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Malos tratos: un drama anónimo y desapercibido

Las mujeres maltratadas buscan protección en la 'Frauenhaus' de Berna.

(swissinfo.ch)

Una de cada cinco mujeres sufre algún tipo de violencia - física o psicológica - por parte de su pareja a lo largo de su vida.

El año pasado, unas 64 madres y 57 niños buscaron refugio en la ‘Frauenhaus’, la casa de acogida de mujeres maltratadas de Berna.

La violencia doméstica es la forma más común de violencia contra la mujer. Desde la entrada en vigor de la Ley de ayuda a las víctimas, en 1993, la ‘Frauenhaus’ de Berna ofrece fundamentalmente servicios de emergencia a mujeres maltratadas y a sus hijos.

El primer contacto con las víctimas, que han sufrido violencia física, psicológica, sexual o económica, es siempre telefónico. En muchos casos es la misma mujer la que llama al centro, cuya dirección es secreta por razones de seguridad.

La ‘Frauenhaus’ dispone de siete habitaciones y cuenta con un equipo de trabajadoras sociales, psicólogas y pedagogas sociales, encargadas de atender a las mujeres que se refugian temporalmente en la casa.

Algunas pasan sólo una noche en el centro de acogida, pero las estancias se pueden prolongar hasta varios meses.

Violencia psicológica

“La mayoría lleva ya mucho tiempo padeciendo esa situación de represión, de abuso de poder y de violencia corporal, aunque lo más frecuente es la violencia psicológica”, explica Yasmin, trabajadora social del centro.

La violencia psicológica consiste en desequilibrar y someter a la mujer mediante “amenazas, gritos, humillaciones y prohibiciones,” prosigue esta chilena que lleva un año y medio trabajando en la casa.

Es más difícil de reconocer y pasa desapercibida al mundo exterior, porque generalmente sus víctimas sufren en silencio y, al contrario de los efectos de la violencia física, sus heridas no son evidentes a la vista.

Al principio, muchas mujeres no le dan mucha importancia a los insultos o los gritos. Creen que son “pequeñas cosas, pero que hacen que la mujer se hunda cada vez más y vaya perdiendo la confianza en sí misma, hasta llegar a cuestionar todo lo que hace, dice y piensa”, puntualiza Yasmin.

Igualmente significativo, según los especialistas, es que la violencia psicológica casi siempre precede a la violencia física, y que las mujeres soportan los malos tratos durante años, hasta que deciden denunciarlos o abandonar el hogar.

Perfil de la víctima

Generalmente, la mujer permanece junto al agresor por diferentes motivos, como la dependencia económica, la baja autoestima, mantener a la familia unida, así como la vergüenza y el sentimiento de fracaso ante un proyecto de vida.

Algunas no se atreven a abandonar el hogar o a exigir una separación por temor a provocar una reacción todavía más violenta, que por desgracia puede llegar hasta el asesinato.

Si la mayoría de las mujeres que llegan a la ‘Frauenhaus’ son extranjeras, es porque “su círculo social es muy cerrado” y, a menudo, no tienen a donde acudir en busca de ayuda, explica Yasmin.

No obstante, hay que recalcar – y así lo avalan numerosos estudios - que la violencia doméstica es un fenómeno que no hace distinciones entre culturas, clases, educación, ingresos, etnia o edad.

Otra característica es que muchas mujeres maltratadas no han tenido una infancia fácil y han presenciado violencia doméstica de niñas o adolescentes. Es frecuente que en las familias en las que se producen agresiones, las hijas se conviertan posteriormente en víctimas.

La mujer que llega a la 'Frauenhaus' “necesita sentirse segura y saber que en esta casa nadie la va a maltratar, nadie le va a gritar, nadie la va a ofender. Esa es nuestra primera labor.” Las primeras horas que siguen a la acogida son cruciales.

Un futuro en paz y sin miedo

La segunda labor consiste en entablar el diálogo con la víctima para conocer su historia personal y evaluar lo que necesita y lo que quiere. En el fondo, se trata de ofrecerle un espacio tranquilo para que pueda “retroceder en el tiempo y preguntarse: ¿qué es lo que he hecho con mi vida hasta ahora?”, señala Yasmin.

Algunas necesitan sólo dos semanas para planificar su futuro. Una vez decidida la meta, las colaboradoras del centro contactan, según el caso, a un psicoterapeuta, un abogado, las autoridades para solucionar problemas de permiso de estancia, un centro de orientación profesional, los departamentos de asuntos sociales, colegios para los niños... La lista es interminable.

El objetivo de esas gestiones es “establecer contacto con toda la red social que pueda necesitar la mujer, de manera que cuando salga de la casa, no esté sola, sino completamente conectada con toda la red social”, subraya la trabajadora social chilena.

Y es que la mujer maltratada, en el momento de pedir auxilio, ya ha dado un paso sumamente importante para salir de la espiral de violencia en la que se ve envuelta. Por ello es primordial “mostrarle la luz en el camino hacia un nuevo futuro, que a veces se ve muy oscuro”.

Además, las mujeres que conviven en el centro se apoyan mutuamente. La experiencia de los malos tratos que las une les ayuda a salir del aislamiento psicológico, social y físico que han padecido durante mucho tiempo.

Pero lo más importante es que aprenden que “tienen derecho a vivir en paz, sin el miedo de que alguien las despierte con un golpe”, concluye Yasmin.

swissinfo, Belén Couceiro

El reportaje continúa en MAS SOBRE EL TEMA

Contexto

Una de cada cinco mujeres sufre violencia física en algún momento de su vida, y una de cada cuatro, violencia psicológica.

La ‘Frauenhaus’ puede acoger a siete mujeres. Si no dispone de habitaciones libres, organiza la acogida de la víctima en otro centro del cantón (Biel y Thun).

La dirección del centro es secreta por razones de seguridad. El número de teléfono es: +41 031 332 55 33.

Durante el día las llamadas se atienden en horarios precisos (contestador automático) y durante la noche desde las 20.00 hasta las 07.00 horas.

El centro ofrece también orientación telefónica a mujeres en situaciones difíciles. 253 mujeres se beneficiaron el año pasado de este servicio.

De las 64 mujeres víctimas de malos tratos acogidas en el 2002, el 26% regresó con su marido.

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