COI versus votantes Sion 2026 sueña con unos JJOO sostenibles




El cantón del Valais podría acoger los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026. 

El cantón del Valais podría acoger los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026. 

(Keystone)

Pese al no rotundo de los votantes grisones, cabe aún la posibilidad de que Suiza siga en liza para los Juegos Olímpicos de Invierno con la candidatura de ‘Sion 2026’. Por una vez, el escepticismo de los votantes hacia la organización del tercer evento deportivo más grande del mundo no parece ser el principal obstáculo, sino más bien los propios responsables el Comité Olímpico Internacional (COI).

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El 11 de abril, el parlamento del deporte de Swiss OlympicsEnlace externo, que aglutina las federaciones deportivas, decidirá si el Comité Olímpico Suizo lanza la candidatura de Sion para los Juegos de Invierno de 2026. Es la última candidatura suiza aún en liza que reúne a los cantones del Valais, Vaud, Friburgo y Berna, a los que se suma el de los Grisones – puesto que las competiciones de bobsleigh tendrían lugar en St. Moritz.

‘Sion 2026’Enlace externo aspira a organizar unos Juegos descentralizados y ecológicamente sostenibles. Este objetivo cumple las nuevas directivas del COI contempladas en la reforma ‘Agenda 2020Enlace externo’ que el comité ejecutivo aprobó en 2014. Tras las experiencias desastrosas desde el punto de vista de los derechos humanos, el medio ambiente y las finanzas públicas que se vivieron en los JJOO de Invierno de 2014 en Sochi, Rusia, y en los de Verano de 2016 en Río, el COI formuló 40 requisitos de sostenibilidad para las futuras ediciones de los Juegos. Y entre ellas figura explícitamente la “implicación de los ciudadanos” en el proceso.

Además de otras exigencias en materia de transparencia, buena gestión y autodeterminación, en el futuro estos megaeventos deportivos deberán desarrollarse en el marco de condiciones “democráticas y sostenibles”.

El COI aboga por un “diálogo con los ciudadanos”…

Al presentar la ‘Agenda Olímpica 2020’, el presidente del COI, el alemán Thomas Bach, declaró: “Cambiar o ser cambiados, esta es la cuestión”. Y el excampeón olímpico en esgrima prometió luego que el Comité, al que desde hace tiempo se acusa de arrogancia y corrupción, de ahora en adelante buscará el “diálogo” y “respetará” las leyes.

Casi treinta años después de la solemne declaración de Bach surgen dudas sobre la seriedad de las intenciones del COI y la pregunta de si la organización no gubernamental, con sede en Lausana, que se financia con los ganancias millonarias de los JJOO, no llega demasiado tarde.

Y es que el COI ha decidido conceder los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 a Pekín, la ciudad que acogió los del Verano de 2008 y que no es precisamente un lugar destacado de los deportes invernales.

China se adjudicó los JJOO después de que varias candidaturas rivales fracasaran en votaciones populares. Los ciudadanos de Cracovia (Polonia), Múnich (Alemania), así como del cantón de los Grisones (Suiza), por ejemplo, rechazaron en las urnas la organización de un evento de tal magnitud.

y tira piedras a su propio tejado

Solo los ciudadanos de Oslo se manifestaron por mayoría (55%) a favor de un proyecto olímpico en la capital noruega. Pero el COI tropezó una vez más con la misma piedra. Los directivos de la organización torpedearon la loable Agenda 2020, mediante un manual de 700 páginas en el que se imponía a los organizadores locales condiciones más que sorprendentes.

La Casa Real noruega, por ejemplo, hubiera tenido que organizar cócteles para los delegados del COI. Por si fuera poco, estos pedían además ser trasladados a los eventos deportivos y a las fiestas en limusinas con chófer por carriles reservados exclusivamente para ellos.

Por esta razón, y pese al visto bueno de los ciudadanos de Oslo, el Gobierno noruego se negó a que fuera el Estado noruego el que asumiera la garantía de déficit que se le exigía. Su negativa marcó el fin de la candidatura de Oslo y la elección recayó sobre los chinos.

Un poco más de suerte tuvieron las candidaturas para los JJOO de Verano 2024, que auguran ser aún más costosos y cuya sede el COI dará a conocer en septiembre de 2017. Boston, Budapest y Roma ya se han retirado de la contienda después de las iniciativas ciudadanas que reunieron suficientes firmas para someter el asunto a votación popular.

El Gobierno de Hamburgo organizó a finales de 2015 un plebiscito y lo perdió: 48,4% de votos a favor de los JJOO y 51,6% en contra. Por tanto, las candidaturas que siguen en liza son las de París y Los Ángeles.

Mientras en la capital francesa comienza a manifestarse descontento con varias peticionesEnlace externo (en Francia no existen formas para ejercer la democracia directa), Los Ángeles parece reunir las condiciones para celebrar los Juegos conforme a lo que estipula la ‘Agenda 2020’. Quizás demasiado buenas, como comentaba el periodista estadounidense Joe Mathews en un reciente artículo de opiniónEnlace externo publicado en swissinfo.ch.

Así las cosas, se abre un gran interrogante sobre los futuros JJOO. ¿Los Juegos solo podrán celebrase en países con regímenes autocráticos a los que, como la mayoría de los delegados del COI, poco o nada les importan los nobles objetivos de sostenibilidad? O por el contrario, ¿cabe la posibilidad de que el olimpismo y la democracia –gemelos de la Antigua Grecia que dieron el gran salto a la Modernidad en el siglo XX– vuelvan a hallar un punto de encuentro?

Un último intento de Suecia y Suiza

Las respuestas a estos interrogantes vendrán en un futuro próximo de los dos Estados más democráticos en el mundo.  Suecia se plantea actualmente una candidatura de la capital, Estocolmo, (junto con las localidades de deportes invernales Åre y Falun) para los JJOO de 2026, que insiste explícitamente en el cumplimiento de los objetivos democráticos de sostenibilidad del COI. Simultáneamente, la Suiza francófona apuesta por la candidatura de Sion, tras el fracaso en las urnas del proyecto olímpico de los Grisones. Es la cuarta vez que la capital del cantón del Valais es candidata (después de los fallidos intentos en 1976, 2002 y 2006).

Según una reciente encuesta publicada en la revista ‘L’IllustréEnlace externo’, la cosa no pinta mal: dos de cada tres ciudadanos en la Suiza de habla francesa respaldan la candidatura. Pero esto no significa que la batalla esté ganada: En primer lugar, un simple sondeo de opinión sobre una cuestión general no equivale a un referéndum vinculante sobre la financiación de un proyecto concreto. Y en segundo lugar, la región aún no tiene ni remota idea de los deseos que los directivos del COI querrán ver cumplidos en el Valais.

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Traducción del alemán: Belén Couceiro

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