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¿Deberían los antitranspirantes llevar etiquetas de advertencia?

“Sin aluminio” puede ser una buena estrategia de marketing, pero la ciencia no es clara sobre esta cuestión. 2010 Bloomberg

Las propuestas políticas para etiquetar o prohibir los productos que contienen sales de aluminio han despertado nuevamente el debate sobre si es seguro o no usar desodorantes antitranspirantes. ¿Por qué está alarmada la gente? ¿Qué dice la ciencia al respecto?

Este contenido fue publicado el 05 octubre 2017 - 11:00
swissinfo.ch

Lisa Mazzone, diputada del Partido Ecologista Suizo, pidió el pasado mes de mayo a la cámara que considere los riesgos que conlleva el uso de sales de aluminio en los antitranspirantes y analice las investigaciones, para que los productos incorporen etiquetas que advierten del peligro de las sales de aluminio o prohibir su uso.   

En su intervención ante el Parlamento, Mazzone dijo que para demostrar una relación de causa-efecto entre el uso de las sales de aluminio y el cáncer de mama sería necesaria una investigación epidemiológica a largo plazo que incluya una muestra grande de mujeres. Hacer esto podría llevar 20 años.

No obstante, instó a los políticos a actuar ahora.

Para Mazzone, “en caso de duda, el principio de precaución debe tener prioridad para poder garantizar la salud y la seguridad de la población”.

La llamada de atención de Mazzone tiene su origen en un estudio que el profesor honorífico de la Universidad de Ginebra y oncólogo en la Clínica Grangettes, André-Pascal Sappino, realizó en 2016. Esta investigación, publicada en el ‘International Journal of Cancer’, demostró en ratones que el tejido mamario expuesto al cloruro de aluminio, inyectado nuevamente en las cobayas, desarrolla tumores.

“Nuestros análisis aportan evidencia experimental de que las sales de aluminio podrían ser carcinógenos ambientales de la mama”, escribieron los autores.

Aunque para los críticos el estudio no demuestra una relación de causa-efecto entre el uso habitual de desodorante y el cáncer de mama en humanos, los resultados acapararon titulares internacionales. Y el miedo al peligro de utilizar antitranspirantes y otros productos que contienen aluminio fue noticia.


Aluminio en todas partes

Después del oxígeno y del silicio, el aluminio es el tercer elemento más abundante en la tierra. En cantidades bajas no es tóxico para los seres humanos. Sin embargo, exponerse a niveles muy altos, como ocurre con las personas que trabajan en entornos de polvo o humos de aluminio, causa problemas respiratorios y neurológicos.

Compuestos como el cloruro de aluminio, clorhidrato de aluminio compuesto y circonio de aluminio compuesto, ingredientes comunes en los desodorantes, forman una barrera física que “tapona” temporalmente los conductos sudoríparos, reduciendo la humedad y el crecimiento bacteriano.

La mayor parte de los argumentos que defienden el uso de las sales de aluminio apuntan a que hay poca evidencia de que la piel absorbe una cantidad importante de aluminio, y cualquier cantidad que se absorbe es sensiblemente menor a la que todos los días introducimos al cuerpo a través de alimentos, agua, suelo y aire. Según los centros para el control de las enfermedades de Estados Unidos, una persona adulta estadounidense ingiere de media al día entre 7 y 9 mg de aluminio solo a través de los alimentos.

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Miedo al cáncer  

Una de las preocupaciones más frecuentes –y que parece apoyada por la investigación de Sappino– es que las sales de aluminio se asimilan a través de la piel de la axila, y pueden provocar que el tumor crezca en el tejido mamario cercano.

Sappino cree que el aumento significativo de los índices de cáncer de mama en los últimos doce años (sobre todo en mujeres en torno a 30-40 años) puede atribuirse, al menos de manera parcial, al rasurado de las axilas –que puede irritar o dañar la piel– y la posterior aplicación de antitranspirantes.

Pero, según la Sociedad Americana del Cáncer, la relación inicial entre el desodorante y el cáncer de mama se remonta a un email anónimo, que circuló en los años 90 y afirmaba que los desodorantes causan cáncer de mama al filtrarse toxinas en los ganglios linfáticos próximos.

La Sociedad Americana del Cáncer rechaza estas afirmaciones. Y, a la hora de hacerlo, cita un estudio epidemiológico de 2002 que comparó a 813 mujeres con cáncer de mama con 793 mujeres sin la enfermedad. La investigación demostró que “no hay relación entre el riesgo de cáncer de mama y el uso de antitranspirantes, el uso de desodorantes o rasurado de las axilas”.

Aluminio y alzhéimer

Otra enfermedad grave que surge a menudo en los debates sobre los peligros de utilizar las sales de aluminio es el alzhéimer. Las alarmas se encendieron por primera vez en los años 60 y 70, después de que en el transcurso de algunas investigaciones se percibieran mayores cantidades de aluminio en el cerebro de pacientes con demencia.    

Pero la postura oficial de la asociación sobre el alzhéimer es que la investigación científica no apoya la idea de que las fuentes “cotidianas” de aluminio –incluye desodorantes, papel de aluminio y cazuelas y sartenes– aumenten el riesgo de padecer la enfermedad.

Vacunas

Las sales de aluminio se utilizan también a menudo, en cantidades pequeñas, en ciertas vacunas como coadyuvantes (elementos que se añaden para que aumente la eficacia de la vacuna y que provocan una respuesta más fuerte del sistema inmunológico del paciente). Aun así, parece que la reciente preocupación pública –sin respaldo científico– sobre el uso del mercurio (otro aditivo de las vacunas) como causa del autismo ha dejado en un segundo plano la preocupación por el uso del aluminio en las vacunas.

Sin embargo, los niveles de aluminio en las vacunas son muy bajos y tienen un férreo control. Y, según la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos, cuentan con el respaldo de 60 años de experiencia segura. De hecho, solo en casos contados están relacionadas con reacciones adversas.

Eliminación de toxinas

Otra preocupación común, que relaciona los antitranspirantes y las enfermedades en las personas, es la idea de que “taponar” los conductos de transpiración con sales de aluminio impide al cuerpo expulsar las toxinas. Si bien es cierto que el sudor de la axila puede eliminar algunos elementos de los que nuestro organismo necesita deshacerse, la realidad es que la mayor parte de las toxinas se eliminan por los riñones.

Etiquetado a debate

Normativa vigente en Suiza

En Suiza el uso de las sales de aluminio en desodorantes, dentífricos y cosméticos está regulado por la Ley Federal sobre Alimentos y Objetos Comunes. Según la Oficina Federal de Seguridad Alimentaria y Veterinaria, en 2014 la Comisión Europea hizo un estudio y concluyó que no hay evidencia de que los productos de higiene personal que contienen sales de aluminio aumenten el riesgo de cáncer o enfermedad de Alzheimer. Dijo también que los datos son todavía insuficientes para afirmar con certeza que estos compuestos son al cien por cien seguros.

La Oficina de Seguridad Alimentaria, por lo tanto, “sigue de cerca el progreso de las investigaciones sobre las posibles restricciones en el uso del aluminio y, de acuerdo con la UE, examina posibles medidas”. Su recomendación oficial es que evitemos aplicar desodorantes con aluminio en la piel irritada, dañada o recién rasurada.

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La conclusión es que no hay consenso científico sobre que las sales de aluminio causen ninguna de las enfermedades citadas. Pero, como revela el estudio de Sappino, la investigación es contradictoria y varía mucho en función del tamaño de la muestra, métodos de control e incluso sujetos analizados: seres humanos y animales.

Como señaló Mazzone, la única manera de establecer de manera definitiva la seguridad o el riesgo es invertir grandes cantidades de tiempo y dinero en estudios epidemiológicos a largo plazo y con seres humanos. Una cuestión que es costosa y lleva mucho tiempo; por lo que algunos, como Mazzone, razonan que deben tomarse precauciones: prohibir su uso o colocar en los productos etiquetas que adviertan de los potenciales riesgos que conlleva utilizar sales de aluminio.

Se puede argumentar que exigir una etiqueta de advertencia preventiva podría ser excesivo o alarmista. Aunque algunos fabricantes ya han detectado en esto una nueva oportunidad de marketing; y, ahora que los consumidores buscan productos que se anuncian como más “naturales”, están lanzándose a una campaña de etiquetado sin aluminio.

En 2014 la Oficina de Protección al Consumidor de la Suiza francófona, la FRC, realizó un estudio sobre los desodorantes sin aluminio vendidos en siete de los supermercados y farmacias más populares del país. Se detectó que la etiqueta “sin aluminio” es un elemento de venta clave y que aparecía en casi el 25% de los desodorantes.

“No sé si es importante dejar de comercializar desodorantes que contengan aluminio, pero es bueno mirar más en profundidad y hablar de ello”, dijo a swissinfo.ch Joy Demeulemeester, jefe del equipo de políticas de salud de la FRC.

“Un consumidor tiene que considerar muchas cosas. Y si hay algo peligroso o sospechoso, le resulta más fácil si no está en el mercado. Al Estado y al mercado les corresponde, en primer lugar, ocuparse de nuestra salud” añadió.

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