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Democracia


Que voten los niños como contrapeso a los viejos







¿Niños a las urnas? Es lo que propone el laboratorio de ideas Avenir Suisse. Solo que el derecho de voto lo ejercerían los padres. (Keystone)

¿Niños a las urnas? Es lo que propone el laboratorio de ideas Avenir Suisse. Solo que el derecho de voto lo ejercerían los padres.

(Keystone)

El referéndum sobre el Brexit lo ha vuelto a demostrar: en las democracias occidentales, la edad de quienes votan es superior a la media de la población. Suiza no es una excepción. Para contener esta sobrerrepresentación de los más ‘viejos’, algunos reivindican el derecho de voto para los niños desde la cuna.

El envejecimiento preocupa al laboratorio de ideas Avenir Suisse. Más allá de las cuestiones derivadas del sistema de pensiones y de la asistencia, el ‘think tank’ de los círculos económicos ha analizado también las consecuencias sobre la democracia, que podría convertirse en una “gerontocracia”. Hoy, la edad de los ciudadanos que acuden a las urnas en Suiza ya es manifiestamente superior a la media de la población.

Y es que los mayores votan mucho más que los jóvenes: si la tasa de participación de los menores de 30 años ronda el 35%, el de los septuagenarios es del 70%. Resultado: en 2015, la edad promedio de los votantes se situaba en los 56 años y pronto superará los 60.

De esta realidad surge la idea que Avenir Suisse publicó en vísperas del Brexit: rebajar la edad concediendo a los niños el acceso a las urnas.

Votar desde la cuna

¿Qué ha ocurrido? Los jóvenes británicos, en su mayoría favorables a seguir en la UE, han visto cómo los electores más mayores, más asiduos a votar y más amigos de abandonar la UE les han impuesto la ley. El 74% de los jóvenes de entre 18 a 24 años votaron por permanecer en la UE, mientras que entre los mayores de 45 años los partidarios de salir de la UE sumaban el 75%, e incluso el 83% entre los mayores de 65. “El Brexit es el típico ejemplo de la deriva que tememos: los ‘viejos’ deciden algo y los jóvenes pagan las consecuencias”, sentencia Lukas Rühli, autor del artículo de Avenir Suisse.

La idea no es nueva

Después de la Segunda Guerra Mundial, en Francia la derecha católica luchaba por un sistema de “voto familiar”. Los padres de familia obtendrían tantas papeletas de voto como hijos tuvieran. La medida pretendía estimular la repoblación de un país devastado por la guerra. La idea nunca llegó a aplicarse.

Resurgió en Alemania en 2003, con una moción parlamentaria que pedía el derecho de voto para los niños desde el nacimiento, con el fin de favorecer la representación de los jóvenes progenitores, sobre todo en las cuestiones de política familiar. La idea no llegó a buen puerto, a pesar de que resurge periódicamente y cuenta con el respaldo de los demócratas cristianos, la izquierda y los Verdes.

En Austria, el movimiento llamado ‘Kinderwahlrecht jetz!’ (¡sufragio infantil ya!) defiende la misma causa. Se trata de un movimiento próximo a los partidos conservadores.

En Suiza, durante la campaña para las elecciones legislativas de 2007, un candidato ecologista lanzó la idea del derecho de voto para los niños, de la que se hicieron eco los demás partidos, a excepción de la UDC (derecha nacional conservadora). Pero todo se quedó en un debate.

En la práctica, el derecho de voto de los niños se concedería a los padres, que podrían depositar en la urna una papeleta por cada hijo menor de 18 años. Hasta aquí todo bien, pues un bebé de tres años no va a protestar. ¿Pero qué pasa con el adolescente de 14 que tiene sus propias ideas políticas y que no coinciden necesariamente con las de sus progenitores? ¿No es un abuso de autoridad dejar votar a los padres en su lugar?

“Entiendo la objeción, pero no la comparto”, responde Lukas Rühli. “Nosotros no proponemos que los padres representen directamente los intereses del niño. Los padres ejercen la tutela de sus hijos y toman múltiples decisiones en nombre de ellos y para ellos, que quizás no siempre les gusten. Los niños gozan de numerosos derechos, pero hasta la mayoría de edad, son los progenitores quienes se ocupan de gestionarlos.

“Un hombre, un voto”

Lo menos que podemos decir es que la propuesta no ha generado una ola de entusiasmo. Las críticas provienen desde la derecha hasta la izquierda. En el diario ‘24Heures’, de Lausana, el historiador liberal radical (PLR, derecha) Olivier Meuwly habla del “regreso del Antiguo Régimen”, mientras que el socialista François Cherix se indigna ante “semejantes pamplinas”.

El apoyo tampoco es mayor en las secciones juveniles de los partidos políticos. Todos rechazan la idea. “Los derechos deben ir a la par de los deberes”, sostiene Andri Silberschmidt, presidente de los jóvenes del PLR. “Es erróneo, desde un punto de vista jurídico, poder votar si uno no es mayor de edad y, por tanto, responsable. Y otorgar ese derecho a los padres contradice el principio democrático de ‘un hombre, un voto’”.

Un principio que también defiende Jacqueline Fehr, concejala de Zúrich, exdiputada nacional y vicepresidenta del Partido Socialista. Sin embargo, esto no le ha impedido lanzar una semana después del Brexit una provocación en Facebook sobre un sistema de ponderación de votos que prime a la juventud. Se trataría de conceder dos votos a los ciudadanos de entre 18 y 40 años, 1,5 a los de 40 a 65 y uno solo a los mayores de 65.

En el ‘Tages-Anzeiger’ de Zúrich, la política explica que el sistema no es su “solución favorita”, sino que se trataba sobre todo de “desencadenar el debate”. Y lo ha conseguido, pero con una mayoría en contra. De todos modos, Jacqueline Fehr, al igual que muchos de sus seguidores en Facebook, prefieren rebajar la edad de voto a 16 años.

A las urnas tras la escolaridad obligatoria

Glarus adoptó el sistema en 2007. Para sorpresa general, la ‘landsgemeinde’ (asamblea de ciudadanos) concedió el derecho de voto a los jóvenes a partir de los 16 años en las consultas municipales y cantonales. Hasta hoy es el único cantón de Suiza que ha dado ese paso. Otros han formulado propuestas análogas, pero fueron rechazadas, la última en 2009 en Berna con un 75% de votos.

Durante la campaña para las elecciones legislativas de 2015, politbox, una aplicación-concurso del ente público SSR, preguntó a los electores qué opinaban de adelantar a los 16 años el derecho de voto. El resultado de la encuesta fue inequívoco: un 67% en contra. En 2014, el Gobierno se declaró dispuesto a evaluar la idea, pero todavía no ha presentado sus conclusiones.

Lukas Rühli no cree que la medida sería “muy eficaz” para contrapesar la sobrerrepresentación de los votantes más mayores. A su juicio, el derecho de voto a los 16 años no reduciría la edad promedio de los ciudadanos que acuden a las urnas “solamente cada 7 u 8 meses”.

Movilización

Andri Silberschmidt comparte este escepticismo. En su opinión, “rebajar la edad a los 16 años simplemente para aumentar la participación, es combatir un síntoma y no va a cambiar gran cosa a largo plazo”. Los jóvenes tienen que actuar diferentemente, sostiene. “Primero tenemos que barrer en casa y convencernos de que cuando un tema es importante para nosotros debemos asumir nuestra responsabilidad e ir a votar. No es porque muchos jóvenes pasen de las urnas que haya que otorgarles derechos especiales”.

En ello coincide Flavio Bundi, responsable de easyvote, iniciativa de la asociación paraguas de los parlamentos de jóvenes en Suiza, que produce folletos y vídeos didácticos para explicar a los ciudadanos de 18 a 25 años qué está en juego en cada escrutinio. Los vídeos, realizados con la técnica de los dibujos animados del tipo ‘draw my life’ y con la más estricta neutralidad, resumen lo esencial en tres minutos para despertar en los jóvenes el interés por la política y quitarles esa impresión de que “no están a la altura”, explica.

Bundi sabe –y los estudios lo avalan– que la familia es uno de los lugares más importantes para la socialización política de los futuros ciudadanos y que los padres, por tanto, desempeñan un papel crucial. “Evidentemente somos partidarios de que asuman ese papel. Pero no estoy seguro de que el derecho de voto de los niños sea la única solución. No más que adelantar el voto a los 16 años. Es importante que los jóvenes se impliquen pronto, pero no tiene que ser obligatoriamente por medio del derecho de voto. Puede ser también por medio de un parlamento de jóvenes”, sostiene Flavio Bundi.

De 60 a 18 años

Históricamente, la política republicana es primero un asunto de hombres maduros y experimentados. En la antigua democracia ateniense, a la Bulé (consejo legislativo) solo tienen acceso los mayores de 30 años. En Esparta, ciudad rival, el Consejo se llama Gerusía y sus miembros no pueden tener menos de 60 años.

Si los primeros dirigentes de la Revolución Francesa son más bien jóvenes, la Constitución del Año III (1795) prohíbe a los menores de 30 y 40 años, respectivamente, acceder a los dos Consejos Legislativos. En esa época, en Francia no se vota antes de los 30 años. La edad se rebajará a los 25 años en 1830, a 21 años en 1848 y habrá que esperar un siglo hasta que se adelante a los 18 años, en 1974. En Suiza, se vota a los 18 años (en lugar de a los 20) solamente desde 1991. Hoy, salvo escasas excepciones (ver mapa), los 18 años es la norma en la mayoría de los países del mundo.

 

¿Qué le parece la idea de dejar votar a los niños? ¿O hay otras maneras para fomentar en los jóvenes el interés por la política? Su opinión nos interesa.

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Traducción del francés: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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