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Crisis del coronavirus “La sociedad suiza es solidaria, de eso estoy convencido”

(Keystone)

¿Hasta qué punto es responsable una persona de evitar la propagación de un virus? El coronavirus plantea a la sociedad algunas cuestiones morales complicadas. Hemos entrevistado a Alberto Bondolfi, profesor emérito de Ética.

Alberto Bondolfi, profesor emérito de Ética.

(© 2009 Roberto Ackermann - Photo Tornow 1003 Lausanne)

swissinfo.ch: ¿Qué cuestiones plantea el coronavirus a un especialista en ética?

Alberto Bondolfi: Para la ética una epidemia es un caso clásico, ya que esta disciplina se ha venido ocupando desde hace tiempo de las situaciones de catástrofe. Sin embargo, sigue siendo difícil transmitir que las normas que se aplican en una situación de desastre no son intuitivas. El punto de vista de la epidemiología es diferente de nuestra experiencia cotidiana.

swissinfo.ch: ¿Qué quiere decir con eso?

A.B.: Por ejemplo, la medicina de desastres recomienda tratar primero los casos menos graves y no los más difíciles. A primera vista, eso parece injusto.

swissinfo.ch: ¿Qué idea hay tras ese proceder?

A.B.: Simplemente, la de servir mejor a la vida humana. La visión epidemiológica tiene en cuenta cómo se propaga una enfermedad en el tiempo. De modo que hoy se actúa con vistas al mañana. Sin embargo, el reflejo normal nos impone comportarnos de forma correcta en el presente. 

La enfermedad tiene por tanto dos caras. Las erupciones visibles y lo que nosotros, como portadores, llevamos invisiblemente al futuro.

swissinfo.ch: ¿Esta visión conduce entonces del individuo enfermo al conjunto del cuerpo social?

A.B.: Sí, exactamente.

swissinfo.ch: Cuando usted dice que la ética tiene una cierta familiaridad con las situaciones de catástrofe se piensa casi inevitablemente en la guerra.

A.B.: Sí, hay similitudes, grandes similitudes. Los sistemas de racionamiento garantizan la justicia; en cambio, el mercado negro rompe ese orden. Ahora también se dan casos de desobediencia civil: jóvenes que no quieren renunciar a las discotecas; estaciones de esquí que se niegan a cerrar. Esa resistencia surge en la población porque no todo parece tener sentido de una manera inmediata. Pero eso también es normal en estas situaciones.

swissinfo.ch: ¿Necesitamos prohibiciones y normas o información y persuasión contra esas violaciones del orden?

A.B.: De momento el Consejo Federal [Gobierno suizo] está jugando la carta de la persuasión. Pero también podría perder la paciencia. Como por ejemplo el ministro del Interior, Alain Berset, que ha señalado a los operadores de remontes de esquí la posibilidad de recurrir al derecho penal. Y ha funcionado.

swissinfo.ch: ¿Considera usted que la sociedad suiza es solidaria?

A.B.: Estoy convencido de que esencialmente es solidaria. Hasta ahora, por ejemplo, la sociedad ha silenciado a todos los políticos que han pretendido capitalizar el coronavirus.

swissinfo.ch: Pero ¿cómo se consigue que la gente se implique si no se tiene una visión clara del futuro?

A.B.: Se necesitan mensajes específicos para grupos de personas específicos. A los jóvenes no se les permite ya ir a sus clubes, pero también los adultos tienen limitaciones, ahora no pueden reunirse con otra gente. Los jóvenes pueden pensar que no son población de riesgo. Pero, de hecho, están en peligro o representan un peligro para otros.

swissinfo.ch: Se podría decir que morir forma parte de la vejez. ¿Por qué entonces no dejar morir a los ancianos?

A.B.: Vengo de una tradición que afirma claramente que cada ser humano es un objetivo en sí mismo. Por lo tanto, incluso en tiempos normales, no podemos hacer cálculos y preguntarnos qué pacientes cuestan más. Intuitiva y emocionalmente eso no es posible.

swissinfo.ch: ¿Y en tiempos extraordinarios?

A.B.: De momento, en Suiza no se ha planteado esa pregunta. En Lombardía, donde las unidades de cuidados intensivos están saturadas, es diferente. Pero no hemos llegado tan lejos y todavía hay reservas.

swissinfo.ch: En una situación de este tipo, ¿cómo se valora el perjuicio a la economía frente a los daños a la salud? En otras palabras, ¿vale la pena salvar vidas si al final se derrumba toda la economía? ¿Establece la ética una línea roja?

A.B.: Es probable que mi respuesta no le vaya a gustar. Tengo la impresión de que nuestras autoridades han diseñado un escenario y que ese escenario es realista. Se calcula que dure dos o tres meses. Nuestro sistema podrá sobrevivir relativamente bien.

swissinfo.ch: Sin embargo, muchos empresarios ya ven la situación de manera dramática. Para ellos es también una cuestión de vida o muerte, en sentido figurado.

A.B.: La Confederación ha encontrado respuestas al problema de liquidez, es decir, hay dinero. Esas medidas se basan en el supuesto de que será posible superar esta situación especial. La pobreza absoluta no constituye todavía una amenaza en esta hipótesis. Si el horizonte fuera dos años en lugar de dos meses las cosas serían más difíciles. Pero incluso en esa situación habría dinero. El único problema que habría que resolver es que los parlamentos que tengan que legitimar esas medidas vuelvan a tener la capacidad de actuar.

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Traducción del alemán. José M. Wolff

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