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“No queríamos un ‘matrimonio de segunda’”

Después de muchas dudas, Andreas (izquierda) y Christoph eligieron registrase como pareja. Ursula Häne

El derecho de familia debe adaptarse a la realidad de los hogares suizos. Una de las principales reivindicaciones es el “matrimonio para todos”. Pero las parejas del mismo sexo que quieren casarse deben esperar hasta 2020, como mínimo. Dos hombres cuentan por qué no han querido esperar más.

Este contenido fue publicado el 02 enero 2018 - 11:00

Andreas quería darle a su relación un carácter simbólico. “Tenía ganas de casarme por amor. Dar ese paso romántico. Llevar alianza”. ¿Casarse? “Sí, estamos casados”, reconoce riendo. Christoph, su esposo, está a su lado en el jardín del restaurante de Zúrich en el que tiene lugar la reunión. Él sonríe y precisa: “También decimos que somos 'pareja de hecho'”.

Diferencias: matrimonio y parejas de hecho

Desde 2007 las parejas homosexuales tienen derecho a que el Registro Civil reconozca su unión. Las parejas de hecho, en muchos aspectos, tienen los mismos derechos y deberes que los cónyuges. Sin embargo, en la pareja de hecho prevalece, en principio, el sistema de separación de bienes, mientras que en el matrimonio, también a priori, rige la comunidad de bienes (de esta manera el cónyuge participa del éxito económico de su consorte hasta la disolución del matrimonio).       

Las parejas de hecho no pueden adoptar niños ni tampoco acceder a la reproducción asistida. A partir de 2018, se introducirán algunos cambios y las parejas de hecho podrán adoptar al hijo de la persona con la que conviven. La pareja de hecho, a diferencia del matrimonio, no afecta al derecho de ciudadanía.

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En Suiza, las parejas del mismo sexo pueden inscribir su unión en el Registro Civil desde hace diez años. Se comprometen en una comunidad de vida con derechos y deberes mutuos, similares a los que contempla el matrimonio. Christoph destaca que la seguridad jurídica es más importante para él que la parte romántica, “para asegurarse de que –por ejemplo– si algo le sucede al otro, el derecho de visita no sea un problema”.

Andreas y Christoph se conocieron hace 14 años en Internet. Andreas tituló su perfil “¿Puedo poner mi corazón a tus pies?”, una cita del dramaturgo alemán Heiner Müller. Christoph, que es actor, se dio por aludido.

Una gran fiesta, sin boda 

Durante años, la pareja no quería oír hablar de las uniones de hecho. Su negativa es de índole política. Para Andreas, esta solución –si se compara con las parejas heterosexuales– perjudica a las parejas del mismo sexo legal y socialmente. Una injusticia. “Trabajamos, pagamos impuestos y llevamos una vida normal, como el resto. No queríamos apoyar esta tontería”, dice. Hace seis años en vez de registrar su unión, la pareja organizó una gran fiesta con el lema “¡Sin matrimonio, más amor todavía!”. La idea era volver a celebrar una fiesta cinco años después. Pero las cosas han dado otro giro.

De repente, durante una cena con amigos, Andreas y Christoph, tomaron la decisión: cuatro meses después (noviembre del año pasado) están frente al funcionario del Registro Civil. Y con ellos todos sus amigos. Pero a presenciar la firma de su unión registrada solo pueden asistir diez personas. Andreas recuerda emocionado la “suntuosa fiesta”, tras la firma, en un restaurante de la campiña.     

“¡Sin matrimonio, más amor todavía!” Christoph y Andreas en su primera “boda”. Andreas Lehner

Andreas y Christoph ahora tienen un seguro de salud familiar, presentan la declaración de impuestos de manera conjunta y la sociedad los considera como “una pareja casada, totalmente normal”. Pero tienen una sensación agridulce: sienten que su unión no es más que un ‘matrimonio de segunda’.  

¿Menos suicidios gracias al “matrimonio para todos”?

Hace años que en Suiza se reivindica el “matrimonio para todos”. Andreas participó en la organización del segundo gran evento para conseguir los mismos derechos para gais y lesbianas que se celebró hace 18 años, y al que asistieron entre 5 000 y 6 000 personas frente al Palacio Federal en Berna.   

Andreas es vicedirector de Ayuda Suiza contra el Sida. Y, debido a su profesión, también es activo políticamente. Le interesa la salud de los hombres homosexuales y quiere mejorar sus condiciones de vida: una de esas cuestiones es el matrimonio para las parejas del mismo sexo. En varios países el número de suicidios entre hombres jóvenes homosexuales ha descendido tras aprobarse el “matrimonio para todos”. Andreas tiene claro que cuanto más se reducen las diferencias (como las que hay entre el matrimonio y la pareja de hecho registrada) menos sitio se le deja a la homofobia. “Somos suizos, nuestra cultura es la del consenso. A pesar de muchas diferencias, nuestra sociedad ha llegado lejos. ¿Por qué? Porque siempre hemos conseguido tratar estas diferencias de manera igualitaria”.  

Votación popular

Suprimir las diferencias es precisamente lo que pide el Partido Verde Liberal en una iniciativa parlamentaria de 2013. El texto exige que todas las formas de unión regidas por la ley incluyan a todas las parejas (independientemente de su sexo u orientación sexual). Así, las parejas del mismo sexo deben poder casarse; y las de diferentes sexos, concertar una unión registrada. La iniciativa también quiere asentar la noción de “unión” en la Constitución. Esta iniciativa, para poder aumentar las posibilidades de obtener una mayoría, no exige explícitamente la adopción plena para las parejas del mismo sexo.

Según una encuestaEnlace externo de la organización gay Pink Cross publicada el año pasado, el 69% de los encuestados está a favor, o más bien a favor, de abrir el matrimonio a las parejas del mismo sexo. Sin embargo, los observadores creen que, si hay una votación popular, existe el riesgo de que la propuesta no salga adelante en la mayoría de los cantones.

El Parlamento volverá a tratar el tema en el verano de 2019. Para entonces habrá que preparar un proyecto de ley que sirva como base para el debate. La iniciativa se refiere a una treintena de leyes que deberían adaptarse. Si en Suiza se aprueba el “matrimonio para todos”, Christoph no quiere volver a casarse. “¡Yo, sí!”, afirma Andreas, riendo.

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