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"Los temores de los ecologistas fueron infundados"

Syngenta acaba de inaugurar en Chile un moderno centro de investigación de cultivos para la exportación.

La multinacional suiza Syngenta acaba de inaugurar un moderno centro de investigación de cultivos para la exportación en Chile, con apoyo del Gobierno.

El gerente general de la filial chilena, Rafael Del Río, conversó con swissinfo.ch sobre los alcances del proyecto y las críticas ecologistas que éste despertó en sus inicios. Entrevista.

La apertura contó no sólo con la autorización del Gobierno chileno -el subsecretario de Economía, Jean-Jacques Duhart participó en su inauguración-, sino también con un aporte monetario público de 1,7 millones de dólares, obtenido a través de la Corporación de Fomento de la Producción y el Comercio de Chile, Corfo.

swissinfo.ch: ¿Qué cultivos analizarán en este centro?

Rafael del Río: Ahora estamos en busca de nuevas variedades de soja, maíz y girasol. Y en el futuro pensamos incluir otras especies, como frijoles.

swissinfo.ch: ¿Y por qué escogieron este lugar para su instalación?

R.D.R: La zona posee varias ventajas para nosotros. En primer lugar, condiciones climáticas óptimas, con temperaturas, humedad y luminosidad casi únicas en su tipo. Segundo, contábamos con el apoyo de la autoridad, que está atenta a promover iniciativas que impulsen la innovación tecnológica en la zona.

Y además, nos encontramos con la Universidad de Tarapacá, con la cual podíamos trabajar en conjunto en investigación, de modo de poder alcanzar nuestro objetivo. Para Syngenta éste es el centro de investigación más importante, y vamos a traer toda nuestra tecnología hasta acá, lo que sin duda ayudará al desarrollo de la región.

swissinfo.ch: ¿En qué consiste el apoyo estatal, a través de Corfo, qué consiguieron?

R.D.R: Corfo tiene un programa de apoyo a la innovación y cuando fuimos a establecernos en Arica, nos informaron que podíamos acceder a este fondo. Postulamos, como cualquier otra empresa, y ganamos. Nos asignaron 1,7 millones de dólares para el proyecto, (nosotros invertiremos 90 millones en total) y nos van entregando el dinero a medida que cumplimos las etapas definidas previamente. Por ejemplo, una vez que instalamos el invernadero, que costó un millón de dólares, Corfo realizó las auditorias respectivas, supervisaron que los trabajos se hubiesen cumplido y luego entregaron el aporte.

swissinfo.ch:¿De qué manera se llevarán a cabo los estudios?

R.D.R: Queremos llegar a investigar 150 mil variedades al año en un centro de 30 hectáreas. Es decir, con una eficiencia muy alta del terreno porque no produciremos semillas. Lo que hacemos es esperar que las plantas tengan unos 25 centímetros de altura y sacamos una muestra de tejido para saber si posee las características que estamos buscando. Si no las tiene, las arrancamos y plantamos otra variedad. Pero si traen esas condiciones, las dejamos crecer para obtener sus semillas, las que se llevarán al exterior para ser reproducidas.

swissinfo.ch: A su juicio, ¿este centro representa algún beneficio para los habitantes de la zona?

R.D.R: Varios. Primero, generar trabajo sostenible; actualmente empleamos a 130 personas y en el futuro esperamos tener unas 150. Además, permitirá a los habitantes gozar de altos estándares de calidad, tanto en lo laboral, como en el ámbito de la investigación y la seguridad. Por otro lado, están los convenios con las universidades de la región; queremos que la gente que trabaje aquí esté altamente capacitada y esperamos que estas universidades produzcan los profesionales que esta industria requiere.

swissinfo.ch: ¿Y qué hay de las críticas que recibieron hace poco más de un año de algunos grupos ecologistas?

R.D.R: Efectivamente, al principio hubo críticas de algunos grupos ecologistas, aunque más que nada por desconocimiento, ellos pensaban que íbamos a producir semillas, pero nosotros no hacemos eso, sino que llegamos a estados muy iniciales del crecimiento de la planta, y son muy pocas las que llegan a la etapa adulta; ésas se cosechan y se envían al exterior.

Desde que yo estoy en la gerencia general, hace un año, no hemos observado oposición, no sé si es porque entendieron de qué se trata o lo vieron, pues estamos trabajando con la política de puertas abiertas para que vean lo que estamos haciendo. De hecho, en el lanzamiento, estuvieron presente los dos periódicos locales que antes publicaron artículos haciéndose eco de la preocupación de los grupos ecologistas. Pero ahora, por lo que escribieron, podemos ver que no lo critican. Hoy no sabemos de nadie que se manifieste en contra del proyecto.

swissinfo.ch: Pero el tema de los transgénicos suele generar cierto rechazo...

R.D.R: Sí, pero actualmente nosotros no trabajamos con transgénicos. Eso no quiere decir que no sea una tecnología a la que nosotros le encontremos valor, y de hecho, creemos que va a beneficiar al ser humano... Es probable que en el futuro sí trabajemos con transgénicos, pero hoy no.

swissinfo.ch: ¿Es decir, considera que las críticas no tienen asidero?

R.D.R: Las críticas eran infundadas, primero porque no tenemos transgénicos. Segundo, porque no producimos una gran cantidad de polen que pueda contaminar el aire, que era el temor de algunos. De todos nuestros cultivos, puede que diez plantas lleguen a crecer altas, pero es ínfimo. No hablamos de un estado de producción polen, sino de algo muy pequeño, por ejemplo, hileras de 10 metros por 30 cm. Además, trabajamos con un fuerte sistema de control, lo que también impide que haya contaminación. Entonces, creo que a medida que la estación se ha dado a conocer cada vez más, hemos ido encontrando menos detractores o personas que piensen que vamos a producir grandes volúmenes de semillas, porque no es así.

swissinfo.ch: ¿Tienen otros proyectos similares en el país?

R.D.R: Tenemos uno que recién estamos iniciando, un centro de investigación para la zona sur, en Temuco, que tendrá principalmente cultivos tradicionales, a los cuales pretendemos darles mayor rendimiento, usando métodos innovadores.

swissinfo.ch: ¿La crisis financiera los ha afectado de alguna manera?

R.D.R: La crisis financiera en Chile ha sido bien especial, porque el país está bien parado, y las empresas más golpeadas han sido las PYME. Lo que nosotros hemos observado es una reducción del mercado; si el año pasado, manejábamos cifras cercanas a los 290 millones de dólares en nuestro rubro principal -los fitosanitarios- este año podrían ser 220 o 230. Obviamente, las ventas se van a ver afectadas, pero aún no sabemos en cuánto, porque en este mercado, más del 60% de las ventas se dan entre septiembre y diciembre (primavera en Chile), así es que tendremos que esperar para ver en qué magnitud nos afecta este año. Pero la empresa en sí, en sus proyectos, en su número de empleados, no se está reduciendo, todo lo contrario, hemos contratado a un par de personas en este periodo.

Mariel Jara, Santiago de Chile, swissinfo.ch

Contexto

Chile es el sexto exportador mundial de semillas y el primero del hemisferio sur, con ventas por 290 millones de dólares en 2008 y 111% de crecimiento respecto del año anterior, cifras que pueden aumentar con la puesta en marcha del nuevo centro de cultivos

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Syngenta

Syngenta opera en Suiza desde 1758. Originalmente se especializó en la fabricación de tinturas y hoy es uno de los grupos biotecnológicos más importantes del mundo. Se orienta básicamente a la producción de semillas y manejo de cultivos.

El centro de investigaciones de cultivos en Chile tuvo un costo inicial de US$ 20 millones, y estará en pleno funcionamiento en cinco años. Actualmente, posee el invernadero más moderno de Sudamérica.

Hace poco más de un año, cuando se supo que Syngenta iniciaría los trabajos de construcción, sectores ecologistas locales expresaron su rechazo, argumentando que este centro podría dar pie al uso de técnicas cuestionadas internacionalmente, por su impacto en el medioambiente, la biodiversidad y la salud humana. También manifestaron temor a que los transgénicos contaminaran los cultivos tradicionales.

¿Qué son los transgénicos? Son organismos cuya información genética se modifica artificialmente (a través del injerto de genes) para crear un nuevo organismo -vegetal o animal- casi siempre con mayor rendimiento y resistencia a las plagas. La mayoría de ellas se reproducen gracias a la polinización (intercambio de polen a través de aves, abejas, etc), un proceso difícilmente controlable.

Hasta el momento no se han probado científicamente que su consumo afecte la salud humana, tampoco se ha podido concluir que no los generarán en el futuro. De ahí que algunos países –especialmente los más desarrollados- manejen el tema con precaución. Los suizos, mediante votación popular, decidieron prohibir su cultivo.

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