"El Nelson Mandela del siglo XXI será una mujer musulmana"

Pilar Rahola, recibe el premio de manos de Yvette Lawi, de UN Watch. en Ginebra. UN Watch

La escritora y periodista catalana Pilar Rahola recibió este martes en Ginebra el Premio Morris B. Abram, otorgado por UN Watch. Esta ONG honra así su compromiso feminista y con la causa de la libertad. Entrevista exclusiva a swissinfo.ch.

Este contenido fue publicado el 07 abril 2011 - 17:07
Rodrigo Carrizo Couto, Ginebra, swissinfo.ch

Pilar Rahola es una de las más controvertidas voces en los medios de comunicación españoles. Amada u odiada, sus tomas de posición sobre temas que van desde los toros hasta los derechos de la mujer o el lugar del islam en las sociedades democráticas raramente dejan indiferente a la opinión pública.

 

swissinfo.ch: ¿Qué representa para usted este premio?

 

Pilar Rahola: Es un gran honor por dos motivos. Primero, por la propia naturaleza de UN Watch, que ha demostrado su coraje al denunciar hechos como que Libia se siente en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Pero también porque me ilusiona formar parte de esa lista de personas premiadas entre las que hay mujeres que son grandes luchadoras por la causa de la libertad y los derechos humanos.

Un premio de este calibre moral te obliga a ser responsable. Lo recibo en nombre de millones de mujeres musulmanas a las que nadie nunca escucha, y a las que la ONU tampoco defiende.

swissinfo.ch: Hablando de musulmanes, ¿nos enfrentamos a un auge de los populismos en Europa?

 

P.R.: Si se refiere a un auge del populismo porque Europa vive una crisis de ideologías, en la que los políticos que nos dirigen son mediocres, estoy de acuerdo. Vivimos en un mundo hecho de consignas, y no de ideas.

Si se refiere al auge de la derecha política, es igualmente cierto, pero cierta izquierda radical gana cada vez más espacio. Entre estos dos polos el debate serio es cada vez más difícil. Nuestros líderes solo se mueven por encuestas.

swissinfo.ch: ¿Es usted consciente de tener muchos enemigos?

 

P.R.: Me alegra molestar a los sectores más retrógrados de la sociedad. Salvando las obvias distancias, me identifico con Albert Camus cuando afirmó que Stalin no era el padre de la libertad de los pueblos y fue ‘linchado’ por las izquierdas de la época.

swissinfo.ch: Usted es especialmente controvertida por su toma de posición pública en defensa de Israel.

 

P.R.: Es muy relativo que mi postura genere tanta controversia. No hay que confundir a los que hacen mucho ruido mediático con la opinión pública. De hecho, hay una masa silenciosa que me aplaude,y mis artículos acerca de Israel en ‘La Vanguardia’ tienen muchos lectores.

swissinfo.ch: Pero parece usted una incondicional de Israel.

 

P.R.: En absoluto. No todo lo que hace Israel me parece bien. Pero lo que no soporto y denuncio es la criminalización del Estado de Israel. Por lo visto, al menos en España, ser progresista quiere decir, necesariamente, apoyar a Palestina y denostar a Israel.

Pero en este mundo existen esclavitud, abusos de todo tipo y crímenes que parecen no interesar a nadie. Pero atención: me preocupa el dolor de Palestina y su gente, me siento solidaria con ellos. Lo que no soporto es la mirada acrítica al conflicto.

swissinfo.ch: ¿En qué sentido?

 

P.R.: La opinión pública internacional no parece entender la verdadera naturaleza de esta lucha. No hablamos de niños armados con piedras, sino de países como Irán y Siria, que se ocultan detrás de este conflicto para hacer avanzar sus intereses.

Hay que entender que Israel no lucha ‘contra’ Palestina, sino contra países muy poderosos, uno de los cuales está a punto de tener la bomba atómica y ha jurado borrar a Israel del mapa. Mientras que el muro de Ceuta y Melilla no causa ningún conflicto, el de Israel es un drama, lo que demuestra que lo que exigimos a Israel no lo aplicamos en España.

swissinfo.ch: ¿Por ejemplo?

 

P.R.: Imagine cómo reaccionaría España si tuviera enemigos armados dentro y fuera de sus fronteras, a los que se suman grupos de activistas ‘humanitarios’ financiados por potencias extranjeras. ¿Cuánto cree que podría durar una situación semejante?

swissinfo.ch: Esta semana el juez Goldstone se ha retractado de su informe crítico hacia Israel por sus acciones militares en Gaza en 2008.

 

P.R.: Forma parte de las mentiras que se dicen acerca de Israel. Pienso que el juez sudafricano se dejó llevar por el calor del momento. Le honra haberse retractado, pero el daño ya está hecho. Lo cierto es que contra Israel se vive muy bien.

swissinfo.ch: ¿A qué se refiere?

 

P.R.: A que asumir la defensa de algunos aspectos de Israel equivale a asumir riesgos. Yo he llegado a perder amigos por mis posturas al respecto. Amigos con los que no tuve problema al tomar posiciones en temas como los toros o los derechos de la mujer.

swissinfo.ch: Hablemos de su militancia feminista.

 

P.R.: Durante años mi lucha fue por ayudar a la mujer occidental y española. Pero España ha evolucionado de forma increíble, aunque aún quedan cosas por hacer. En estos últimos 15 años he puesto el foco en los derechos humanos de la mujer musulmana. Estoy convencida de que el islam cambiará gracias a ellas. El Nelson Mandela del siglo XXI será una mujer musulmana.

swissinfo.ch: ¿En quién piensa?

 

P.R.: Hay muchas, pero pienso en la abogada iraní Shirin Ebadi, que es un ejemplo de coherencia. O en la intelectual Taslima Nasrin, con tres fatwas (NDA: condenas a muerte islámicas) a sus espaldas. O la psiquiatra siria Wafa Sultan, quien tras comprobar los abusos a los derechos humanos en su país, terminó asilada en los Estados Unidos. O la francesa Fadela Amara, fundadora de la ONG ‘Ni Putas ni Sumisas’. O la admirable Ayaan Hirsi Ali, bajo condena a muerte por cuestionar el islam.

Me enorgullezco de contar musulmanas entre mis buenas amigas. ¿Pero sabe lo peor? Es que marginando este enorme potencial humano, se pierden grandes valores para sus sociedades. Y todo ello con el silencio cómplice de la comunidad internacional. Me siento profundamente solidaria con la mujer musulmana.

swissinfo.ch: ¿Europa hace lo suficiente por integrar la inmigración, en particular musulmana?

 

P.R.: La inmigración se debe aceptar. Creo que una sociedad heterogénea es algo deseable, pero no estoy de acuerdo con el ‘buenismo’ paternalista que lo perdona todo. No puede ser que los enemigos de la democracia puedan ampararse en nuestras leyes democráticas.

swissinfo.ch: ¿Cuál es su problema con el islam?

 

P.R.: No tengo nada contra el islam, sino contra la ideología totalitaria que utiliza el islam como bandera. El islam radical quiere cambiar las leyes europeas, regular los más nimios aspectos de la vida íntima e incluso cambiar nuestras costumbres. Dado que esto es así, ya no se trata de una religión, sino de una ideología. Y de una ideología totalitaria.

swissinfo.ch: ¿Qué valoración hace como periodista de la ‘primavera árabe’?

 

P.R.: He estado en la Plaza Tahrir (El Cairo) como enviada de ‘La Vanguardia’ y pude hablar con mucha gente. Mi conclusión temporal y expectante es que la revolución tiene un 50% positivo porque incluye a la juventud. Y un 50% negativo, pues incluye a los Hermanos Musulmanes que llevan décadas esperando este momento.

swissinfo.ch: ¿Vivimos realmente, según afirman ciertas voces, en un mundo regido por el pensamiento único ante el fenómeno del integrismo islámico?

 

P.R.: El silencio ante lo que pasa tiene bases muy concretas. Se trata del miedo. Miedo real y físico, puesto que mucha gente ha perdido la vida y ha sufrido mucho por intentar oponerse a esta ola islamista. Aparte, existe el temor al ostracismo provocado por la corrección política imperante. No olvidemos que el terrorismo islamista es una maquinaria bien engrasada, generosamente financiada y perfectamente organizada.

Yo creo que hay tres elementos que caracterizan nuestro tiempo. Se trata del silencio; el apaciguamiento, que recuerda a las políticas cobardes de Chamberlain frente a Hitler y, por último, la traición a nuestros valores.

swissinfo.ch: ¿Cómo analiza usted el voto suizo contra los minaretes de 2009?

P.R.: No soy una especialista de la política suiza, pero considero que el minarete no es un símbolo religioso, sino de dominación política. Una mezquita puede funcionar perfectamente sin minaretes. Es un símbolo político que rompe el equilibrio y la convivencia en Suiza. Entiendo ese voto, puesto que de lo que realmente se trata es del lugar del islam en una democracia moderna.

swissinfo.ch: ¿Cuáles son sus proyectos actuales?

P.R.: La semana entrante se publica mi libro ‘La república islámica de España’. En este trabajo identifico las redes del integrismo islámico en España. Un libro que dará mucho que hablar.

Premio Morris B. Abram

Pilar Rahola ha sido galardonada en Ginebra por la ONG UN Watch con el premio de derechos humanos Morris B. Abram.

El galardón, que honra el legado de ese activista estadounidense por los derechos humanos y diplomático que en 1993 fundó UN Watch, le fue entregado el martes (5.4.)en una cena de gala en Ginebra con la presencia de miembros de las Naciones Unidas y embajadores.

Según UN Watch, la columnista de ‘La Vanguardia’ ha sido elegida “por su incansable campaña en favor de los derechos de las mujeres y los niños, por su defensa del imperio de la ley, por su combate de la intolerancia, del racismo y el antisemitismo”.

La ONG señala que Rahola “ha sido una destacada opositora a todas las formas contemporáneas de antisemitismo y otras formas de intolerancia”.

La anterior edición del premio Morris B. Abram fue para Masuda Jalal, primera mujer que se presentó a las elecciones presidenciales en Afganistán.

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Pilar Rahola

Nace en Barcelona en 1958, en el seno de una familia de fuertes convicciones republicanas y antifascistas.

Es doctora en Filología Hispánica y Catalana por la Universidad de Barcelona.

Escribe regularmente en el diario ‘La Vanguardia’ de Barcelona y colabora con Onda Cero y TV3. Como periodista ha cubierto la Guerra del Golfo, de los Balcanes y la Caída del Muro de Berlín.

Entre 1993 y 2000 fue diputada en el Parlamento español por Izquierda Republicana Catalana, y entre 1994 y 2000 vicealcalde de Barcelona.

Entre otros premios, ha obtenido el Josep Casanovas de Periodismo en 1991.

Está casada y tiene tres hijos.

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