Max Havelaar en el foco de las críticas

El plátano es el producto estrella de Max Havelaar en Suiza. maxhavelaar.ch

En su libro 'Les coulisses du commerce equitable' (Las bambalinas del comercio justo), el economista francés Christian Jacquiau critica al campeón en comercio justo, Max Havelaar.

Este contenido fue publicado el 03 agosto 2006 - 14:24

La sección helvética no está exenta de las críticas, siendo Suiza líder en 'compras éticas'.

Paola Ghillani, antigua directora de Max Havelaar Suiza, no aprueba todo lo que se afirma en el libro, pero tampoco contradice algunos aspectos evocados. Según ella, los productos vendidos con el sello del comercio equitativo no lo son necesariamente, debido a los deficientes controles entre los pequeños productores.

De hecho, una tableta de chocolate, fabricada con cacao del comercio equitativo, contiene otros ingredientes, como azúcar, leche, almendras o avellanas que, a su vez, no han sido producidos necesariamente equitativamente. Conclusión: la etiqueta 'equitativa' de Max Havelaar no tendrá el mismo valor en Suiza y en Holanda.

En un libro de casi 500 páginas, el economista Christian Jacquiau nos presenta una investigación sobre las prácticas de Max Havelaar. No se trata de un simple panfleto. Prueba de ello es que su obra precedente, 'Les coulisses de la grande distribution' (Las bambalinas de la gran distribución), publicada en 2000, ya va por la octava edición.

Suizos, campeones del comercio justo

El comercio equitativo consiste en ofertar en los países occidentales artículos fabricados en el Tercer Mundo conforme a normas sociales estrictas. El consumidor acepta pagar más caro su café o zumo de frutas, con el fin de ayudar a los pequeños agricultores desfavorecidos del Sur.

El pequeño productor, por su parte, se compromete a enviar a sus hijos a la escuela, a seguir con su esposa conferencias sobre el sida.

Con 30 francos por año, los suizos son campeones en la compra de productos del comercio equitativo. Más de uno de cada dos plátanos vendidos en Suiza lleva la etiqueta Max Havelaar.

¿Qué es lo aterrante que dice Christian Jacquiau? El economista compara dos cifras proporcionadas por Max Havelaar. Este asegura haber distribuido 50 millones de euros entre los pequeños productores, y al mismo tiempo, el líder del comercio justo afirma que trabaja con un millón de productores.

"El sueño se desmorona. Cada uno sólo recibió 50 euros suplementarios por año, es decir, 4 euros por mes, lo que equivale a 6 francos suizos", señala el autor de 'Les coulisses du commerce équitable'.

54 inspectores para 1 millón de productores

Pero eso no es lo más grave. Según Christian Jacquiau, no es para nada seguro que los pequeños productores salgan beneficiados. "De hecho, sólo hay 54 inspectores en el mundo entero que trabajan en forma de 'free-lance' y a tiempo parcial en los ámbitos de la certificación y el control de un millón de pequeños productores. Este control no se hace en el terreno, sino en una oficina o habitación de hotel, e incluso por fax", puntualiza el economista. El beneficiario del comercio justo podría ser un terrateniente o incluso una multinacional.

"En todos los sistemas puede haber gente que se aprovecha. Pero puedo asegurarle que Max Havelaar hace no sólo controles, sino controles de los controles. Se nos ha atribuido la norma internacional ISO 65", responde Regula Weber, portavoz de Max Havelaar para Suiza.

Y Didier Deriaz, responsable de Comunicación de Max Havelaar en la Suiza de expresión francesa puntualiza que "son cada vez más los consumidores en el mundo occidental que están convencidos del comercio justo. En los países del Sur, hay cada vez más productores y obreros que se benefician de ello".

Ausencia de controladores independientes

El libro no deja al margen el caso de Suiza. Denuncia, en especial, el "concubinaje" del líder del café equitativo con los 140 establecimientos de McDonald's en la Confederación Helvética.

Paola Ghilliani, directora de Max Havelaar Suiza hasta 2005, reprocha al libro su tono general, que consiste en "meter a todo el mundo en el mismo saco". Aún así reconoce que Max Havelaar peca seriamente en el ámbito de los controles. Ella misma presidió durante cuatro años la Fairtrade Labelling Organisations (FLO), estructura que elabora los estándares internacionales del comercio justo, y se ocupa de la certificación y de los controles.

"Siempre he defendido la idea de que los controles no deben ser efectuados por la FLO, sino por organizaciones externas. Se necesitan inspectores profesionales, neutrales e independientes, como los de la SGS o Procet", señala.

¿Por qué estas críticas surgen ahora después de su partida de Max Havelaar Suiza? "Es una estructura que yo comenzaba a introducir en Suiza. Todo se ha detenido desde mi partida en 2005", responde.

swissinfo, Ian Hamel

'Les coulisses du commerce équitable. Mensonges et véritées sur un petit business qui monte', Christian Jacquiau, Editions Mille et une nuits, 461 páginas.

Datos clave

1988: Fundación de Max Havelaar en Holanda.

1992: Fundación de Max Havelaar Suiza por seis grandes ONG (incluidas Caritas y Pan para el Prójimo).

1999: Paola Ghillani, farmacéutica, toma las riendas de Max Havelaar Suiza (logra quintuplicar las ventas en seis años).

2005: Partida de Paola Ghillani, reemplazada por Martin Rhoner, de 39 años, antiguo asesor del director ejecutivo suizo del Banco Mundial.

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Contexto

Con una cifra de negocios de 1.700 millones de francos suizos a escala mundial, el comercio justo ya no es una actividad marginal. En 2005 Max Havelaar Suiza facturó 221 millones de francos, un 5% más que en el ejercicio precedente.

Los suizos, que gastan 30 francos anuales por persona, son, de lejos, los mayores consumidores de productos equitativos, muy por delante de los luxemburgueses, holandeses, ingleses, daneses y austriacos.

Con el 56% del comercio minorista, el plátano Max Havelaar es el producto estrella en Suiza, seguido de las flores, la miel, los zumos de frutas y el café.

Un kilo de plátanos de ese sector cuesta entre 2.60 y 4.50 francos. Una piña,(1,4 a 1,6 kilos) se vende entre 10 y 33% más cara que una piña del comercio convencional.

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