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A puerta cerrada: abusos contra ancianos



Un estimado de 80% de la violencia se genera en el hogar de las víctimas.

Un estimado de 80% de la violencia se genera en el hogar de las víctimas.

Algunos de los miembros más vulnerables de la sociedad, las personas mayores frágiles y dependientes, sufren abusos físicos y emocionales en su propia casa. Un fenómeno que se agudiza.

Con una esperanza de vida cada vez mayor, aumenta también el número de personas que requieren atención diaria o están en riesgo de sufrir demencia.

Las formas de abuso son múltiples, desde la mala atención o negligencia en el cuidado hasta los ataques físicos mediante un manejo rudo, sacudidas e incluso golpes. Otra veces los ancianos son víctimas de violencia psicológica: gritos o intimidaciones. A veces son objeto de robos o de presiones para que entreguen dinero.
 
La organización que mantiene una línea de ayuda para los ancianos víctimas de violencia en la Suiza de expresión alemana se ocupó de más de 300 casos el año pasado, un fuerte aumento con respecto a 2009.
 
Según su director, Bertino Somaini, se estima que entre el 3 y el 6% de las personas mayores eran víctimas de algún tipo de violencia en su vida privada, aunque en la gran mayoría de los casos, esas vejaciones no salen a la luz.
 
“Escuchamos más sobre problemas en centros residenciales que en el entorno doméstico debido a que hay una gran inhibición para informar sobre un miembro de la familia”, precisa a swissinfo.ch Somaini.

Motivaciones

¿Qué lleva a las personas más cercanas y más queridas a incurrir en conductas semejantes? A veces el abusador puede tener problemas psicológicos o de adicción a las drogas o el alcohol.  En otros casos, ser incapaz de  hacer frente a la tensión generada por el cuidado continuo de la persona mayor y que puede ser agravada por el comportamiento desafiante de algunos pacientes con demencia.
 
“No necesariamente hay conciencia del hecho. Las más de las veces nos contactan otros miembros de la familia que sienten que algo no está bien, a veces las mismas víctimas, o cuidadores de visita que advierten que  algo está mal en el hogar”, explica Somaini.
 
Albert Wettstein, médico jefe de la ciudad de Zúrich, recibe toda la información de los casos de sospecha de maltrato. También es responsable de la atención médica de los 1.600 residentes de los asilos.
 
Señala que la relación de dependencia complica los casos de violencia contra los ancianos.
 
“Cuando existe violencia doméstica con un hombre que golpea a su esposa, la policía puede imponer una orden de exclusión, pero si la víctima depende de la ayuda cotidiana, no se puede suprimir esa ayuda. Es mucho más difícil”, dice.
 
Más aún, cuando una de las cosas que se quiere evitar a toda costa es trasladar a la víctima a una residencia de ancianos.
 
“En algunos casos prefieren recibir algunos golpes que abandonar el hogar familiar. Pero cuando un paciente ya no está en su sano juicio, tengo que decidir por ellos”.

Ayuda a domicilio

A pesar de algunos casos de alto perfil en la atención en residencia, los expertos coinciden en que se genera más violencia en las casas familiares. La línea de ayuda estima que el 80% de la violencia tiene lugar dentro de los hogares de las  víctimas.
 
“Al igual que todo tipo de violencia, es mucho más común en un entorno familiar que en las instituciones, ya que en éstas, el personal casi nunca está solo, con lo que hay mucho más control social”, señala Wettstein.
 
No todo el sufrimiento en la vejez es causado por otros, añade. Existe asimismo el problema del autoabandono, que también tiende a pasar desapercibido.
 
La investigación en Suiza sobre el fenómeno del maltrato a las personas mayores ha sido irregular, pero en marzo pasado, el Gobierno rechazó una moción del diputado Bea Heim que pedía un estudio a escala nacional y un programa de prevención.
 
“La población debe ser consciente del problema. Cuidadores y familiares deben ser entrenados sistemáticamente y la situación debe ser evaluada regularmente”, destaca Heim en su solicitud.

Respaldo

Somaini respalda el llamado de Heim para la creación de un centro nacional de coordinación de los servicios regionales de apoyo y se manifiesta “sorprendido, por decir lo menos”, de la respuesta del Gobierno.
 
“Las filiales locales serían liberadas de las cargas de la administración, la publicidad y logística, de modo que podrían concentrarse en la solución de los casos de conflicto. Esa es su fuerza”, dice.
 
Sin embargo, el gabinete señaló que tenía lugar un proceso de consulta con las autoridades cantonales para establecer si se requería una oficina de apoyo centralizado y, de ser así, qué forma podría tomar.
 
La respuesta por escrito a la moción de Heim también señala que el fenómeno de la violencia contra los ancianos es compleja y que los propios cuidadores son a veces objeto de abusos físicos y verbales y de acoso sexual por parte de las personas a su cargo.
 
En términos de apoyo práctico, la organización suiza que representa a las personas de edad, Pro Senectute, publicó recientemente un manual de asesoramiento para cuidadores en francés y alemán (ver enlace).

Abusos contra ancianos

Los abusos contra las personas mayores pueden ser de diferentes órdenes: físico, psicológico o emocional, sexual y económico. También pueden ser el resultado de negligencia, intencional o no.  

En las instituciones para ancianos también se incurre en abusos cuando se restringe la movilidad de los pacientes privándoles de la dignidad y la elección de asuntos cotidianos, o se les atiende de manera insuficiente (lo que permite, por ejemplo, el desarrollo de úlceras).

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Envejecimiento y sociedad

En 2029, los 131.000 ‘baby bomers’ de 1964 cumplirán 65 años. De ahí en adelante la Oficina Federal de Estadística está a la espera del inevitable aumento del envejecimiento de la población suiza.

En todos los cantones, el porcentaje de personas mayores de 65 años se elevará a más del 20% y habrá un crecimiento masivo de la proporción de los muy ancianos (80% de más de 80 años de edad en 2030).

Las regiones alpinas y las zonas rurales están especialmente concernidas.   

Cantones urbanos, como Zúrich, Ginebra, Basilea y Vaud, se beneficiarán de un  movimiento migratorio suficiente para reequilibrar su pirámide de edades.

La relación entre trabajadores activos y jubilados se incrementará de 2 a 1 (en comparación con el 4 a1 actual ), con múltiples consecuencias socioeconómicas.

Fin del recuadro


(Traducción: Marcela Águila Rubín) , swissinfo.ch


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