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Marguerite Bays, la costurera suiza convertida en santa

Beatificada por Juan Pablo II el 29 de octubre de 1995, Marguerite Bays será canonizada por el papa Francisco el 13 de octubre en Roma. Fondation Marguerite Bays

Suiza inscribe su tercer nuevo nombre en la lista de los santos católicos. Marguerite Bays será canonizada oficialmente por el papa Francisco en una celebración en Roma el domingo 13 de octubre.

Este contenido fue publicado el 16 julio 2019 - 11:00

Estamos en Siviriez, un pueblo del cantón de Friburgo. El lugar es apacible, verde y ligeramente montañoso. Al fondo, sobre una colina, se distingue la pequeña ciudad medieval de Romont.

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Este tranquilo poblado goza, sin embargo, de cierta notoriedad, porque en él vivió Marguerite Bays, la nueva santa de la Iglesia católica. Nacida en 1815 y fallecida en 1879, esta costurera de una humilde familia campesina se dio a conocer entre sus contemporáneos por su gran piedad y su amor a los pobres, los enfermos y los niños.

Hoy en día, los principales centros de interés del pueblo giran en torno a ella: la iglesia a la que iba a rezar todos los días, el cementerio donde está enterrada, la modesta granja familiar que la vio nacer y morir, una capilla a la que le gustaba ir y ahora le está consagrada.

Gigante de la santidad

Para los creyentes, los santos son personas no necesariamente ejemplares, pero que muestran un camino. “Me gusta utilizar la metáfora de un camino cubierto de nieve que impide distinguir el trazado, pero en el que los señalamientos indican por dónde seguir. Los santos son un poco eso”, declara el abad Martial Python, sacerdote de Romont y biógrafo de Marguerite Bays.

“Los santos nos proporcionan una relectura de los textos bíblicos de una manera más humana porque está basada en la experiencia vivida”, continúa. Si la Iglesia canoniza a algunas personas es para decirnos que es posible vivir la fe en cualquier situación de la vida. Entre los santos hay tanto reyes como mendigos”.

Además de su trayectoria, bastante clásico para una persona que ha accedido a la santidad, Marguerite Bays tiene características que la hacen una santa un poco diferente. “Era mujer y laica”, subraya Jean-Paul Conus, presidente de la Fundación Marguerite Bays. Eso no facilitó las cosas para su expediente de beatificación. Hace algunas décadas, los religiosos no estaban muy motivados en apoyar un perfil semejante”.

Más sorprendente, Marguerite Bays llevaba los estigmas de la pasión de Cristo. Esas huellas aparecieron después de la remisión - milagrosa, se dice - de un cáncer. Las personas estigmatizadas son bastante raras; alrededor de una veintena entre todos los santos. “Los estigmatizados son los gigantes de la santidad”, comenta Martial Python. “Son aquellos que han amado tanto la caridad que se han convertido en el espejo de Cristo. Es el sello de la emoción de Dios”.

“El obispo de la época no veía con agrado el crecimiento del culto alrededor de Marguerite Bays. Por lo tanto, pidió a un médico radical y ardientemente anticlerical que examinara esos estigmas. No pudo sino constatar que eran bien reales, y de origen inexplicable”, relata Jean-Paul Conus.

Señales más que milagros

Dar testimonio de una gran fe e incluso llevar estigmas no basta para hacer un santo. La canonización es la culminación de un proceso largo y complejo. Todo comienza en la diócesis del candidato. Algunos fieles piden a un religioso, el postulador, que presente una solicitud al obispo. Este último transmite luego el expediente al Vaticano, a la Congregación para las Causas de los Santos, que determina si nada impide la continuación del proceso.

Santos y beatos

No hay grandes diferencias entre los santos y los beatos, pero dos elementos esenciales permiten distinguirlos.

Solo se necesita un milagro para ser beatificado, mientras que se requieren dos para ser canonizado.

El culto a un beato es local, por ejemplo, en una diócesis, o concierne a una familia religiosa. Por otro lado, la veneración de un santo es universal y se aplica a toda la Iglesia católica.

Actualmente la beatificación es un paso preliminar hacia la canonización.

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 Si ese no es el caso, comienza entonces un largo examen de las pruebas y los testimonios, para evaluar la vida y las virtudes del candidato. En Siviriez también se puede consultar un facsímil del Summarium, obra donde están registradas todas las pruebas relacionadas con Marguerite Bays.

Pero es imperativo un milagro para una beatificación y dos para una canonización. En el caso de Marguerite Bays, el primer milagro concierne un accidente de montaña. Un alpinista sobrevivió a una caída invocando a Marguerite Bays, mientras que sus compañeros de cuerda murieron. El segundo está vinculado a un accidente agrícola. Un abuelo invocó a Marguerite Bays cuando vio a su nieta pasar por debajo de las ruedas de su tractor. La pequeña, de 22 meses de edad, sobrevivió sin secuelas.

Los milagros son a menudo objeto de controversia. Pruebas de una intervención divina para algunos, objeto de burla para otros que ven en ellos fenómenos perfectamente explicables, incluso elucubraciones de mentes simples o un poco perturbadas. Para el padre Python, es necesario relativizar.

“La Iglesia no puede decir que una persona es santa o no -explica-. Espera una señal. Esos son los famosos milagros, que implican una mirada de fe. Los milagros crean controversia porque se les concede mucha importancia. El milagro, de hecho, es la presencia de Dios en la persona. Sentimos que ha sido animada por un ideal”.

Ni Lourdes ni Fátima

Muy popular en la Edad Media, donde las peregrinaciones representaban el turismo de la época, el culto a los santos perdió gran parte de su importancia, debido especialmente a las críticas del protestantismo que ven en él una forma de fe demasiado cercana a la idolatría. Pero en los últimos años, este culto vive una verdadera expansión.

El número de canonizaciones está al alza: 25 de 1588 a 1700; 29 en el siglo XVIII, 79 en el XIX y 168 de 1900 a 1978. Pero es con Juan Pablo II, papa de 1978 a 2005, con el que casi se puede hablar de inflación, con 1 338 beatificaciones y 482 canonizaciones. Y la tendencia no parece revertirse con el papa Francisco.

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“Este retorno al culto a los santos está ligado a la necesidad de reagrupación”, comenta el abad Python. Presenciamos una disminución en la práctica religiosa en las parroquias, pero un aumento en los principales centros de peregrinación. Esta necesidad de reagrupación se observa también en los encuentros de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) y en el éxito de los movimientos carismáticos”.

En este contexto, la canonización de Marguerite Bays también tiene efecto sobre el número de visitantes a Siviriez. “El efecto es visibledesde la beatificación”, revela Jean-Paul Conus. “Tenemos muchos más grupos que vienen en autobús, mientras que antes era un poco más discreto y familiar. No tenemos estadísticas precisas, pero acogemos a unos diez mil visitantes por año”.

Sin embargo, no se trata de transformar a Siviriez en Lourdes o Fátima. En primer lugar, porque la infraestructura, incluidos los hoteles, no permitiría recibir a un número importante de peregrinos. Pero también porque la figura misma de Marguerite Bays no genera grandes concentraciones. “Creo que ella siempre seguirá siendo una santa del pueblo, más intimista. Habrá reuniones, pero sobre todo familiares”, predice Martial Python.

Santos suizos

Con Marguerite Bays, Suiza tendrá tres santos.

Nicolás de Flue (1417-1487). Después de una vida de soldado y de notable, deja a su familia para convertirse en un ermitaño. Acuden a pedirle consejo de toda Europa porque es conocido por su piedad y sabiduría. Gracias a su mediación los confederados no se pelearon entre sí después de su victoria en las guerras de Borgoña. Es el santo patrón de Suiza.

Maria Bernarda Bütler (1848-1924). Esta monja misionera suiza en Ecuador y Colombia es beatificada por Juan Pablo II en 1995 y canonizada por Benedicto XVI en 2008.

La lista de los canonizados y beatificados de Suiza cuenta incluso con unos 80 nombres si tenemos en cuenta los personajes que vivieron en una época en la que Suiza no existía o que no tenían la nacionalidad suiza.

Entre los más conocidos citemos a: san Mauricio (soldado romano llegado de Egipto que habría sido martirizado en el Valais por rehusarse a renegar de su fe cristiana), san Galo (monje irlandés que evangelizó la Suiza oriental y fundó La Abadía de San Galo), santa Adelaida de Borgoña (emperatriz del Santo Imperio nacida en Orbe, en el cantón de Vaud, fundó muchos monasterios y favoreció la reforma de la orden de Cluny ) o san Pedro Canisio (jesuita holandés que fundó el colegio Saint Michel de Friburgo para detener la propagación del protestantismo).

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