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Democracia directa suiza


"Las iniciativas no deben jugar con fuego"



Por Renat Kuenzi, Zúrich




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Suiza necesita un Tribunal Constitucional para frenar iniciativas populares que van en contra de principios fundamentales, sostiene Katja Gentinetta, filósofa de la política. (SRF/Oscar Alessio)

Suiza necesita un Tribunal Constitucional para frenar iniciativas populares que van en contra de principios fundamentales, sostiene Katja Gentinetta, filósofa de la política.

(SRF/Oscar Alessio)

El sistema político suizo tiende a sobredimensionar la soberanía popular, sostiene Katja Gentinetta.  Según la filósofa, muchos ciudadanos apoyan iniciativas populares controvertidas para dar una lección a la clase política, pero no son conscientes de que están jugando con fuego.

swissinfo.ch: ¿Está usted orgullosa como ciudadana suiza de tener más voz y voto en materia política que los demás?

Katja Gentinetta: Orgullo no es la palabra adecuada, porque el mérito no es mío. El derecho a votar y a elegir es más bien un regalo de la historia, algo único, de lo que deberíamos ser conscientes. Y ejercer esos derechos es una forma de cuidarlos.

swissinfo.ch: Hoy existe una fuerte tendencia retro entre la gente joven. ¿Puede ser que invocar la democracia directa, en la que el pueblo tiene el derecho a la última palabra —como suele generalizar la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora)—, represente la transferencia de este fenómeno al ámbito político?

K. G.: Ocurre exactamente lo contrario. Este partido incorpora de manera muy coherente las posibilidades de comunicación de la sociedad mediática moderna a su trabajo político. No es una vuelta al pasado, sino la utilización de las más novedosas posibilidades de comunicación. En cuanto al contenido, este partido transmite obviamente la imagen de una Suiza tradicional, pero esto es otro tema.

Katja Gentinetta

Doctora en filosofía, Katja Gentinetta dirige desde 2011 con Heike Scholten la empresa ‘Gentinetta*Scholten Wirtschaft Politik Gesellschaft’, que asesora empresas, instituciones y particulares en cuestiones sociopolíticas.

Es también docente en varias universidades y escuelas superiores suizas, y durante cuatro años presentó el programa ‘Sternstunde Philosophie’ en la televisión suiza de expresión alemana SRF.

Entre 2006 y 2011 fue vicedirectora de Avenir Suisse, laboratorio de ideas de la economía suiza.

Gentinetta es, además, autora de varios libros sobre cuestiones relacionadas con el Estado social y la política europea de Suiza.

swissinfo.ch: Tras el ‘sí’ a la iniciativa ‘Contra la inmigración masiva’ el 9 de febrero de 2014, usted habló de la “tiranía de la minoría”. ¿En qué momento una decisión tomada de forma democrática y directa se transforma en una “tiranía de la minoría”?

K. G.: Con este comentario quería apuntar a la UDC, que de hecho representa solo el 30% del electorado, pero que con semejantes iniciativas logra mayorías, por muy escasas que sean.

En mi opinión, es aquí dónde se halla uno de los puntos cruciales del sistema. Tenemos una democracia de consenso, que vive precisamente del hecho de que los partidos no alcancen un poder absoluto, sino que encuentren compromisos entre ellos. Pero la UDC, que actualmente goza de gran éxito, apuesta sistemáticamente por la mayoría, y lo hace mediante iniciativas populares problemáticas.

swissinfo.ch: ¿Por qué a la UDC le sale tan bien esta jugada ofensiva contra otros agentes políticos como el Gobierno, el Parlamento, los partidos, las asociaciones y las organizaciones, que antes marcaban tanto la vida política?

K. G.: Lo que está claro es que el mundo ha cambiado desde que el pueblo rechazó el ingreso de Suiza en el Espacio Económico Europeo en 1992, hace algo más de 20 años. Vivimos en un mundo globalizado, en el que los mercados y las fronteras son cada vez más permeables. Vivimos, además, en un mundo político, en el que resulta cada vez más difícil discernir entre lo que es política interior y política exterior. En Suiza, la política exterior fue durante mucho tiempo dominio del Partido Liberal Radical (PLR), mientras que la UDC determinaba la política agraria. Pero en un mundo, en el que las pautas las marca la Organización Mundial del Comercio (OMC), esto ya no funciona.

En su fase de despegue, la UDC fue el partido que más se centró en el trabajo de base. A lo largo de los últimos veinte años, ha reclutado continuamente personal para mandarlo al encuentro con la gente. Además, disponía y sigue disponiendo de amplios recursos financieros. Estos veinte años han cambiado la cultura política de este país.

swissinfo.ch: ¿Qué ocurre con los demás agentes, especialmente con los partidos?

K. G.: No podemos echarle la ‘culpa solo a la UDC. Otros partidos han practicado también políticas partidistas en los últimos veinte años. La cuestión es: ¿Por qué fueron más débiles? ¿Apostaron por soluciones equivocadas?  ¿Hicieron menos ruido? ¿O tenían menos dinero?

La globalización ha desempeñado un papel importante. No nos ha traído la felicidad, sino que ha hecho que la gente sea más temerosa. Es más fácil hacer una política que juega con los miedos de la gente, que una política enfocada en las posibilidades y oportunidades.

swissinfo.ch: En cambio, las cifras muestran que Suiza ha superado mucho mejor las consecuencias de la crisis financiera global de 2008 y 2009 que sus vecinos europeos.

K. G.: Antes de que llegara aquel momento, era válido el argumento: “Si algo es bueno para la economía, lo es también para Suiza". Pero con el rescate del banco UBS por el Estado y la aprobación de la iniciativa ‘Contra las remuneraciones abusivas’ (dirigida contra los mánager y sus gratificaciones millonarias, n.d.l.r.) este argumento ya no funciona. Esto ha supuesto una ruptura con la tradicional política suiza, que nos cuesta asimilar.

swissinfo.ch: La democracia de este país multicultural y multiforme dispone de un sistema muy equilibrado que ha garantizado la concordia, el sentido común, la seguridad, la unidad, la estabilidad y la prosperidad. ¿Hay que reajustar este sistema de equilibrio de poderes?

K. G.: Se trata de plantear la cuestión fundamental sobre el sistema. No me gustaría limitar o llegar a pensar en abolir la democracia directa. Pero es digna de consideración la propuesta que hizo la excanciller de la Confederación, Annemarie Huber-Hotz, en la que planteó volver a las raíces del derecho de iniciativa. En 1891, este derecho se creó, no para los partidos establecidos, es decir, para los que participaban en el poder, sino para una parte de la población, la que no estaba representada de manera directa por agentes elegidos u otras autoridades.

Siempre barajo la idea de crear un Tribunal Constitucional, aunque sea algo prácticamente impensable en Suiza. El análisis ‘La democracia en América’ (1835), de Alexis de Tocqueville, nos cautiva aún hoy. En esta obra, el autor llega a la conclusión de que la democracia directa es algo maravilloso siempre que tenga un freno. El Tribunal Constitucional es la instancia que podría poner fin a lo que él llamaba la “tiranía de la mayoría”.

swissinfo.ch: ¿Y cuándo exactamente hay que aplicar el freno?

K. G.: El Tribunal Constitucional establece que en democracia ciertos principios son innegociables. El sistema en Suiza adolece de un enaltecimiento excesivo de la soberanía popular. Nadie cuestiona ya si el pueblo puede o debe decidir sobre todas y cada una de las cosas.

Actualmente, esta cuestión culmina en la discusión en torno a si prevalece el derecho nacional o el derecho internacional. A fin de cuentas, se trata de preguntarnos si podemos o queremos pronunciarnos democráticamente sobre los derechos humanos y su validez. A mi parecer, es aquí donde llegamos al límite. Estos límites son necesarios para ordenar las cosas fundamentales de nuestra vida en común.

swissinfo.ch: Dice usted que ya no son el consenso y el compromiso los que dominan la política suiza, sino el griterío y la radicalización. ¿Cómo podemos reforzar el consenso y la concordancia, si las propuestas simbólicas de la UDC, que implican un elevado grado de polarización, se convierten en el modelo de éxito político?

K. G.: Todos los actores políticos, tanto el Poder Ejecutivo como Legislativo en todos los niveles federales, los partidos, las asociaciones, las organizaciones y, por supuesto, también los ciudadanos, deben reflexionar sobre el modelo de Suiza que prefieren y cuáles son los requisitos para ese modelo de país.

En el caso de las iniciativas, que tienen una repercusión en el ámbito constitucional, es necesario que seamos conscientes de lo siguiente: No podemos jugar con fuego, no son instrumentos para dar una lección a la clase política. Los ciudadanos que expresan de esta manera su descontento en Suiza, inspirados por los “ciudadanos iracundos” en el extranjero, posiblemente no se den cuenta de que, en lugar de dar una lección a alguien, están ratificando un artículo constitucional. Es importante que este matiz vuelva a estar presente en nuestras mentes para que comprendamos mejor el alcance de tales decisiones.

swissinfo.ch: ¿Se encuentra hoy la democracia suiza en un momento decisivo?

K. G.: Creo que sí, ya solo por el hecho de que hoy el debate sobre el derecho de iniciativa discurre con una nueva calidad. Y eso es bueno.


Traducción del alemán: Antonio Suárez Varela, swissinfo.ch

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