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Democracia directa


Balance contrastado de la presidencia de Sommaruga







La democracia directa fue el tema principal del año presidencial de Simonetta Sommaruga. Tres expertos hacen sin embargo una valoración crítica: poca presencia mediática y pocos puntos fuertes temáticos. No se requieren novedades, basta con profundizar en los temas sometidos a votación, replica la ministra.

La presidenta de la Confederación en 2015, Simonetta Sommaruga durante la Fiesta Nacional, el 1º de agosto, en la Pradera de Rütli.  (Keystone)

La presidenta de la Confederación en 2015, Simonetta Sommaruga durante la Fiesta Nacional, el 1º de agosto, en la Pradera de Rütli. 

(Keystone)

En vista de la inminente votación del 28 de febrero de 2016 sobra la iniciativa ‘para la aplicación de las expulsiones de extranjeros que delincan’, el tema de la democracia directa se hizo más acuciante, explica Simonetta Sommaruga a swissinfo.ch en un mensaje electrónico (29.12) . “Esta iniciativa quiere atribuir al pueblo el rol del Parlamento y silenciar a los tribunales. Las reglas fundamentales de nuestro sistema democrático serían totalmente trastocadas”.

Pero retomemos las cosas en orden cronológico. El 3 de diciembre de 2014, apenas elegida presidenta de la Confederación, la ministra socialista afirmó en un discurso ante la Asamblea Federal: “Ya ahora, cuando tomo el autobús o hago mis compras en el mercado el sábado, los ciudadanos me interpelan sobre nuestra democracia directa. Por eso me gustaría, durante el año próximo, poner énfasis en el tema y contribuir a mantener a lo largo del 2015, la democracia directa como tema central de las discusiones”.

Sommaruga concluyó su discurso con un vibrante homenaje a los derechos populares: “Nuestra democracia directa es un sistema político único y fascinante que exige de cada uno de nosotros una gran responsabilidad. Es por ello que todos juntos debemos cuidar nuestra cultura política”.

La presidente de la Confederación insistió de nuevo en este punto en su alocución del 1º de enero: “En ningún otro lugar del mundo, los ciudadanos y las ciudadanas tienen tanto poder y responsabilidad. Esto es precisamente lo que me gusta de nuestra democracia: el valor y la confianza de los que nos invisten”.

Pero a finales de abril, Sommaruga, en un discurso pronunciado ante el Foro Europeo de Lucerna, advertía: “Nuestra democracia directa es un logro único, pero lo seguirá siendo solamente si basamos nuestra cultura política en el respeto y la consideración”.

En su discurso del 1º de agosto, pronunciado sobre la mítica Pradera del Rütli, la presidenta de la Confederación se mostró aún más acuciante. “Nuestra democracia directa solamente puede funcionar si compartimos una cultura política apoyada por una amplia mayoría. El único principio que puede guiar esta cultura política es el de la responsabilidad: la democracia directa es la responsabilidad directa. Actuar de manera responsable es saber que una iniciativa no debe ser desviada de su propósito para dar una señal política. Una iniciativa popular tiene como objetivo modificar nuestra Constitución Federal. Y nuestra Constitución, el texto fundamental de nuestra democracia, no puede reducirse al nivel de una mera colección de señales políticas”.

Muy bien. Pero ahora, ¿qué queda de este año presidencial, aparte de estas alabanzas y llamadas?

Una reacción a la UDC

Como corresponsal parlamentario del diario ‘Le Temps’, Yves Petignat observó de cerca este año presidencial. Ya en un comentario publicado en febrero, se mostró crítico al reprochar a Sommaruga el no haber logrado salir de “lugares comunes” en su discurso del 1º de enero.

En su opinión, ese discurso fue una mera alabanza de las virtudes de la democracia directa frente a la estrategia de Unión Democrática del Centro (UDC/derecha conservadora) de oponer el pueblo a las instituciones políticas.

El periodista aludía al hecho de que ese partido reivindica la primacía de la voluntad popular, lo que amenaza con complicar las relaciones con la Unión Europea, y a menudo pone en entredicho el derecho internacional.

Diez meses después, contactado por swissinfo.ch, Petignat admite “tener dificultades para encontrar algo más sustancial dicho o hecho por Sommaruga al respecto durante el año”. Para él, la presidente se limitó a las alabanzas de la democracia directa. “Tal vez otros problemas - el asilo político, la migración, la UE - eclipsaron simplemente el tema”, supone.

Presidente (a) de la Confederación

Elegido (a) por un año entre los siete miembros del Gobierno (Consejo Federal), el presidente o la presidenta de la Confederación es un ‘primus inter pares’ (primero entre sus iguales).

Dirige las sesiones del Consejo Federal y se encarga de ciertas tareas de representación.

La función no confiere ningún poder suplementario a la persona que lo ocupa.

El ministro de Economía, Johann Schneider-Ammann ocupará el cargo de presidente de la Confederación en 2016.

La presidente de la Confederación eligió quizás la democracia directa porque es un tema que puede reunir a una mayoría, comenta. “Más tarde, más bien lo evitó porque era delicado y sabía que el Consejo Federal no aplicaría al pie de la letra las iniciativas polémicas”, piensa el periodista.

El tabú de la reforma de los derechos populares

El politólogo Georg Lutz también se muestra escéptico. “No he visto nada de propuestas concretas para hacer cambios en el sistema actual de democracia directa en Suiza”, declara el profesor de la Universidad de Lausana a swissinfo.ch. Sin embargo habría qué cambiar ya que diversas iniciativas aceptadas por el pueblo - para la expulsión de extranjeros que delincan; sobre residencias secundarias, contra la inmigración masiva o sobre la imprescriptibilidad en los actos de pornografía infantil - podrían plantear problemas para su aplicación.

“En Suiza, todo el mundo se reconoce rápidamente y de buena gana en los derechos populares o en la concordancia”, dice el politólogo. “Pero cuando se convierte en algo concreto, a menudo se prefiere mantener una cierta vaguedad porque tan pronto como se hacen propuestas de cambio, uno se expone a críticas de todas partes. Por ello nadie ha querido perfilarse en el tema de la limitación de los derechos populares”.

Especialista en democracia, Bruno Kaufmann comparte la opinión de su colega. “En su discurso del 1º de enero, pero también más tarde, Simonetta Sommagura hizo hincapié en el efecto positivo de la democracia directa. Reina en Suiza un amplio consenso de que es una buena cosa. Pero en la práctica, las dificultades surgen en la implementación de iniciativas polémicas. La presidenta de la Confederación tuvo que tomar posición en su calidad de ministra de Justicia, lo que condujo rápidamente a las críticas”.

Bruno Kaufmann, redactor en jefe de ‘People to Power’, una plataforma en línea dedicada a la democracia directa moderna albergada por swissinfo.ch, refiere por otra parte la falta de recursos para hacer de la democracia directa un tema prioritario durante todo el año 2015.

Ninguna reforma, pero una sensibilidad

El especialista reconoce, sin embargo, que el interés en la democracia directa es más fuerte en Sommaruga que en otros políticos. “También demuestra una gran sensibilidad por la democracia directa, porque está constantemente confrontada con ella como parte de su función como ministra de Justicia”, considera Kaufmann.

Pero, al respecto, ¿cuál es es el balance de la propia Simonetta Sommaruga al final de su mandato como Presidente de la Confederación? “Mi objetivo no era reformar la democracia directa, sino hacer entender hasta qué punto es única y también hasta qué punto su práctica implica responsabilidades. Un objetivo semejante no se alcanza en un año”, señala en referencia a la iniciativa “para la aplicación”.

Tal vez los politólogos tenían expectativas diferentes a las de los políticos, señala la ministra en alusión a quienes hablan de una limitada presencia temática y de la falta de énfasis sobre las novedades. “En primer lugar, no tenemos necesidad de novedades, basta con examinar las votaciones populares. El tema de la democracia directa está muy presente entre la población y se mantendrá”, escribe Sommaruga.

Para ella, la democracia directa no es un tema que pueda soslayar. “Al contrario, también tenemos que cuidarlo en el futuro. La democracia directa no debe confundirse con la tiranía del pueblo, sino que constituye una interacción equilibrada y válida entre la población, el Parlamento y el Gobierno”.


Traducción, M. Águila y P. Islas, swissinfo.ch

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