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Suiza aboga por reducir las armas biológicas

La eventualidad de ataques con armas bacteriológicas preocupa mucho a la comunidad internacional. Keystone

Ginebra acoge esta semana una reunión de expertos del mundo entero para discutir cómo reforzar la Convención de 1972 sobre armas biológicas.

Este contenido fue publicado el 06 diciembre 2004 - 10:39

La delegación suiza espera poder evitar que se repita el escenario de la última conferencia que concluyó sin éxito.

Hace dos años la Conferencia de Naciones Unidas sobre armas biológicas desembocó en un fracaso debido a la oposición de Estados Unidos a reforzar los mecanismos de control de los arsenales biológicos.

Según el Gobierno de Washington, la propuesta respaldada por los países europeos hubiera amenazado la seguridad estadounidense, poniendo en peligro sus secretos de defensa nacional.

En lugar de inspecciones auspiciadas, Estados Unidos propuso denunciar públicamente y penalizar a los países que violan la Convención sobre Armas Biológicas, en vigor desde 1975.

Desilusión suiza

El fracaso de la Conferencia causó una gran desilusión por parte de la Confederación Helvética que esperaba poder alcanzar un acuerdo internacional.

“Las autoridades suizas respaldaban un mecanismo de verificación vinculante, basado en el ejemplo del que se aplica al control de las armas químicas y nucleares”, explica Francesco Quattrini, del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Según Quattrini, sin inspecciones es sumamente difícil comprobar si un país dispone de armas biológicas.

“Muchos países no emprenden medida alguna para el desarme, ya que ‘oficialmente’ no poseen armas biológicas”, afirma el funcionario de la sección de política de seguridad internacional de Ministerio helvético de Exteriores.

“En el 2002 había varios países que se oponían a las medidas de inspecciones y, por ende, estaban muy contentos de poder sumarse a la oposición liderada por Estados Unidos”, explica.

Desarme en el segundo plano

En el centro de la reunión prevista para esta semana en Ginebra figuran las propuestas destinadas a reforzar la vigilancia de las enfermedades infecciosas y a intervenir en caso de uso de armas biológicas o tóxicas.

Suiza defiende además que deben multiplicarse los esfuerzos para llegar a un desmantelamiento de las armas biológicas.

“El problema es que se prefiere centrar la atención en la vigilancia más que en el desarme”, señala Quattrini. “Un programa similar no permite mejorar la eficacia de la Convención”.

Código de conducta

Uno de los temores principales de los países signatarios es el peligro del uso de armas bacteriológicas por parte de grupos militantes como Al Qaeda.

Para poder hacer frente a esta amenaza, los gobiernos de los países participantes en la conferencia de Ginebra quieren establecer un código de conducta para todos los científicos que trabajan en este sector. El código se discutirá previsiblemente en el año 2005.

“Es muy fácil transferir agentes patógenos. Por ello los científicos tienen que ser conscientes de cuán importante es su trabajo”, subraya Quattrini.

swissinfo, Scott Capper
(Traducción: Belén Couceiro)

Contexto

La Convención sobre Armas biológicas se adoptó el 10 de abril de 1972 y entró en vigor el 26 de marzo de 1975.

Cerca de 150 países, entre ellos Suiza, han firmado el texto que prohíbe el desarrollo, la producción y almacenamiento de armas bacteriológicas y tóxicas.

La aplicación de la Convención se ha visto obstaculizada por la falta de un mecanismo de verificación y de inspección en los países sospechosos de producir armas biológicas.

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