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Miembros de de la FARC se paran en línea antes de entrar a la zona del Pueblo Nuevo, en Colombia. 31 de marzo 2017. Los ex combatientes del grupo guerrillero de las FARC en Colombia están entregando miles de armas y otros materiales bélicos a observadores de Naciones Unidas en campamentos especiales, mientras continúan un proceso de desarme.REUTERS/Federico Rios

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(Para ver el documento con las fotos, hacer clic en: http://reut.rs/2mU92To)

MONTAÑAS DEL CAUCA, Colombia (Reuters) - Los ex combatientes del grupo guerrillero de las FARC en Colombia están entregando miles de armas y otros materiales bélicos a observadores de Naciones Unidas en campamentos especiales, mientras continúan un proceso de desarme.

    Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaron un acuerdo de paz con el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos a finales del año pasado para poner fin a su parte en el conflicto armado más largo de América Latina, que ha dejado más de 220.000 muertos y millones de desplazados.

Alrededor de 8.000 armas están siendo entregadas a Naciones Unidas (ONU) para ser almacenadas en contenedores seguros hasta que puedan fundirse y convertirse en tres monumentos.

Los rebeldes culminarían el proceso de dejación de todas las armas a finales de mayo.

Miembros de la unidad rebelde de Jacobo Arenas, que operaba en el montañoso departamento del Cauca, en el suroeste de Colombia, hacen parte de los 6.900 ex combatientes de las FARC que salieron de campamentos clandestinos en selvas y montañas en donde vivieron por décadas, cruzando el país a pie, en lanchas y en vehículos para llegar a 26 zonas vigiladas por la ONU.

    Las zonas serán sus hogares temporales en el futuro mientras completan los procesos judiciales que determinarán si cumplirán condenas especiales por crímenes de guerra o recibirán amnistía.

Los ex combatientes también se reunirán con sus familias a las que no ven desde hace mucho tiempo y participarán en un proceso para reparar a las víctimas del conflicto.

Bajo los términos del acuerdo de paz, las FARC, que comenzaron como un ejército campesino hace 52 años, formarán un partido político en la nación sudamericana de 49 millones de habitantes exportadora de petróleo, café, flores y banano.

Los líderes de las FARC han denunciado las malas condiciones en algunos de los campamentos, incluyendo la falta de inodoros, y han reclamado el incumplimiento de beneficios acordados como la instalación de gimnasios.

Algunos miembros de las FARC han dicho a los medios locales que no entregarán sus armas hasta que los campamentos sean más habitables para los ex combatientes, pese a que están acostumbrados a vivir en condiciones difíciles en las zonas rurales más pobres.

El Gobierno dice que están trabajando lo más rápido posible para terminar cada campamento, que las FARC son en parte responsables de la construcción y que las instalaciones son muy superiores a la lona y bambú que tradicionalmente usaron los rebeldes en sus improvisados albergues en montañas y selvas.

    El acuerdo ha sido fuertemente criticado por no mandar rápidamente a los rebeldes a la cárcel por crímenes cometidos durante el conflicto. Una primera versión fue rechazada en un plebiscito el año pasado, antes de ser modificado, firmado de nuevo y aprobado por el Congreso.

    Las autoridades militares revelaron que unos 300 rebeldes se han negado a desmovilizarse, pero puede que no sea un conteo completo debido a que podría excluir a los llamados "milicianos" que encubiertos entre la población civil ayudaron a las FARC en ciudades y pueblos.

(Redacción de Bogotá; Editado en español por Silene Ramírez)

Reuters