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Un colegio para huir de la miseria de los townships

La mirada en los rostros de los alumnos de Amsai lo dice todo. Estan contentos. swissinfo.ch

Desde hace diez años, varias empresas suizas apoyan Amsai, una escuela primaria en uno de los barrios periféricos más pobres de Johannesburgo, Sudáfrica.

Este contenido fue publicado el 10 agosto 2005 - 12:22

Cerca de 1.300 alumnos estudian en unas aulas equipadas con un centro informático excelente. La escuela es su única vía para la salir de la pobreza.

"Me llamo Tseko Moloi, tengo 13 años y vivo en Orange Farm". El niño muestra, con una sonrisa de oreja a oreja, el texto que acaba de escribir en el ordenador. Estamos en una clase de unos cuarenta niños que aprenden a familiarizarse con los rudimentos de la informática.

Un grupo de unas veinte personas aplaude: son suizos y están de visita. Son ellos quienes han financiado el centro de informática de la escuela primaria Amsai, inaugurado en 1993. "Es más difícil entrar aquí que en Fort Knox", afirma en tono irónico Oskar Brandenberg, el ex director del Crédit Suisse-Sudáfrica. "Los robos de ordenadores son una auténtica plaga en las escuelas sudafricanas, pero aquí no ha desaparecido ninguno".

La razón resulta evidente. Las rejas altas y las vallas eléctricas protegen el centro. Y para acceder a las aulas donde, por la noche, se imparten clases a los habitantes del barrio, hay que atravesar varias puertas alambradas.

Cabañas con techos de calamina

La escuela de Amsai, con sus pulcros edificios y el jardín meticulosamente cuidado, contrasta con la miseria del barrio que la rodea. Fundada en 1989 por una ONG india – Ananda Marga Universal Relief Team – esta escuela privada se encuentra en el corazón de Orange Farm, un distrito negro situado a 30 km al sur de Johannesburgo, que cuenta con cientos de miles de habitantes.

Desde hace dos décadas, el gobierno concede pequeños terrenos a la gente que llega del campo en busca de un trabajo en Johannesburgo. Algunos se han construido una vivienda, pero muchos siguen viviendo en chavolas de chapa.

"La mayoría de nuestros alumnos son criados por sus abuelas que carecen de medios para cubrir los gastos escolares, aunque éstos se elevan sólo a 20 francos anuales", lamenta el director de la escuela, Dayaran Padayachee. "Pero preferimos acoger a los niños, ya que aquí están alimentados y estudian en un buen ambiente".

Dos nuevas aulas

El número de alumnos inscritos se ha duplicado en diez años. Hay más de cuarenta niños por clase. Ahora las empresas suizas van a financiar la construcción de dos nuevas aulas que se sumarán a las 16 construidas hace una década, con ayuda del gobierno helvético.

En 1997, la escuela fue "adoptada" por el Swiss Business Council (SBC), que cuenta con 50 miembros, entre los que figuran todas las grandes multinacionales con filiales en Sudáfrica (Nestlé, ABB, Holcim, Novartis, Roche, Clariant, etc.).

"No se puede venir aquí pensando únicamente en las ganancias", confiesa Juerg Schalch (Bari Internacional), ex presidente del SBC. "Aquí, el índice de desempleo es alto, la pobreza, alarmante, y dados los antecedentes históricos de Sudáfrica, creo que tenemos más responsabilidad que en otros lugares".

Activismo de las empresas suizas

La mayoría de las empresas suizas lleva cuatro o cinco décadas en Sudáfrica. A diferencia de las estadounidenses y francesas, nunca retiraron sus inversiones en protesta contra el régimen de segregación racial, el apartheid. Es más: se llegó a acusar a los bancos helvéticos de haber financiado al gobierno racista blanco, cuando se decretaron las sanciones.

¿Será por eso que ahora las empresas suizas se comprometen tanto? "Yo no diría eso", responde Alexander Weissleder (Swiss Re). "Tenemos proyectos sociales en todos los países en los que trabajamos". "Nuestro compromiso se remonta a 1993, una fecha anterior a esta controversia", agrega Oskar Brandenberg.

El SBC invirtió 300.000 francos suizos en la escuela hace ocho años, monto al que se suman donaciones individuales por parte de las empresas. Además de la construcción de aulas, los suizos han financiado una serie de proyectos en la escuela: terreno de deportes, mobiliario escolar, excavación de un pozo para el proyecto de horticultura, etc.

La Fundación Carl Schlettwein, de Basilea, también financió un programa destinado a que las maestras se formaran en los métodos modernos del aprendizaje de la lectura. Cada clase recibió 60 libros.

Ayuda de la cooperación suiza

Finalmente, la Iniciativa de cooperación Suiza-Sudáfrica (Swiss-South African Co-operation Initiative, SSACI), financiada a partes iguales por las empresas suizas y por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), destinó 480.000 francos al equipamiento y la formación de profesores del centro informático.

Este no es el único proyecto que costean las empresas suizas en Sudáfrica. A través de SSACI, respaldan también muchos otros proyectos. Entre ellos destaca el programa de formación y prácticas empresariales I-fundi dirigido a 220 jóvenes que trabajan en los centros de atención de llamadas.

Todos tienen garantizado un empleo al término del programa. "La mayoría de los jóvenes que concluye su escolaridad se encuentra en el paro", explica André Lombard (Schindler), que tiene contratados a 4 jóvenes en formación. "Lo importante es ayudarles".

swissinfo, Valérie Hirsch, Johannesburgo
(Traducción del francés: Belén Couceiro)

Contexto

Amsai es una pequeña escuela privada, fundada en 1989 por una ONG india.

Empresas suizas financian el centro informático de la escuela, inaugurado en 1993.

El número de alumnos escritos se ha duplicado en diez años.

Las empresas suizas van a financiar la construcción de dos nuevas aulas que se sumarán a las 16 construidas hace diez años, con ayuda del gobierno helvético.

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