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El CICR listo para cualquier eventualidad en Afganistán

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Un camión del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) pasó la frontera afgana y llevó el sábado material médico hasta Kabul. Para la organización humanitaria es una buena noticia. La otra sería que su personal expatriado pudiera regresar a Afganistán. Mientras tanto, los delegados se preparan para enfrentar cualquier eventualidad.

Este contenido fue publicado el 01 octubre 2001 - 17:05

"Hemos aceptado muy mal nuestra retirada forzada de Afganistán; ha sido un verdadero golpe duro. Desde 1987, nunca habíamos abandonado el suelo afgano", declaró Jean-Michel Monod, delegado del CICR para Asia y América Latina, ante representantes de la prensa en Ginebra.

Durante todos estos años han pasado cosas muy graves. Basta observar la imagen de desolación que ofrece Kabul. Pero cualquiera fueran los acontecimientos, el poder talibán había garantizado siempre la seguridad del CICR. Hasta el pasado 16 de septiembre, cuando pidió a todos los delegados que abandonaran el país.

Quedaron un millar de empleados nacionales de la organización. Felizmente, explica Jean-Michel Monod, porque "gracias a ellos puede continuar la mayoría de las actividades de asistencia médica y de asistencia a los amputados, aunque a velocidad reducida, dada la imposibilidad de reabastecerse".

Permanece la inquietud

El CICR teme, evidentemente, por la seguridad de sus colaboradores afganos. Los contactos que pude establecer con algunos de ellos no son buenos; se limitan al mínimo estricto y varían de un lugar a otro del país.

Por el momento, las noticias parecerían ser tranquilizadoras. En la medida en que un primer camión, a modo de prueba, ha podido llegar a Kabul con medicamentos; otros podrían seguir el mismo camino. En la medida también de que, según el CICR, no se produzcan eventos militares graves.

"Sin embargo, la angustia es siempre grande cuando se imagina uno lo que podría suceder", señala Jean-Michel Monod. En ese sentido, la organización humanitaria debe barajar diversas hipótesis y prepararse para todas las eventualidades.

Prioridad, el regreso a Afganistán

"Mientras que nuestros colegas de la ONU se preparan para recibir en Pakistán y en Irán un flujo de refugiados afganos, nuestro deber, como CICR, es concentrarnos en las actividades humanitarias en Afganistán. Debemos estar dispuestos a atacar todos los problemas bajo todos los ángulos posibles", aclara el delegado general del CICR.

Eso es lo que esperan las decenas de expatriados de "la delegación del CICR en el exilio", repartida por los países vecinos de Afganistán. "A la menor señal, regresamos", señala Jean-Michel Monod.

Hambre, cárcel y minas

La urgencia es enorme en el terreno nutricional. Desde hace cuatro años, una parte de Afganistán está gravemente golpeada por la sequía. En la provincia de Ghor, por ejemplo, en el centro oeste del país, el CICR debe abastecer a medio millón de personas antes del invierno. Sólo pudo hacerlo con la mitad de ellos, mientras se está sin noticias de otras 250.000 personas, errantes por todos los caminos.

Nadie puede asegurar además que los prisioneros van a ser bien tratados. Hasta su retirada, el CICR visitaba a 5.000 detenidos de uno y otro campo, del poder talibán o de la Alianza del Norte. Aunque los colaboradores afganos del CICR tengan la capacidad de cumplir esa difícil tarea, no se les puede pedir que corran riesgos, como exponer a sus familias a todo tipo de represalias o presiones.

Tampoco hay que olvidar que Afganistán es uno de los países más minados del mundo. El CICR ha instalado allí numerosos talleres ortopédicos que fabrican una enorme cantidad de prótesis. El nuevo éxodo de centenares de miles de afganos los hará pasar por caminos sembrados de minas antipersona. Y nadie sabrá nunca la cantidad de seres que dejarán allí sus vidas o parte de sus cuerpos.

Bernard Weissbrodt, Ginebra

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