vacunación no se limita únicamente al personal médico.

En un periodo de recesión económica como el actual, toda ausencia en el trabajo está mal vista. Por ello la campaña de prevención contra la gripe corre el riesgo de convertirse en un medio de presión suplementaria por parte de las empresas.

Cada trabajador debería tener el derecho a elegir si prefiere vacunarse contra la gripe o dejar que la naturaleza siga su curso. Pero la realidad es que quienes optan por lo segundo muchas veces se sienten culpables.

Saverio Lurati, secretario regional del SIB( Industria y Construcción) y UNIA (sector terciario) afirma que, en general, los trabajadores están en medida de hacer frente a las presiones a las que se ven sometidos.

Pero hay excepciones. "En los ámbitos donde trabajan sobre todo mujeres, especialmente en los sectores textil y de venta, el problema puede ser mayor", precisa.

Según el doctor Werner Wunderli, "obligar a la gente a vacunarse es contraproducente. Hay que informar a la población, para que cada persona pueda disponer de los elementos necesarios para tomar una decisión de acuerdo con su propia ética".

"Pero es inadmisible que se ejerza presión sobre una persona para que se vacune", concluye el médico.

Doris Lucini


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