Emotivo adiós al histórico estadio Wankdorf

Los hinchas más jóvenes guardan un pedazo de césped con historia Keystone

22.500 aficionados acudieron el sábado a fijar en sus retinas la apariencia de un sitio familiar y a llevarse un pequeño "souvenir" de esa vieja estructura que renacerá en el 2004 con rasgos de modernidad. Una pantalla gigante proyectó retazos históricos de 47 años de servicio al fútbol, el equipo local, Young Boys empató con Lugano en su retorno a la Liga A y un juego de pirotecnia puso fin a una noche especial para Berna y Suiza.

Este contenido fue publicado el 09 julio 2001 - 09:42

Eran las 23 horas cuando concluía la fiesta y numerosos aficionados se daban a la tarea de quedarse con un retazo de madera, un cartel, un anuncio publicitario, el número de un asiento o un pedazo de césped que mantenga vivo el recuerdo de un templo del fútbol helvético: el estadio Wankdorf, situado entre las calles Sempach y Papiermühlestrasse de Berna.

El 1-1 logrado por el dueño de casa, Young Boys, ante el Lugano, en su retorno a la primera división, pasó a un segundo plano del comentario porque el encuentro era sólo un pretexto para no quedar al margen de una ceremonia emotiva.

Los abuelos o los padres transmitían a los hijos o a los nietos las incidencias de tardes épicas como la sorprendente victoria de la selección alemana ante la favorita Hungría, por 3-2, en el Mundial de 1954.

Aquel 4 de julio de 1954 y el estadio Wankdorf de Berna marcan para los alemanes una fecha especial, porque el remate rasante Helmuth Rahn, al filo del cotejo, dejando sin chance al guardameta húngaro Toreck, no sólo abría el renacimiento del balompié germano en la post guerra, sino que ocurría en el momento de la reconstrucción de un país.

Helmuth Rahn, Max Morlock, Just Fontaine y Ferenc Puskas son algunos de los muchos nombres asociados con aquella Copa del Mundo jugada en Suiza.

Más tarde se sucedieron hechos deportivos trascendentes como los cuatro títulos suizos del club dueño de casa, Young Boys, entre 1956 y 1960; el triunfo de la selección suiza ante la sueca, 3-2, en 1961; la final de la Recopa europea entre el Barcelona de España y el Sampdoria de Italia, en 1989, a favor del primero por 2-1, o los memorables partidos que en 1994 permitieron a la selección suiza llegar, por merecimientos propios, después de 28 años, a un torneo mundial, el de Estados Unidos.

El repaso es largo y queda en las páginas de 47 años de historia del Estadio Wankdorf de Berna.

Suiza es un pequeño país que, a pesar de tener varios legionarios militando en clubes importantes de Europa, no tiene un fútbol completamente profesional ni escenarios deportivos compatibles con las dimensiones actuales de este deporte-espectáculo.

Tal constatación ha impulsado a los clubes más importantes del país a renovar sus estadios. El otrora estadio St.Jacob de Basilea, se ha convertido en un complejo denominado St.Jacob Park, cuyas instalaciones conjugan lo deportivo con el aspecto comercial.

La ciudad de Ginebra hará lo propio hasta el año 2003, y Berna, como anotamos, invertirá la suma de unos 350 millones de francos en un moderno complejo deportivo que será estrenado en 2004. La modernidad llega y es reconfortante, aun cuando conlleve marcados matices de riesgo.

Cada partido en el nuevo estadio St. Jacob le cuesta al FC Basilea unos 400.000 francos, equivalentes a un aforo mínimo de 20.000 espectadores, pero el fútbol en Suiza no atrae a multitudes ni se permite contrataciones millonarias y obliga a los directivos a buscar otras fuentes de financiamiento en la concepción de los nuevos complejos deportivos, es decir restaurantes, salas de recreación, comercios etc.

A pesar, o precisamente a raíz de esta situación, los clubes parecen decididos a dar un nuevo impulso al futuro del fenómeno social llamado fútbol. En este contexto se inscribe el final de un templo deportivo con historia que el próximo 3 de agosto cederá a la fuerza de una carga explosiva para renacer con rasgos modernos en el año 2004.

Juan Espinoza

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