500 años de la Reforma
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Un reportaje de

V Centenario de la Reforma

Suiza, la otra cuna del protestantismo

El mundo protestante celebra este año 2017 el V Centenario de la Reforma. En efecto, fue el 31 de octubre de 1517 cuando el fraile alemán Martín Lutero fijó en la puerta de la iglesia de Wittemberg, Sajonia, sus famosas 95 tesis, en las que denunciaba ciertas prácticas de la Iglesia católica, como la venta de indulgencias.

Esta acusación supuso el inicio de la Reforma protestante en Alemania, un movimiento que iba a expandirse rápidamente por una buena parte de Europa y, posteriormente, por América del Norte.

Pero si Alemania es el país donde nació la Reforma, Suiza está también estrechamente unida a esta conmemoración. Solo unos años después de la ruptura luterana, los reformadores de Zúrich y Ginebra dieron un nuevo impulso al movimiento, y el protestantismo, tal y como lo conocemos hoy día, se vio fuertemente influenciado por lo que sucedió en la Confederación en el siglo XVI.

Historia de la Reforma y del protestantismo en Suiza

Suiza en el corazón de la Reforma ​​​​​​​

La Reforma protestante comenzó en Wittemberg, Alemania, el 31 de octubre de 1517, al menos según reza la tradición. El movimiento se extendió rápidamente por Europa. Suiza se convirtió en uno de sus centros más importantes

En Wittemberg, la ciudad donde todo comenzó, la estatua de Lutero domina sobre la plaza del mercado.

Cuando el fraile alemán Martín Lutero publicó, en 1517, sus 95 tesis contra el tráfico de indulgencias, hacía ya tiempo que toda Europa anhelaba una profunda renovación. Eran muchas las voces que se alzaban reclamando una reforma de la Iglesia católica. El Renacimiento y la invención de la imprenta moderna, con sus caracteres móviles, contribuyeron a la circulación de nuevas ideas. Además, los descubrimientos geográficos estaban cambiando la percepción del mundo.

Terreno fértil

Tanto en el campo como en las ciudades, agricultores y nuevas clases emergentes aspiraban a una mayor autonomía en la gestión de los asuntos públicos. En Suiza, al igual que en el resto del continente, la Reforma daba respuesta a esas necesidades. En Zúrich y Ginebra, los dos principales polos de la Reforma suiza, las nuevas doctrinas religiosas vinieron a reforzar a las autoridades municipales en su intento de emancipación frente al poder de sus respectivos obispos.

El Génesis en la primera Biblia traducida e impresa en Zúrich. (zvg)

La figura central de la Reforma en Zúrich fue el párroco Ulrich Zwingli, originario del cantón de San Gallen, que llegó en 1519 a las orillas del Limmat. En pocos años la iglesia de la ciudad se reformó completamente y en 1525 la misa católica quedó oficialmente abolida en Zúrich. Asimismo, Zwingli, antes que Lutero, tradujo también la Biblia al alemán.

Ruptura con Lutero

Las relaciones con el reformador alemán no fueron fáciles, ni siquiera en el plano personal. Zwingli tenía una vinculación mucho más profunda con el humanismo y su trabajo de reforma fue más radical que el de Lutero. En 1529 fracasó en Marburgo (Hesse, Alemania) un intento de conciliación debido a la falta de acuerdo sobre la interpretación del sacramento de la eucaristía.

La disputa entre Lutero y Zwingli sobre la cuestión de los sacramentos, según una representación del pintor alemán Gustav König (1847).

La ruptura con Lutero tuvo importantes consecuencias para la Reforma en Suiza. Tras perder la referencia alemana, la iglesia fundada por Zwingli intensificó sus contactos con Ginebra, donde la actividad reformista estaba siendo impulsada sobre todo por Calvino. En 1566 ambas Iglesias llegarían a un acuerdo doctrinal (la Confesión helvética posterior) que sancionaba de manera definitiva el papel de Suiza como segundo gran eje de la Reforma, un eje alternativo al luterano.

Roma protestante

El abogado francés Juan Calvino llegó a Ginebra en 1536. El año anterior había publicado en Basilea uno de los textos teológicos más influyentes de la Reforma, el ‘Institutio Christianae Religionis’. En pocos años su rigurosa y severa transformación de la Iglesia colocaría a Ginebra en el candelero de la Reforma a escala mundial. Por esta razón a veces  se denomina a la ciudad la ‘Roma protestante’.

En la segunda mitad del siglo XVI acudieron a Ginebra miles de refugiados religiosos procedentes de Francia, Italia y otros países. El calvinismo se extendió enseguida más allá de los límites de la ciudad. La Reforma de corte calvinista se convirtió en mayoritaria en los Países Bajos y Escocia, y en la región alemana del Palatinado fue adoptada como religión de Estado.

En Ginebra todos los años, con motivo de las Fiestas de la Escalada, la población conmemora la victoria frente a las tropas católicas del duque de Saboya.

En Italia, los habitantes de Vaud, descendientes de un movimiento herético medieval, se unieron al protestantismo calvinista en 1536. Posteriormente serán también calvinistas los hugonotes franceses que a lo largo de las últimas décadas del XVII se vieron obligados a salir de Francia y que desarrollarían sus actividades empresariales y comerciales en distintos países europeos, principalmente en Suiza, Inglaterra y Prusia.

El calvinismo tuvo también un papel preponderante en la revolución inglesa del siglo XVII. Y algunos años después, a bordo de las naves de los colonos británicos, las ideas religiosas desarrolladas en Ginebra alcanzarían el Nuevo Mundo, donde contribuirán de manera determinante a la construcción de la identidad norteamericana.

Conflictos y mediaciones

Pero volvamos a Suiza. Zúrich y Ginebra no fueron las únicas ciudades que se unieron a la Reforma. Las ideas protestantes se extendieron por numerosos territorios de la Confederación y sus aliados. Sin embargo, no toda Suiza se adhirió a la nueva doctrina. Muchos territorios siguieron siendo católicos. Incluso en algunos cantones se dieron ambas confesiones, como los Grisones por ejemplo. De este modo, enseguida comenzaron a surgir conflictos religiosos.

Este casco y esta espada podrían haber sido llevados por Zwingli en la batalla de Kappel, donde perdió la vida.

Las denominadas guerras de Kappel, entre la coalición de cantones protestantes dirigidos por Zúrich y los cantones católicos de la Suiza central, fueron las primeras guerras de religión europeas. En este caso, las armas resultaron favorables a los católicos y Zwingli murió durante la Segunda Guerra de Kappel, en 1531. Este desenlace fijó las fronteras religiosas en los territorios que ya formaban parte de la Confederación y a partir de entonces el protestantismo solo se extendería por las armas a los territorios saboyanos conquistados por el cantón de Berna (país de Vaud).

La tensión y las mutuas incomprensiones siguieron vivas durante siglos. No obstante, existen también ejemplos de resolución de conflictos de manera relativamente pacífica: Appenzell Rodas Interiores, católica, y Appenzell Rodas Exteriores, protestante, se separaron amistosamente en 1597, sin derramamiento de sangre.

Reforma e identidad suiza

A pesar de los conflictos, la ampliación de la Reforma protestante acabó reforzando los lazos entre los diferentes territorios que hoy componen Suiza. La ruptura con Lutero alejó a la Suiza de expresión alemana de la propia Alemania, y la adhesión a la Reforma de importantes territorios de la Suiza francófona aumentó la distancia frente a Francia. Los estrechos lazos entre las Iglesias protestantes de ambas regiones favorecieron la integración de la Suiza francófona en la Confederación.

Por otra parte, los intereses comunes de los confederados terminaron frecuentemente imponiéndose sobre los conflictos religiosos. Más aún teniendo en cuenta que las fronteras confesionales no se corresponden exactamente con las fronteras lingüísticas y políticas. Por ejemplo, durante la guerra civil del Sonderbund de 1847, la división entre liberales y conservadores no se extendió más que parcialmente a lo largo de la línea de división religiosa  y no se correspondió en absoluto con las fronteras lingüísticas.

La Colegiata de San Vicente de Berna es un lugar de culto protestante desde 1528. Actualmente el cantón de Berna es el último en el que los protestantes representan la mayoría absoluta de la población.

La ética protestante contribuyó de manera significativa a dar forma a la identidad de Suiza. Sin embargo, durante el siglo XX, debido a la secularización y a la inmigración procedente de los países del sur de Europa, el protestantismo perdió su primacía demográfica en la mayoría de los cantones suizos tradicionalmente reformados. Hoy en día los protestantes tienen la mayoría absoluta solamente en el cantón de Berna, aunque mantienen la más importante proporción numérica en los cantones de Appenzell Rodas Exteriores y Turgovia.

Ginebra celebra el protestantismo en piedra

Desde el siglo XVI Ginebra ha brillado de manera especial en el mundo protestante, especialmente por la presencia del gran reformador Juan Calvino, por la acogida de miles de hugonotes perseguidos y por el esplendor intelectual y espiritual de su Academia. A principios del siglo XX la ‘Roma protestante’ conmemoró esta historia con una escultura monumental.

La construcción del Monumento Internacional de la Reforma –conocido también como Muro de los Reformadores- se inició en 1908 y no se terminó hasta 1917 por dificultades debidas a la Primera Guerra Mundial. Esta obra, que fue financiada por fondos privados y públicos recaudados en Suiza y los grandes países protestantes, conmemora los grandes momentos de la historia de la Reforma.

Hoy día, este monumento sigue siendo, junto al famoso chorro de agua, el símbolo más conocido de Ginebra.

Museo Internacional de la Reforma

Museo Internacional de la Reforma

Además del Muro de los Reformadores, Ginebra alberga también un museo consagrado a la historia del protestantismo. El Museo Internacional de la Reforma (MIR) rememora esa historia mediante objetos, libros, manuscritos, cuadros y grabados.

El MIR ha sido galardonado con el Premio del Museo 2007 que concede el Consejo de Europa. Desde 1977 esta distinción recompensa cada año a las instituciones que aportan una contribución importante al conocimiento del patrimonio cultural europeo.

Variado paisaje religioso suizo

“La fe es una visión de las cosas que no se ven”

Juan Calvino, teólogo protestante

En la primera mitad del siglo XVI, la Reforma marca una ruptura en el paisaje religioso suizo al echar por tierra el monopolio católico que prácticamente había prevalecido durante toda la Edad Media. Desde entonces, la Confederación Helvética se divide en regiones católicas y regiones protestantes, siendo raras las regiones mixtas.

Durante siglos esta situación no se va a modificar. En virtud del principio “cuius regio, ejus regio” los cantones no cambiarán de religión. Además, los movimientos populares siguen siendo débiles en una sociedad que aún es mayoritariamente rural.

Pero la situación comienza a evolucionar desde mediados del siglo XIX. La instauración del Estado Federal (1848) permite a los ciudadanos establecerse libremente en cualquier lugar del país. Además, el auge de la industria atrae mano de obra proveniente de cantones rurales –a menudo católicos- hacia cantones urbanos más industrializados –generalmente protestantes.

Durante la segunda mitad del siglo XX este cambio se acelera. El movimiento de secularización de la sociedad, perceptible en cualquier lugar de Occidente, así como la inmigración en masa, procedente sobre todo de la Europa del sur católica, modifican el paisaje religioso.

Hoy Suiza ya no es un país de mayoría protestante. Actualmente, los católicos son los más numerosos, las religiones de fuera de Europa son cada vez más visibles y el porcentaje de personas que se declaran sin religión –fenómeno anteriormente casi inconcebible- no ha sido nunca tan alto. En resumen, en materia de religión la época se caracteriza sobre todo por su diversidad.

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Todas las religiones conviven en Suiza

Del catolicismo más estricto al evangelismo más entusiasta, pasando por el islam, el hinduismo y multitud de sectas, las prácticas religiosas son muy diversas y la convivencia casi siempre pacífica.

El protestantismo como fuente de riqueza

La Reforma, ¿motor del desarrollo económico?

Los contemporáneos ya lo habían señalado: desde el siglo XVII las regiones protestantes de Europa son, desde el punto de vista económico, más dinámicas que las regiones de mayoría católica. La crisis económica de 2008 hizo resurgir la idea de una diferencia económica fundamental entre el norte protestante y el sur católico del continente. Mucha gente se acordó del sociólogo alemán Max Weber y de su célebre ensayo consagrado a la ética protestante y al espíritu del capitalismo, publicado a principios del siglo XX. Pero la cuestión no es tan sencilla.

“En la plaza principal, bellas y confortables viviendas sorprenden nuestra mirada y alrededor, en las calles vecinas, se ven casas esmirriadas en las que reina la pobreza e incluso la miseria”, escribía en 1862 el notario y alpinista ginebrino Jean-Louis Binet-Hentsch en una de las primeras guías turísticas consagradas al Val Poschiavo, en el cantón de los Grisones. Y continuaba: “Nunca el contraste tan frecuentemente comentado y descrito entre las poblaciones protestante y católica en regiones mixtas es más sensible que aquí”.

Distancia económica

La observación realizada por el viajero ginebrino a propósito del remoto valle alpino, dividido desde mediados del siglo XVI entre una mayoría católica y una minoría protestante, correspondía a lo que algunos cronistas e investigadores habían señalado desde el siglo XVII en otras regiones de Europa. La Reforma protestante parecía haber favorecido, o al menos acompañado, el desarrollo económico de las regiones en las que se había implantado.

La fuga de población protestante de una región a otra, como los hugonotes franceses a Suiza, Países Bajos y Prusia, los reformados de Lugano hacia Zúrich o los menonitas hacia América del Norte, supuso también un traspaso de competencias comerciales y productivas a los países de acogida, favoreciendo así su crecimiento económico.

Esta parte del Muro de la Reforma de Ginebra muestra la acogida a los refugiados hugonotes en Prusia.

Volviendo al caso suizo, una prueba clara de la diferencia de dinamismo económico entre regiones protestantes y católicas la proporciona el cantón de Appenzell, que se dividió en 1597 en una parte católica (Appenzell Rodas Interiores) y otra reformada (Appenzell Rodas Exteriores). Mientras que entre 1530 y 1730 la población de la parte católica aumentó solo en un 30% -según ha recordado recientemente el historiador y ex diputado Jo Lang en el diario ‘Tages Anzeiger’- la parte protestante multiplicó su población por seis, convirtiéndose, gracias al desarrollo de la industria textil, en una de las regiones más densamente pobladas de Europa.

Las tesis de Max Weber

El debate sobre la aparente ventaja competitiva de las regiones protestantes era conocido por el sociólogo Max Weber cuando este se dispuso a escribir su famoso ensayo ‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo’, publicada entre 1904 y 1905. Su objetivo, como señalaba él mismo en las primeras páginas de su ensayo, era comprender por qué la economía capitalista moderna nació en Europa y no en otros continentes, que habían desarrollado unos conocimientos y tecnologías al menos tan avanzados como los de Europa.

El sociólogo alemán identificaba en ciertos conceptos elaborados por el protestantismo las bases éticas que habrían favorecido el desarrollo de la economía capitalista. Por un lado, el concepto de ‘profesión’ inventado por Martín Lutero y retomado por las otras corrientes del protestantismo, que veían en el trabajo una tarea asignada por Dios (en alemán, la palabra ‘Beruf’ significa tanto profesión como vocación). Por otro lado, la relación ‘ascética’ de Juan Calvino con la riqueza, considerada aceptable solo en la medida en que no se gastara en lujo y deleite del mundo, sino reinvirtiéndose en la empresa.

‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo’ es todavía hoy la obra más conocida del sociólogo alemán Max Weber (1864-1920).

La intención de Weber no era establecer relaciones inequívocas de causa y efecto entre la Reforma y el capitalismo, como a veces se ha sugerido al querer divulgar sus tesis, sino identificar analogías entre pensamiento religioso y ‘espíritu del capitalismo’. Él mismo admitía que la evolución histórica de un sistema económico era el resultado de una interacción compleja entre diferentes factores.

El capitalismo antes de la Reforma

Las tesis del sociólogo alemán han provocado -y provocan todavía- numerosas discusiones y críticas. Por ejemplo, se ha señalado que la economía capitalista comenzó a desarrollarse mucho antes de la llegada de la Reforma, especialmente entre las sociedades mercantiles italianas y flamencas. Las dos grandes familias de banqueros y comerciantes del siglo XVI, los Fugger y los Médici, eran de fe católica.

La demostración ostentosa de la riqueza no está, en teoría, bien vista por la ética protestante.


En un mapa de la Europa de hoy podemos observar además que algunas de las regiones más dinámicas y económicamente avanzadas son tradicionalmente católicas: Baviera y algunas regiones de Baden-Wurtemberg, Lombardía, Irlanda, o teniendo en cuenta solo Suiza, los cantones de Zug y Schwyz.

Otros autores, si bien reconocen una cierta ventaja competitiva a las regiones protestantes, lo achacan a un mejor grado de formación en lugar de vincularlo a la ética protestante. La idea del sacerdocio universal y, por lo tanto, de la necesidad de que todos los fieles (incluidas las mujeres) conocieran y leyeran la Biblia, habría conducido a una alfabetización rápida de las regiones que se habían adherido a la Reforma. Y esto habría favorecido una mejor circulación del conocimiento.

Entre los críticos más destacados de las tesis de Weber se halla el historiador suizo Herbert Lüthy (1918-2002), autor de un gran estudio sobre la banca protestante en Francia entre 1685 y 1794. Si bien reconoce la importancia de las tesis de Weber, se muestra escéptico en cuanto a las generalizaciones del sociólogo, que no siempre estaban respaldadas por las fuentes. Advertía también que las premisas de la economía capitalista se habían establecido ya entre el final de la Edad Media y el Renacimiento.

El freno de la Contrarreforma

Selon Herbert Lüthy, c'est la Contre-Réforme, combinée à l'absolutisme naissant des cours princières, qui a étouffé le développement économique dans les régions catholiques, tandis que l'hétérogénéité du monde protestant aurait permis la survie des dynamiques nées à la fin du Moyen Âge. En ce sens, la Réforme n'était pas le moteur du développement économique, mais plutôt le moindre mal. 

El Palacio de Versalles, que encarna la idea misma del absolutismo, también presenció la revocación del Edicto de Nantes, por la cual se autorizaba el culto protestante en Francia.

Volviendo al caso suizo, si la industrialización afecta primero a las regiones protestantes, cantones tradicionalmente católicos como Zug y Solothurn experimentan también un rápido crecimiento industrial desde mediados del siglo XIX. El impulso y el capital proceden generalmente de empresarios protestantes, pero es la nueva clase dirigente católica, de corte liberal, la que permite que estas iniciativas arraiguen.

"La aversión del clero a la industria podría haber impedido la industrialización protestante si esta no hubiera sido respaldada por los católicos liberales", escribe Jo Lang acerca de la industrialización en el cantón de Zug.

Las transformaciones culturales y políticas que tuvieron lugar en el Siglo de las Luces y la Revolución Francesa abrieron espacios mucho más amplios que la Reforma para la modernización económica del mundo.

Estados Unidos, Eldorado de los evangélicos

Los ‘Hermanos suizos’

Aunque la aldea suiza de ‘Schlaate’ no pueda encontrarse hoy en ningún mapa, los hechos que tuvieron allí lugar durante un día de invierno de hace casi 500 años han tenido importantes consecuencias, tanto para Europa como para la religión en EE.UU.

No obstante, sigue utilizándose el nombre de Schlaate para designar en dialecto local el pueblo de Schleitheim, situado en el cantón de Schaffhousen. Sus viejas casas con entramados de madera invitan a pensar que fue en alguna de ellas donde Michael Sattler se reunió con los miembros de los ‘Hermanos suizos’ el 24 de febrero de 1527 para redactar los artículos de la Confesión de Schleitheim.

Pero las más antiguas de estas viviendas, bien conservadas y bordeadas por hermosos jardines, fueron construidas dos o tres siglos más tarde. Todo lo que queda de aquella crucial reunión del siglo XVI es un viejo ejemplar impreso de la Confesión, fechado alrededor de 1550 y que puede contemplarse en el museo de la localidad.

Los “Hermanos” formaban parte del movimiento anabaptista que había nacido solo dos años antes, cuando un grupo de jóvenes radicales seguidores de la Reforma rompieron con Ulrich Zwingli, acusándole de llegar a acuerdos con las autoridades y exigiéndole que pusiera fin a la santa misa y al bautismo infantil.

La ruptura fue decisiva. El gobierno local, apoyado por Zwingli, tomó medidas para hacer callar a estos ‘anabaptistas’ y poner fin a sus prácticas, llegando incluso a ejecutar a uno de sus dirigentes por negarse a desistir.

Pero en lugar de sofocar el movimiento, la represión tuvo un efecto contrario y probablemente atizó el celo de los adeptos. Según el Diccionario Histórico de Suiza, los siete artículos de la Confesión de Schleitheim alejaron a los anabaptistas suizos “de otras corrientes religiosas y se constituyeron como la primera Iglesia separada del Estado”. Entre los principios a los que se hace referencia en el documento figuran el rechazo del bautismo infantil, la prohibición de jurar y la negativa a portar armas.

Construcción de una granja por una comunidad Amish en EE.UU. (DiscoverLancaster.com / Terry Ross)

Se sucedieron siglos de persecuciones y de exilios en Suiza y buena parte de Europa. Pero incluso después de haberse dividido el movimiento en distintos grupos, su influencia se dejó sentir en todo el continente. Se extendió a los Países Bajos, y llegó hasta más allá del Vístula (hoy Polonia), dando origen a los huteritas de Moravia (en la actualidad, República Checa). Los anabaptistas habrían servido de ejemplo a los Quackers en Inglaterra en el siglo XVII.

Individualismo norteamericano... y religioso

Hasta mediados del siglo XVIII los cuáqueros dirigieron Pensilvania, lo que explica que en este territorio no exista ni milicia ni iglesia apoyada por el Estado, según indica el historiador anabaptista Steven Nolt, que además precisa que los menonitas apoyaron y contribuyeron a mantener en el poder al gobierno cuáquero.

A diferencia de lo que ocurría entonces en Europa, los habitantes de Pensilvania podían convertirse en ciudadanos de ese estado sin necesidad de prestar juramento. Tampoco tenían obligación de tomar las armas puesto que el estado no disponía de milicia.

Según Donald Kraybill, otro historiador anabaptista, el legado más importante dejado por los anabaptistas en América fue la idea del bautismo de adultos, es decir, el hecho de que unirse a una iglesia es un acto independiente y voluntario.

“Esto refleja el individualismo norteamericano y el énfasis puesto en los derechos individuales de la persona y que la filiación y participación religiosa, e incluso cívica, es una decisión personal. Esta es una idea muy importante”, afirma Kraybill, del Elizabethtown College de Pensilvania.

Sin embargo, ninguno de los dos historiadores pretende exagerar la influencia de los grupos anabaptistas que se instalaron en EE.UU. Como señala Nolt, fueron una parte de la mezcla de comunidades de inmigrantes que contribuyeron a conformar Pensilvania.

En los medios anabaptistas norteamericanos el aprendizaje del alemán estándar o dialectal se hace sobre todo a través de la lectura de la Biblia. (Keystone)


Unas 80 000 personas hablaban alemán a principios del siglo XVIII en Pensilvania, lo que representaba casi una tercera parte de la población total. La mayor parte de ellos eran luteranos o miembros de la Iglesia Reformada. Menos del 5% eran menonitas o amish.

Algunos de los derechos reconocidos en Pensilvania durante la época cuáquera quedaron abolidos durante la Revolución de 1776 (por ejemplo, cualquiera que se negara a prestar juramento de lealtad perdía su derecho al voto), pero fueron restablecidos a partir de 1790.

El Antiguo Orden

A lo largo del siglo XIX, los anabaptistas, a los que se unieron menonitas de origen neerlandés y ruso, continuaron estableciéndose en Pensilvania y otros estados. Y como al resto de comunidades religiosas, se les permitió seguir sus creencias y practicar su estilo de vida.

El progreso de la tecnología y la implantación de la educación pública abrieron una brecha con el resto de la sociedad, dejándonos la popular imagen de menonitas y amish con sombreros de paja y montados en calesas tiradas por caballos.

“Algunos amish y menonitas han exigido un mayor reconocimiento de la experiencia religiosa individual y han reivindicado una espiritualidad menos limitada por los usos y costumbres populares”, explica Steven Nolt.

“Otros se declaran seguidores del ‘antiguo orden’, de la manera tradicional de vivir, marcada por el escepticismo ante los bienes de consumo y una terca resistencia a adaptar la Iglesia a fórmulas burocráticas”.

Nolt afirma que el antiguo orden amish rechaza, por ejemplo, lo que califica de concepción programática de la iglesia, que, según ellos, se encarna en las escuelas dominicales, las sociedades misioneras y la educación superior.

Las diferencias en el estilo de vida se acentuaron a comienzos del siglo XX, con la generalización de la electricidad y la aparición del teléfono y el automóvil.

Sin embargo, las comunidades amish y menonita, así como otros movimientos cristianos, han hecho siempre bloque contra el Estado para defender sus profundas convicciones pacifistas.

Cola de voluntarios para alistarse al ejército de EE.UU. en 1917. (Keystone)

Durante la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos no ofrecía ninguna posibilidad de efectuar un servicio alternativo y los jóvenes de las comunidades amish y menonita fueron enviados a campamentos de entrenamiento militar, donde tenían que llevar uniformes militares incluso sin estar destinados a unidades de combate, señala Kraybill. Aquellos que se negaban eran castigados.

En 1935, diversas iglesias, entre las que figuraban menonitas, amish y cuáqueros, se reunieron para elaborar una propuesta de servicio alternativo para los objetores de conciencia. Finalmente pudieron convencer al gobierno federal para que implantara un servicio civil.

“La resistencia de los grupos anabaptistas al servicio militar en las dos guerras mundiales reavivó su identidad pacifista en la sociedad norteamericana del siglo XX”, concluye Kraybill.

El caballo y la calesa

Después de la Segunda Guerra Mundial, lo más destacable -y también lo más visible, debido a sus trajes y vestidos tradicionales- ha sido el crecimiento del Antiguo Orden amish en Estados Unidos y Canadá.

Su población prácticamente se ha triplicado en los últimos 25 años y ahora asciende a casi 300 000 miembros solo en EE.UU. Los grupos amish se han extendido por diferentes estados de todo el país, lejos de sus asentamientos originales en Pensilvania, Ohio e Indiana.

Una familia amish, de camino a la iglesia del pueblo. (tim@timcragg.com)

Kraybill señala que una familia tiene de media seis o más hijos y que el 85% de los jóvenes eligen permanecer en la comunidad. “Estos dos hechos propician un rápido crecimiento demográfico, aun cuando no practiquen ni el evangelismo ni el proselitismo”.

El experto considera que una parte del éxito de estos grupos reside en su capacidad para “negociar con la modernidad”, utilizando de manera selectiva algunas tecnologías agrícolas, informáticas y empresariales cuando conviene a sus necesidades.

Según Kraybill, esto permite prosperar a los grupos tradicionalistas, conservando al mismo tiempo su típica identidad de Antiguo Orden.

Kraybill considera que hay cerca de 12 000 industrias amish. Sus diferentes productos son famosos por su calidad y valor y por “llevar un nostálgico encanto de la América de los primeros días”.

Pero no es la nostalgia lo que une a amish y menonitas con el pasado. Son los preceptos consignados por los anabaptistas hace 500 años en un pueblo de Suiza.

Autores

Olivier Pauchard (concepto), Andrea Tognina (capítulos 1 y 3), Dale Bechtel (capítulo 4), Duc-Quang Nguyen (gráfico), José Manuel Wolf (traducción)

Fotografía

Keystone (salvo mención)

Producción

Luca Schüpbach, © 2017 swissinfo.ch