Piden cargas impositivas para 'alimentos chatarra'

En la medida del esfuerzo ... (Foto cortesía de AKD) En la medida del esfuerzo ... (Foto cortesía de AKD)

Un 20% de los niños en Suiza sufre de sobrepeso, un grave problema de salud pública que recibe el generoso aporte de la comida malsana.

Este contenido fue publicado el 21 junio 2003 - 11:58

Estrategias nutricionales, inermes ante la ofensiva publicitaria de la ‘junk food’. Saldo: chicos diabéticos, hipertónicos, marginalizados.

“Es urgente actuar contra la obesidad. Se trata de la enfermedad crónica que más afecta a los niños”, apremia el doctor Bruno Knöpfli, director médico de la Clínica Pediátrica Alpina de Davos (AKD, siglas en alemán), única institución de carácter privado en Suiza consagrada a la rehabilitación de los menores (ver Más sobre el tema).

El estado de salud de sus pacientes es más que elocuente: Todos los chicos con sobrepeso presentan niveles graves de enfermedades asociadas como la diabetes, deformación de los huesos e hipertonía, amén de problemas psicológicos y sociales, incluida la marginalización.

Caracterizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como epidemia, la adiposidad se ha duplicado en Suiza en los últimos 20 años.

“La sociedad va a reaccionar solamente cuando advierta que el costo de vida aumenta enormemente debido a la situación de la obesidad. Son miles de millones los que se gastan”, advierte el doctor Bruno Knöpfli.

David contra Goliat

Especialista en Pediatría, Neumología y Medicina Deportiva, el galeno alude a las estrategias instrumentadas por las autoridades sanitarias en un intento por devolver a las mesas helvéticas los alimentos dignos de ese nombre.

“Tenemos por ejemplo el Programa de Nutribalance, pero hay un desequilibrio entre sus actividades y el ‘lobby’ de las industrias de comida de mala calidad que es muy fuerte, tanto, que es difícil luchar en su contra”.

Para el galeno, la solución podría estar en la introducción de impuestos a la ‘alimentación chatarra’ de la misma manera en que se han aplicado cargas tributarias a los cigarros con el mismo afán de frenar su consumo.

Entre la duda y el asombro, una iniciativa semejante fue introducida en Estados Unidos. En Suiza, sin embargo, se contaría con la ventaja de la obligada declaración sobre los alimentos que emplean los restaurantes.

Un venenómetro

“El problema consistiría en definir el nivel de la malnutrición: a qué nivel la grasa es mala o no. Los ingredientes, a qué nivel son malos o no. Es el problema. Habría que añadir los niveles de grasa (de los alimentos) y determinar si son malos o no”, precisa el especialista.

Los diversos estudios que abordan el exceso ponderal, una de las pandemias más inquietantes del Siglo XXI, coinciden irremediablemente en hacer referencia a la situación en el coloso norteamericano. La tentación es de peso:

Más del 60% de la ciudadanía del país de las barras y las estrellas superó los límites pertinentes de la báscula; cada año, la sociedad estadounidense gasta 175 mil millones de francos en la atención de patologías vinculadas con la adiposidad y en el 2001 se registraron 300 mil problemas de salud atribuibles al exceso ponderal contra 400 mil derivados del tabaco.

Alarmados por el crecimiento de las estadísticas en materia de población con sobrepeso, expertos de diversos países de Europa advierten sobre el riesgo de una ‘americanización’ de sus sociedades.

Una peste, muchos matices

El doctor Bruno Knöpfli efectuó sus estudios complementarios en la Unión Americana, para él, el problema de base de la obesidad es el mismo del lado de los Alpes que al norte del Río Bravo: el sedentarismo y la nutrición deficiente.

La diferencia está en que los chicos americanos invierten más tiempo (unas cuatro horas por día) frente al televisor –con la consecuente exposición a la ofensiva publicitaria de alimentos inadecuados- y se mueven aún menos que los chiquillos helvéticos.

En Suiza la adiposidad no está vinculada con problemas de mortalidad pero en Estados Unidos, adicionada a las enfermedades asociadas, sí. La razón principal: la falta de oxígeno y las complicaciones sucesivas.

No sólo es ser rollizo

En materia de atención a los problemas de sobrepeso, la Clínica Pediátrica Alpina de Davos sigue su estrella: modificar la forma de vida de los chicos.

En efecto, el Dr. Knöpfli va a la raíz de la dolencia:

Alrededor de un 50% es imputable a la información genética (ajeno pues al control de tratados y tratantes) y el porcentaje restante responde a las condiciones de vida. “Y ese es el aspecto que nosotros podemos cambiar”.

Las consecuencias de los kilos en demasía justifican plenamente esa revolución: diabetes, deformación de los huesos, hipertonía, además de una serie de complicaciones de orden emotivo (ver Más sobre el tema).

Males que les eran ajenos

“Los padres advierten con frecuencia que existe un problema pero no son capaces de definir el momento en el que es necesaria una intervención médica. Reaccionan demasiado tarde”, lamenta el director de la AKD (ver En dos palabras).

La diabetes tipo II es una de las plagas que acompañan al exceso de peso. Normalmente ese padecimiento comienza ya tarde en la vida pero los jóvenes con problemas avanzados de obesidad se convierten en su blanco precoz.

Los chicos obesos también son las víctimas propiciatorias de la arterioesclerosis y de la apnea. El peso de sus muchos kilos les impide respirar a placer y sus malas noches se hacen evidentes en la desconcentración y la fatiga que los caracterizan.

Las enfermedades derivadas de la obesidad desaparecen cuando se anula su origen. Es decir, suprimida la adiposidad, se acaba también la diabetes. Sin embargo, si en la época de los excesos se llegó a un desgaste óseo o se afectaron venas o arterias, las consecuencias son irreversibles.

Exceso de televisión, abundancia de alimentos, amplitud en la oferta de los productos chatarra, sobrepeso, proliferación de enfermedades, incremento de chicos con problemas ponderales ... ¡Todo al alza! ¿Por qué no también el aumento propuesto por el Dr. Knöpfli en los pagos de la creciente ‘comida basura’?

swissinfo, Marcela Águila Rubín, Davos

Datos clave

El 28% de la población suiza tenía un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a la norma en 1977 contra 24,8% en 1992. (Oficina Federal de Estadísticas).

Una de cada cinco niñas de entre 6 y 12 años y uno de cada seis niños sufren de exceso ponderal. (Universidad de Zúrich).

Entre las iniciativas suizas antiobesidad, el programa “Ataque de las Legumbres” informa a los escolares del cantón de Vaud en materia nutricional.

El sedentarismo es responsable de 2000 decesos anuales en Suiza. (Universidad de Ginebra)

La Universidad de Ginebra abrirá en el 2004 el Instituto de Ciencias del Movimiento y de la medicina Deportiva.

En Suiza, 60% de los escolares de mayor edad y 40% de los más jóvenes comen fuera de casa (Estudio ‘Escuela y Alimentación’)

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Contexto

Dr. Bruno Knöpfli:

En las escuelas suizas hay una tendencia general a reducir las actividades activas (natación, fútbol) en beneficio de las inactivas (lenguas, computación).
El modelo de intervención en casos de obesidad establece los siguientes niveles:
1.- Prevención.
2.- Participación de un experto en salud para informar al paciente o a los padres sobre el problema.
3.- Tratamiento ambulatorio.
4,- Estancia hospitalaria de corta duración (entre cuatro y 12 semanas).
5.- Tratamiento hospitalario de largo plazo (seis meses a un año)
6.- Tratamiento médico u operaciones (no aconsejable para los niños).
Del 1º. al 5º. nivel se intenta modificar las condiciones de vida del paciente.
En el 6º ya no es posible.

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