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Gente de Davos El dueño de la tienda ecológica

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No toda la población de Davos ve con buenos ojos el WEF. Uno de ellos es Martin Hänggi, propietario de una tienda de productos ecológicos. “El Foro aporta mucho dinero a un montón de gente. Pero, desde mi punto de vista, el WEF no es solo una bendición para Davos”. (Kristian Kapp, swissinfo.ch) 

Martin Hänggi es un idealista. A sus 48 años, este grisonés nacido en Davos, sigue practicando el patinaje de velocidad, enseña a patinar a los jóvenes jugadores de hockey sobre hielo, es gerente de un gimnasio y de una tienda de productos biológicos, que nada tiene que ver con el WEF.

“Mi tienda es un oasis. Me permite aportar mi granito de arena a la vida de Davos. Pero en términos económicos me da muy poco”, confiesa. Durante el WEF, la clientela escasea. “En esos días, tengo pocos clientes ocasionales y, desde luego, ninguno del WEF. La tienda no está en la calle principal, sino un poco apartada”.

Quizás por esta razón Hänggi jamás ha recibido una oferta para alquilar su negocio a una empresa que participa en el Foro. “Tampoco aceptaría. A mis clientes les resultaría extraño. Recibiría unos 10 000 o 20 000 francos, pero no me compensa”.

“Creo que podríamos vivir sin este evento. Si no tuviéramos el WEF, no nos quedaría más remedio que unirnos y pensar cómo gestionar el negocio durante los dos meses. Hoy, en cambio, muchos intentan hacer su agosto sobre todo durante el WEF y el resto del año les da igual”.