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La renuncia a las patentes de las vacunas gana protagonismo en Ginebra

Médicos sin Fronteras (MSF) también ha realizado una campaña ante la Organización Mundial del Comercio en Ginebra para concienciar sobre la relevancia de eliminar las patentes de vacunas contra la COVID-19. Keystone / Martial Trezzini

Los países ricos del mundo, Suiza incluida, resisten la presión para que renuncien a las patentes relacionadas con la tecnología de la vacuna COVID-19. Pero los países en desarrollo, que se han quedado fuera de la carrera de las vacunas, siguen insistiendo en este tema ante la ONU en Ginebra.

Este contenido fue publicado el 09 abril 2021 - 10:23
Jamil Chade

La mayor campaña de vacunación de la historia ha reabierto un viejo debate: ¿es válido un monopolio de tecnología cuando se vive una crisis global? O dicho de otra manera, ¿debe protegerse la propiedad intelectual cuando hay millones de personas que están muriendo?

En octubre de 2020, India y Sudáfrica presentaron una iniciativa ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para renunciar temporalmente a las patentes de todos los insumos que podrían ser útiles para frenar la pandemia. Además de las vacunas, esto incluiría las pruebas de detección, los equipos médicos y todos los posibles tratamientos. De prosperar la propuesta, la suspensión de las patentes sería de carácter vinculante.

La idea es que los laboratorios de todo el mundo tengan acceso a la tecnología y puedan producir versiones genéricas. Según los autores de la iniciativa, esto reduciría el costo de las vacunas y ampliaría la producción mundial.

Con el paso de los meses, más de 100 países han manifestado su apoyo al proyecto. Pero los países ricos se resisten, argumentando que la pandemia no debe ser una razón para violar las reglas de comercio vigentes. Aunque aún se está negociando, esta iniciativa se encuentra actualmente estancada.

Acrecentando la presión

Mientras tanto, los gobiernos de China y África han presentado un proyecto de resolución separado ante la Organización Mundial de la Salud (OMS) que propone medidas para fortalecer la transferencia de tecnología y la producción nacional de vacunas. El borrador, del que swissinfo.ch ha obtenido una copia, obligaría a los países firmantes a ejercer cierta presión moral sobre las empresas propietarias de patentes para que acepten transferir gratuitamente su tecnología.

Sin embargo, dado que las empresas son las únicas propietarias legales de las patentes, los avances se anticipan escarpados. Tal y como subraya la oenegé suiza Public Eye, la mayoría de las compañías productoras de vacunas contra la COVID-19 han recibido dinero de los gobiernos. Un reciente estudio de Public Eye revela que el sector industrial mundial ha recibido más de 100 000 millones de dólares para el desarrollo de vacunas, sin tener que asumir ningún riesgo financiero.

El proyecto de resolución de la OMS aún se está negociando y se espera que encuentre un desenlace durante la Asamblea Mundial de la Salud prevista para mayo. Los gobiernos de Japón y de la Unión Europea (UE) insisten en establecer una cláusula que precise que toda transferencia de tecnología debe ser de carácter voluntario. La posición de Suiza sobre el proyecto de la OMS es coherente con la manifestada ante la iniciativa de la OMC. Pero la posición definitiva de Berna depende de la versión final del texto que se presente.

Resistencia de Suiza

Suiza no es el único país rico que se resiste, también Estados Unidos se opone a renunciar a los derechos de sus patentes. La posición del gobierno helvético, tradicionalmente comprometido con la agenda global antipobreza y defensor del acceso a la salud, es la que concentra la atención de los países en desarrollo. En el tema de las vacunas, Berna ha sido categórica al rechazar la idea de ceder gratuitamente las patentes.

Una reunión celebrada en la OMC el pasado 10 de marzo fue el espejo fiel de esta posición. Suiza manifestó que las vacunas contra la COVID-19 son complejas, ya que implican nuevos procesos e instalaciones para su fabricación o una profunda reconversión de las existentes. Según Berna, solo el sistema de patentes vigente proporciona los incentivos necesarios para la cooperación entre los desarrolladores y los fabricantes de vacunas y permite la colaboración, así como la transferencia de tecnología y conocimientos técnicos. Suiza argumenta que es “engañoso” creer que la suspensión temporal de las patentes generaría un suministro global más rápido de vacunas contra la COVID-19.

En una declaración enviada a swissinfo.ch, el Gobierno suizo señala que "siempre ha abogado internacionalmente por un acceso universal a la atención médica". Pero destaca también que "para responder a la pandemia, se necesita una colaboración estrecha y fluida entre todos los actores relevantes, es decir, los Estados, las organizaciones internacionales, las universidades, los institutos de investigación, las farmacéuticas y las oenegés".

"Por ello, Suiza rechaza la propuesta de India y Sudáfrica en la OMC”, explica. “La protección de las patentes garantiza que, además de la financiación gubernamental, se realicen las inversiones privadas necesarias para la investigación y el desarrollo. Por lo tanto, Suiza está convencida de que suspender el marco legal internacional establecido sería un enfoque equivocado”.

Para el Gobierno suizo, esta posición no significa una falta de compromiso para una respuesta global. "Suiza se ha comprometido desde el principio con una solución global para una distribución equitativa de las futuras vacunas contra el SARS-CoV2 en todos los países”. Y en su opinión, una respuesta a la actual crisis es fortalecer el Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 (COVAX).

Un reflejo de la posición de la industria

La industria farmacéutica se hace eco de la posición del Gobierno suizo. “Ha sido un desafío tremendamente desalentador y hasta ahora las cosas han ido mejor de lo que se cabía esperar”, dice Thomas Cueni, director general de la Federación Internacional de la Industria del Medicamento (FIIM), con sede en Ginebra. "Pero en el futuro, la solidaridad de los países ricos para ayudar a los demás será clave”.

“Se ha afirmado que los derechos de propiedad intelectual están obstaculizando la respuesta a la pandemia”, sostiene. Pero el sector considera que debilitar los marcos nacionales e internacionales de la propiedad intelectual durante esta pandemia es contraproducente.

“No conducirá a una investigación, un desarrollo o un acceso más rápido, sino que socavará la confianza en un sistema de propiedad intelectual que ha demostrado funcionar bien, ya que permite la asociación de la industria con el mundo académico, institutos de investigación, fundaciones y otras empresas privadas bajo un marco de confianza. Esto agiliza significativamente la investigación y el desarrollo de medicamentos para atender las necesidades médicas aún no satisfechas en el mundo", refiere Cueni

Escándalo moral

Desde el principio de la crisis, tanto la OMS como ONUSIDA han expresado su apoyo a la iniciativa que propone renunciar temporalmente a las patentes y buscar un nuevo modelo de intercambio de tecnología. "La renuncia a las patentes reduciría los costos de transacción y eliminaría las principales barreras en el ciclo de investigación y desarrollo, así como de la cadena de suministro para facilitar el acceso y la entrega de tecnologías de la salud destinadas a prevenir, diagnosticar y tratar la COVID-19", expresaron en una reunión de octubre en la OMC.

ONUSIDA llamó a la comunidad internacional a no repetir las “lecciones dolorosas” de los primeros años de la respuesta al sida, cuando la población de los países ricos tenía acceso a los medicamentos mientras que millones de personas en los países en desarrollo estaban desprotegidas. “Es una cuestión de derechos humanos y los gobiernos no pueden abordar la actual pandemia de forma habitual”, afirmó ONUSIDA.

Seis meses después de lanzarse la propuesta, el problema sigue sin solución. El director general de la OMS, Tedros Ghebreyesus, ha calificado la distribución desigual de las vacunas como un “escándalo moral” y ha sugerido que los países y las industrias encuentren un camino para salir del punto muerto actual.

Traducción del inglés: Andrea Ornelas

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