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"Los países europeos llevan 30 años intentando acelerar los procedimientos de asilo"

Agentes de la policía griega controlan a los refugiados en la frontera con Macedonia del Norte. Keystone / Nikos Arvanitidis

Hace un año y medio Suiza introdujo un nuevo sistema para tramitar las solicitudes de asilo con mayor rapidez. Este deseo de acelerar los procedimientos ha sido "un mar de fondo" durante mucho tiempo en Europa, asegura la especialista en migración Virginie Guiraudon.

Este contenido fue publicado el 30 noviembre 2020 - 11:00

Mejorar la clasificación de los solicitantes de asilo y acelerar los procedimientos para integrarlos o devolverlos más rápidamente es el objetivo del nuevo sistema de asilo suizo que entró en vigor en marzo de 2019. Desde entonces, no han dejado de producirse las críticas, tanto de las asociaciones de defensa de los solicitantes de asilo como de los juristas: los motivos de asilo y el estado de salud no están suficientemente establecidos, los plazos para las apelaciones son demasiado ajustados y el proceso de clasificación conduce con demasiada frecuencia a un procedimiento acelerado.

Por su parte, las autoridades han hecho ajustes, pero creen que el proceso está funcionando.

Esta voluntad de acelerar el examen de las solicitudes de asilo no es algo nuevo. La mayoría de los países europeos ha intentado durante mucho tiempo apresurar sus procedimientos. De hecho, este es uno de los objetivos del nuevo pacto sobre migración y asiloEnlace externo, que se está negociando actualmente en la Unión Europea. Sin embargo, la efectividad de este principio es cuestionable, señala Virginie GuiraudonEnlace externo, directora de investigación del Centro de Estudios Europeos y Política Comparada, de París.

swissinfo.ch: Suiza ha introducido un nuevo sistema de tramitación de solicitudes de asilo para acelerar los trámites. ¿Han hecho lo mismo otros países europeos?

Virginie Guiraudon es directora de investigación del Centro de Estudios Europeos y Política Comparada SciencesPo, de París. Virginie Guiraudon

Virginie Guiraudon: Realmente, ha habido un mar de fondo con esto durante mucho tiempo. En Europa ya se hablaba de procedimientos acelerados antes de la firma de los acuerdos de Dublín en 1990. En Francia, entró en vigor una reforma en 2015. Luego, la ley volvió a modificarse tras la elección de Emmanuel Macron como presidente, siempre con la idea de crear varias vías: un trámite acelerado y un trámite “normal”. La idea de que hay "países seguros" y "demandas manifiestamente infundadas" ya se refleja en el Tratado de Dublín original, por lo que me entran ganas de decir que los países europeos llevan ya 30 años tratando de acelerar los procedimientos.

Pero esta clasificación no acelera realmente las devoluciones. El momento en que se deniega el asilo a la persona puede ser más rápido, pero es difícil para todos los Estados obtener una autorización consular del país de origen para poder llevar a cabo la expulsión.

En los otros países europeos, ¿estas reformas destinadas a acelerar los procedimientos son también criticadas por los expertos y las organizaciones de defensa de los solicitantes de asilo?

Sí, y esas críticas han sido también validadas por estudios cualitativos. De hecho, se da un doble efecto perverso: al haber menos tiempo disponible, los expedientes de los solicitantes se van a estandarizar para satisfacer las expectativas de los funcionarios que revisan las solicitudes, y estos funcionarios también utilizarán "atajos" para determinar si una persona acaba o no en una "casilla". Acelerar significa que no se va a examinar la historia en detalle, que no se buscará información adicional, sino que se van a estandarizar los procedimientos en ambos lados.

¿Esta aceleración es también un objetivo del nuevo pacto europeo sobre migración y asilo, actualmente en negociación?

Totalmente. La idea es que se registre al solicitante de asilo, se le tomen las huellas digitales y se le dirija a un procedimiento de deportación rápida o un procedimiento de traslado a un país europeo para presentar una solicitud de asilo. Está escrito en negro sobre blanco que las devoluciones deben hacerse muy rápidamente, en solo unos meses, pero no está claro cómo llevarlas a cabo. El pacto también prevé que las personas sean clasificadas ya no examinando las solicitudes individualmente, sino según su nacionalidad. Las personas cuyas nacionalidades hayan tenido poco éxito en los procedimientos de asilo de diferentes países serán dirigidas a un procedimiento acelerado en la frontera. Sin embargo, esta clasificación me parece extremadamente compleja, ya que los tipos de reconocimiento cambian cada año y las normas para la concesión de asilo difieren de un país a otro

Clasificar a las personas por su nacionalidad es, en cualquier caso, muy problemático. Pienso, por ejemplo, en los opositores políticos o en la persecución por motivos de género, que va en aumento en algunos países que pueden no ser dictaduras, pero donde cierta parte de la población se ve obligada a exiliarse.

Me pregunto también cómo estos procedimientos fronterizos van a mejorar la situación. En Grecia, por ejemplo, hay gente que lleva allí años sin que se haya aclarado su situación. No se les traslada a otro país europeo, pero tampoco se les envía a casa, por lo que se quedan en esos campamentos.

¿Teme usted que este nuevo pacto conduzca a la formación de grandes campamentos en las fronteras de Europa?

Esto es exactamente lo que debería abordar el pacto, pero el texto, de varios centenares de páginas, es una obra maestra de la jerga burocrática. No está claro cómo lo que se propone puede resolver el problema de las personas en espera. Será necesario que haya un número suficiente de países europeos que acepten las relocalizaciones y habrá también que encontrar una solución para las devoluciones, porque en estos momentos hay algunos países que están aceptando recuperar a sus ciudadanos, pero otros se demoran bastante.

Con este nuevo pacto, ¿se desea trasladar el examen de las solicitudes de asilo a las fronteras de Europa?

Existe una idea aún más dura defendida por Alemania, país que ocupa la presidencia de la Unión Europea hasta fin de año, para que los centros de registro estén situados fuera de Europa, más al sur, al otro lado del Mediterráneo.

¿Qué papel puede desempeñar Suiza en las negociaciones de este nuevo pacto europeo?

Suiza es uno de los países fundadores de todo el sistema, ha participado en los debates desde el principio y ha impulsado muchas conferencias intergubernamentales sobre asilo desde la década de 1990. Sin ser miembro de la Unión Europea, es un actor clave y participa también en grupos de reflexión internacionales, así como en la Organización Internacional para las Migraciones. Aunque Suiza no participa directamente en las negociaciones actuales, los intereses de este país y su filosofía están muy bien representados.

Traducción del francés: José M. Wolff

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