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Huracanes, pobreza y deforestación

Imagen dejada por el huracán Gamma en Olancho, Honduras. 

(P. J. Buffe)

Con 27 tormentas tropicales, de las cuales 13 se convirtieron en huracán, el año 2005 ha sido excepcional.

Frente a estos fenómenos naturales, Centroamérica y particularmente Honduras han sido fuertemente castigados por Stan, Wilma, Beta y Gamma que afectaron toda la zona.

La última tormenta tropical de la temporada dejó en el litoral norte de Honduras un panorama desolador. Veinticinco muertos, 500 casas destruidas, puentes y carreteras dañadas y miles de hectáreas de tierras inundadas.

En el futuro, estos fenómenos naturales pueden repetirse con la misma frecuencia que en 2005, que fue un año record. Ya se espera que el actual periodo de alta actividad ciclónica continué en los próximos años.

Consecuencias recurrentes

Es preocupante porque las tormentas y los huracanes tienden a afectar de manera cada vez más grave a los países vulnerables. Además de los cambios climáticos, hay otros factores que empeoran la situación: la pobreza y la deforestación. Claudio Stauffer, quien desde hace 20 años vive en Honduras y conoce el país, comparte esta opinión.

"Aquí en Honduras y en toda la región, por el grado de deforestación, cada vez más los impactos de estos fenómenos naturales son mayores. En los últimos años, en las últimas décadas se está deforestando no sólo por la explotación irracional sino también por enormes incendios forestales que no son controlados".

La tala es un factor añadido

En el departamento de Olancho, donde intervino la Cruz Roja suiza, esta deforestación es imponente. Los cerros, desmontados por lo pequeños agricultores en busca de tierras y sobre todo por los grandes terratenientes que talan los árboles para dar pasto a su ganado, están totalmente pelados. Incluso en el verde del pasto se ven manchas de tierra que son huellas de erosión y de deslizamientos.

Además, la pobreza, en la cual está hundido casi 80 por ciento de la población, es un factor determinante porque los hondureños que viven en estas condiciones son mucho más vulnerables a los embates de la naturaleza, sobre todo los que viven en zonas de alto riesgo.

Las crecidas rápidas de los ríos se llevan las casas situadas en sus orillas o en las barrancas, y los deslaves de tierra arrasan las casa humildes – de bloque o de bahareque – construidas en las faldas de las colinas o de los cerros.

Este hecho explica el número cada vez más grande de víctimas mortales que provocan no sólo los huracanes, sino también las tormentas tropicales cuando descargan sus lluvias intensas.

swissinfo – Patrick John Buffe desde Honduras

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