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Una de cada diez personas en Suiza es pobre

Las mujeres carecen a menudo de una formación suficientes que les garantice una existencia económica segura. Caritas

Existe una relación directa entre la educación escolar y la pobreza que sufre entre el 10% y 12% de la población helvética, señala un estudio de Caritas.

Este contenido fue publicado el 24 mayo 2004 - 20:02

La organización socio-caritativa pide que se adopten medidas en el ámbito de la política laboral y familiar y se garantice la igualdad de oportunidades en la escuela.

Según la Conferencia Suiza de Instituciones de Acción Social (CSIAS), se considera como pobre todo hogar cuyos ingresos (después de deducir las cotizaciones a la seguridad social y los impuestos) es inferior a los 2.200 francos mensuales en el caso una persona sola y de 4.300 francos en el de una familia con dos hijos.

“La pobreza es un escándalo en un país rico como el nuestro”, afirma Jürg Krummenacher.

El director de Caritas subraya que la brecha entre ricos y pobres se ha acrecentado en los últimos años y que el fenómeno se ha extendido a la clase media.

Basándose en un estudio realizado por la organización dedicada a la acción socio-caritativa y presentado este lunes en Berna, Krummenacher solicita que se adopten medidas en los ámbitos de la familia y de la formación.

Formación y pobreza

El estudio ‘Riesgo de pobreza n° 1: una mala formación’ establece una estrecha relación entre la pobreza y el nivel de formación: cuanto más escaso el bagaje escolar, mayor es el riesgo de pobreza.

A lo largo de su vida, las personas poco cualificadas se verán más expuestas a situaciones de pobreza. El paso de la formación a la vida profesional, la fundación de una familia, la pérdida de un empleo o una separación son determinantes para caer en la de pobreza.

Según Caritas, esos factores que influyen sobre la duración del estado de precariedad y la exclusión social intervienen a una temprana edad.

Una formación insuficiente tendrá consecuencias sobre todos los aspectos de la vida. Una persona, por ejemplo, que no haya concluido la enseñaza obligatoria vivirá siempre con el riesgo de caer en la pobreza.

Apenas el 86% de los hombres en edades comprendidas entre los 30 y 64 años sin más formación que la escolaridad obligatoria tenía un empleo en el año 2000, frente al 92,9% de los que disponían de un certificado de aprendizaje o de un título de bachillerato.

Una formación insuficiente limita las posibilidades de promoción en el mercado laboral y aumenta el riesgo de perder un empleo debido a los vertiginosos avances tecnológicos. La formación condiciona incluso la elección de una pareja para la vida.

Mujeres más afectadas

El nivel de formación de los padres influye también en el éxito escolar de los hijos. Asimismo existe una estrecha relación entre el nivel de formación, la salud y las expectativas de vida.

Quienes disponen sólo de una formación básica corren un mayor riesgo de contraer una enfermedad o de padecer invalidez. Además, sus expectativas de vida son menores que las de las personas que tienen una formación escolar más completa.

También es un hecho que las mujeres se ven confrontadas con la pobreza más a menudo que los hombres, señala Carlo Knöpfel, responsable de los estudios de Caritas Suiza.

El riesgo es especialmente elevado en el caso de las extranjeras que crían solas a sus hijos y carecen de un bagaje escolar bueno, pero también en el caso de las familias con más de dos hijos y de los hombres que no viven en pareja.

Reformar la política de formación

Las reformas del sistema de educación realizadas en las décadas de 1960 y 1970 tenían como objetivo facilitar el acceso a los estudios a todos los jóvenes. No se ha alcanzado esa meta, afirma Carlo Knöpfel. Sigue existiendo una relación entre el origen social y la probabilidad de cursar estudios superiores.

Por consiguiente, la lucha contra la pobreza pasa, en primer lugar, por garantizar la igualdad de oportunidades para acceder a una buena formación.

“Hay que actuar sobre todo en el ámbito de la educación, es decir, con los niños en edad preescolar y en las pequeñas clases”, explica el director de Caritas, Jürg Krummenacher.

Asimismo se necesita crear más instituciones complementarias a la familia – guarderías, grupos de juego o jardines de infancia -, extender el sistema de becas y armonizar los reglamentos cantonales en materia de préstamos.

En el campo profesional, es necesario impulsar la formación continua introduciendo por ejemplo una excedencia pagada con ese fin.

La política de formación debe ser completada por el fomento de ofertas de puestos de aprendizaje y la introducción de prestaciones complementarias para las familias necesitadas.

Corresponde a los políticos y a los patrones diseñar una política de esas características.

swissinfo y agencias

Datos clave

La pobreza afecta a 850.000 personas en Suiza, de las cuales 220.000 niños.

En el 2002, el umbral de la pobreza se situaba en 2.200 francos mensuales para una persona sola y en 4.300 francos para una familia con dos hijos.

Se considera como pobre todo hogar cuyos ingresos – después de deducir las cotizaciones a la seguridad social y los impuestos – son inferiores.

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Contexto

Cerca del 10% de la población vive en la precariedad durante periodos largos. Un mayor porcentaje se ve confrontado con la pobreza durante periodos más limitados:

En esos casos el problema se debe principalmente al desempleo o al divorcio.

Según Caritas, cuanto menor es el bagaje escolar, más riesgo hay de sucumbir a la pobreza.

El riesgo es particularmente elevado en el caso de las mujeres que crían solas a sus hijos o de los hombres que viven solos.

Caritas Suiza es una organización de ayuda, fundada en 1901 y con sede en Lucerna.

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