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Democracia directa y economía


Las empresas se benefician de la participación ciudadana







Generalmente, los suizos votan con conocimiento de causa y son conscientes de las consecuencias que pueden tener determinadas iniciativas populares para el sector empresarial. (Keystone)

Generalmente, los suizos votan con conocimiento de causa y son conscientes de las consecuencias que pueden tener determinadas iniciativas populares para el sector empresarial.

(Keystone)

La implicación directa de los ciudadanos en las decisiones políticas tiene más ventajas que inconvenientes para la economía de un país, sostiene el economista Alois Stutzer. La estabilidad política, dice, es crucial para que las empresas puedan planificar sus inversiones y contribuir a la prosperidad económica.

El profesor de Economía de la Universidad de Basilea cita un estudio comparativo del IMD (International Institute for Management Development), prestigiosa escuela de negocios de Lausana, según el cual los países donde se practican formas de democracia directa obtienen muy buenos resultados, tanto en términos de bienestar económico como en competitividad.

swissinfo.ch: ¿Cómo se las ingenian las empresas para lidiar con la democracia directa en Suiza?

Alois Stutzer: La democracia directa tal como se practica en Suiza no repercute negativamente en las empresas, sino todo lo contrario. Lo vemos, por ejemplo, si tomamos como referencia el informe sobre competitividad mundial que evalúa la calidad de las regulaciones, los servicios, las infraestructuras, la formación y el potencial de la fuerza laboral, así como el acceso al capital.

Si consideramos las infraestructuras públicas y los servicios como un reflejo del buen funcionamiento de las instituciones en un sistema político, entonces creo que, en términos generales, las empresas no solo pueden convivir estupendamente con la democracia directa, sino que además disponen de condiciones que les son favorables en la búsqueda de rentabilidad y de actividades innovadoras.

Así lo demuestran los ejemplos de las compañías –del sector de las ciencias de la vida y las tecnologías de la salud o el gigante de Internet Google– que han elegido Suiza como sede de sus departamentos de investigación.

swissinfo.ch ¿Cómo miden las Ciencias Económicas las ventajas de la democracia directa?

A.S.: Por ejemplo, comparando el uso eficiente de los recursos y los fondos públicos. En Suiza, por ejemplo, los votantes tienen la última palabra, a escala cantonal y municipal, en la construcción de nuevas escuelas o piscinas públicas.

En algunos casos, las nuevas infraestructuras se costean con dinero de los contribuyentes. Pero fijémonos en los casos de Alemania o España, donde la espiral del presupuesto para la construcción de aeropuertos estaba fuera de control, se tuvieron que aplazar los proyectos o nunca llegaron a concluirse.

Podemos observar una repercusión similar de la democracia directa en las tasas impositivas, aunque en menor medida.

Si el contribuyente confía en que puede controlar al Estado, estará dispuesto a asignarle más recursos a cambio de recibir más servicios: por ejemplo, una subida de impuestos para financiar una espléndida piscina pública. Pero si usted no confía en los políticos, no estará dispuesto a pagar más.

Una política fiscal sostenible, con una tasa baja de deuda pública, es un requisito fundamental para generar seguridad y confianza en la economía, como demuestran los casos de Grecia, Italia y España.

Las empresas que quieren planificar con varios años de antelación sus inversiones en nuevas plantas pueden perder la confianza en un gobierno que se ha comprometido a pagar las rentas de jubilación, pero que tiene que acumular deudas para poder cumplir. En Suiza, en cambio, el nivel de endeudamiento público es bastante bajo.

swissinfo.ch: ¿Y qué opina de los inconvenientes de la democracia directa – las votaciones, los ciudadanos que tienen la última palabra en una decisión política – para el sector económico?

A.S.: Es verdad que también en Suiza tenemos incertidumbres en materia de regulación o legislación. Pero debemos analizarlas desde una perspectiva comparativa.

Desde que los suizos decidieron el año pasado limitar la inmigración de ciudadanos de la Unión Europea, estamos en una especie de limbo.

A veces, la incertidumbre jurídica puede ser peor que un sistema puramente parlamentario, en el que los políticos

pueden sentir la tentación de hacer más cambios – y más a menudo – que en una democracia directa.

La incertidumbre que reina en este momento en Suiza puede parecer especialmente llamativa, pues contrasta claramente con la estabilidad que caracteriza el sistema económico y político del país.

swissinfo.ch: ¿El creciente número de iniciativas preocupa al sector empresarial, sobre todo las que no le son favorables?

A.S.: Antes de nada vamos a aclarar quién y qué constituyen una economía. ¿Las iniciativas que van en contra de los intereses económicos son las que critica la Federación de Empresas Suizas (economiesuisse), el principal grupo de interés económico del país?

Economía y urnas

En la última década, los suizos han tenido la última palabra en múltiples cuestiones que repercuten directamente en la economía.

El año pasado aprobaron por un estrecho margen de votos la iniciativa de la derecha conservadora para reintroducir cuotas de inmigración para los ciudadanos de la Unión Europea.

En 2013 aprobaron una iniciativa que proponía someter al voto de los accionistas las remuneraciones de los altos ejecutivos y miembros del consejo de administración de las empresas que cotizan en la Bolsa suiza.

En cambio rechazaron la iniciativa de los Verdes que pedía limitar la inmigración para frenar el crecimiento demográfico.

Los votantes también desecharon la propuesta de la izquierda que pretendía limitar el salario de los altos ejecutivos en función de la remuneración mínima dentro de la misma empresa [iniciativa 1:12], la introducción de un salario mínimo nacional, así como la abolición de los privilegios fiscales para los extranjeros acaudalados afincados en Suiza.

Hace tres años, la propuesta de un sindicato que reivindicaba el derecho a seis semanas de vacaciones al año sufrió la misma suerte.

Salvo una excepción, todas las votaciones nacionales celebradas en los últimos diez años sobre los tratados bilaterales entre Suiza y la UE fueron aprobadas en las urnas.

Pero los consumidores, contribuyentes y empleados que han ingresado sus ahorros en el segundo pilar (caja de pensiones) del sistema de seguridad social también son parte de la economía. Y de hecho, son personas directamente afectadas por tales decisiones.

Otro factor que debemos tener en cuenta son los mercados financieros. Pero, curiosamente, no hubo una reacción importante de los mercados al inesperado resultado de la votación antiinmigración.

Probablemente, el veredicto de las urnas constituye un problema, sobre todo, para las pequeñas y medianas empresas, que no tienen filiales en el extranjero.

Podemos decir que las votaciones han sacado a la luz tensiones subyacentes en la sociedad que se afrontan de una manera sensata y organizada.

En países vecinos como Alemania, Austria o Francia, las fallidas políticas de integración a menudo son objeto de protestas públicas y fomentan el extremismo de derecha u otros problemas.

En una democracia directa como la suiza, la reciente votación contra la inmigración ha generado una incertidumbre política que tiene un coste económico. Pero el amplio debate público sobre este espinoso asunto ha frenado, por lo menos hasta ahora, un aumento significativo de los grupos de ultraderecha.

swissinfo.ch: ¿Por qué el extremismo de ultraderecha puede ser contraproducente para la economía de un país?

A.S.: Podemos considerar el extremismo como un indicio de que un país no es capaz de hacer frente a los problemas políticos y sociales de modo productivo y estructurado.

El fracaso en afrontar los problemas de inmigración o de integración puede llevar a protestas y disturbios sociales que repercuten en la economía, frenan el crecimiento y perjudican la cohesión social.

swissinfo.ch: ¿Se subestiman las ventajas que tiene la democracia directa, como han apuntado algunos economistas políticos?

A.S.: Muy probablemente. Sencillamente, porque el sistema democrático influye en el proceso político no solo cuando los ciudadanos depositan su voto en las urnas. Los ciudadanos o los grupos de interés privados también tienen voz para proponer y elaborar una nueva ley o para cambiarla.

Así, los partidos o los políticos implicados están motivados a buscar soluciones eficaces y capaces de generar consenso.

De lo contrario, las reformas legislativas corren el riesgo de ser sometidas a un referéndum y, por ende, de retrasarse. Consecuencia: Las reformas están orientadas a buscar el consenso y generalmente suelen contar con un mayor respaldo de la población que si se aprobaran por mayoría simple en el Parlamento.

swissinfo.ch: ¿Los ciudadanos suizos son conscientes de las ventajas de la democracia directa?

A.S.: Hay suficientes pruebas de que la población suiza conoce y comprende el sistema de democracia directa y sus ventajas para el sector económico.

Por ejemplo, la iniciativa que lanzó hace unos años la UDC para acelerar el proceso de democracia directa, sin pasar por el Parlamento, fracasó rotundamente en las urnas. Los ciudadanos entendieron, lógicamente, que una democracia directa no puede prescindir del Parlamento.

El Legislativo debate las propuestas políticas y explica los argumentos a favor y en contra. Los políticos ejercen la función de expertos.

swissinfo.ch: ¿En qué medida la democracia directa puede contribuir a que los políticos estén en contacto con las preocupaciones reales de los ciudadanos en general y con los intereses de las empresas en particular?

A.S.: La tendencia actual hacia una profesionalización del  Parlamento y una mayor centralización muestra las dificultades. Cada vez resulta más difícil que un directivo empresarial asuma un papel activo en la política.

Es importante tener en el Parlamento Federal a políticos dignos de credibilidad que sean capaces de exponer los temas a los ciudadanos y explicarles, por ejemplo, por qué una iniciativa resulta costosa para las empresas.

Tenemos el caso de Peter Spuhler, un conocido empresario que renunció a su escaño porque la labor parlamentaria le exigía demasiada dedicación.

La falta de destacados candidatos para ocupar un mandato político se debe también a que un creciente número de los altos ejecutivos al frente de las multinacionales con sede en Suiza son extranjeros.

Además, desempeñar un mandato en la política nacional se ha convertido prácticamente en una actividad a tiempo completo. Muchos temas que solían tratarse a escala municipal o cantonal se han convertido en un asunto de política nacional.


Traducción del inglés: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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