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Refugiados de Darfur en busca de agua en el sur de Sudán. (Foto de 2010)

Desde 2003, Darfur enfrenta un conflicto armado que ha dejado 2,5 millones de desplazados. En esta imagen de 2010, niños refugiados en un campo cerca de El Fasher,  esperan para colectar agua.

(Keystone)

El aprovisionamiento de agua potable representa a menudo uno de los problemas más graves que urge resolver tras una catástrofe natural o un conflicto.

El Cuerpo Suizo de Ayuda Humanitaria, especializado en este campo, dispone de muchos años de experiencia y acude a la llamada de ayuda en cualquier parte del mundo.

Haití, Darfur, Chad, Chile: las catástrofes humanitarias llenan casi diariamente los programas de actualidad. Las imágenes televisadas que nos llegan a nuestras salas de estar suscitan con el paso del tiempo cierta indiferencia.

Y sin embargo, se trata de imágenes de personas que luchan por su supervivencia. En muchos casos esta lucha se debe a la falta de agua potable, uno de los problemas más urgentes en los que se centra la labor del Cuerpo Suizo de Ayuda Humanitaria (CSA).

"Intervenimos ante todo para salvar vidas humanas y para aliviar el sufrimiento de las personas golpeadas por catástrofes humanitarias. La fase más aguda de las operaciones de urgencia dura un par de días. La vida de los damnificados, sin embargo, sigue muchas veces gravemente amenazada durante dos o tres semanas", indica Marc-André Bünzli, responsable del grupo de expertos que se ocupa del agua y de la higiene en el CSA.

Devolver la dignidad

Luego comienza la fase de la reconstrucción. Una fase no menos importante, ya que se trata de garantizar la subsistencia de las víctimas a medio y largo plazo. Y "de devolver la dignidad a estas personas", como subraya Marc-André Bünzli.

El trabajo del CSA se prolonga así a menudo durante años. Es el caso, por ejemplo, del Chad oriental, donde en 2004 se refugiaron miles de personas huidas de Darfur, la provincia de Sudán atormentada por la violencia.

"En la primera fase organizamos suministros urgentes para asistir a los refugiados sudaneses, transportando agua en camiones. En una segunda etapa empezamos a excavar pozos y ahora, cinco años después, nos ocupamos de controlar la calidad del agua. Además supervisamos que la explotación de las reservas hídricas no sea excesiva", explica el experto en ayuda humanitaria.

Cursos de formación

El CSA es un cuerpo de milicias, formado por cerca de 700 personas dispuestas a intervenir en cualquier momento y subdivididas en varios grupos de especialistas según sus conocimientos y capacidades. Esta unidad, que forma parte de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), apuesta por la formación de sus colaboradores obligados a actuar en condiciones extremadamente difíciles en cualquier punto del planeta.

Para el trabajo de formación el CSA recurre, entre otros, al Instituto Suizo para la Protección contra las amenazas y los peligros nucleares, biológicos y químicos de Spiez, en el cantón de Berna. El centro organizó recientemente un curso de formación de una semana sobre el empleo de un laboratorio móvil para análisis en situaciones de emergencia de la calidad del agua.

"Tratamos de obtener agua potable utilizando filtros, hornos de baja temperatura y cloro. Las dosis de cloro deben ser calculadas de manera que sean lo suficientemente fuertes para eliminar las bacterias, pero no alteren excesivamente el sabor del agua o causen daños a la salud", explica la geóloga Marie-Louise Vogt, una de las participantes en el curso del Instituto de Spiez.

Los laboratorios móviles están equipados para poder efectuar los análisis básicos destinados a verificar si el agua es potable, controlando sobre todo su grado de acidez pH, el enturbiamiento, la conductividad y el estado bacteriológico. Cuestan entre 5.000 y 10.000 francos y pueden ser manejados también por personal no cualificado.

Métodos menos caros

Estos aparatos se utilizan cuando existe una sospecha de contaminación del agua, por ejemplo tras una multiplicación de los casos de diarrea. Sirven además para buscar nuevas reservas de agua potable con el fin de evitar situaciones de emergencia, indica Marie-Louise Vogt.

En el mercado se encuentran numerosos instrumentos aptos para obtener agua potable. La empresa SwissINSO propone, por ejemplo, un implante capaz de purificar hasta 100.000 litros diarios de agua sucia o contaminada, así como desalinizar el agua. Pero su coste oscila entre los 600.000 y el millón de francos, una suma superior a la que muchas organizaciones humanitarias pueden destinar a su labor en un solo país.

Otros métodos son muchos menos caros, como el desarrollado por el Instituto de Investigación de Agua del las Escuelas Politécnicas Federales (Eawag). Su método SODIS (SOlar DISinfection) recurre a botellas de agua PET que se dejan entre 6 horas y dos días al sol. Las altas temperaturas y los rayos UVA tienen un efecto desinfectante, capaz de destruir la mayor parte de las bacterias, entre ellas también los bacilos del cólera.

Etienne Strebel, swissinfo.ch
(Traducción: Belén Couceiro)

DATOS CLAVE

800 millones de personas en el mundo no disponen regularmente de agua potable.

La carencia de agua potable e higiene es la causa del 80% de las enfermedades en los países más pobres.

Cada año 1,8 millones de niños menores de cinco años mueren a causa del agua no potable.

En el mundo de la agricultura es responsable del 70-80% del consumo de agua (Europa: 35%; Suiza: 12%).

La mitad de este agua se pierde a causa de la ineficiencia de los sistemas de irrigación.

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