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Punto de vista


“Un parlamento ciudadano elegido a sorteo sería incorruptible”



Por Timo Rieg




Por Timo Rieg

También en democracias directas como la suiza dominan los intereses particulares de los agentes políticos, afirma Timo Rieg. Por ello aboga por un parlamento integrado por ciudadanos elegidos mediante sorteo y con un breve mandato. Este texto es una réplica al reciente artículo de Liu Junning, en cuya opinión la democracia directa es irrealizable.

Muchas cosas se critican de la democracia directa: sus detractores sostienen que no es muy creativo poder decir solo ‘sí’ o ‘no’; cada votación es un terreno propicio al populismo y la desinformación; cuando la participación es baja, una minoría puede imponerse a una mayoría; y el pueblo que vota no tiene que asumir la responsabilidad de las decisiones; la mayoría de los temas son demasiado complejos para el ciudadano de a pie.

Por todas estas razones, en Suiza hay un debate sobre un los límites de la democracia directa (especialmente tras la iniciativa contra la inmigración masiva de la que se hizo eco la prensa internacional). Y es por esta razón que en Alemania la CDU, el principal partido del Gobierno, se niega a introducir la votación popular a escala nacional; y es por la misma razón que los politólogos alaban la democracia representativa y parlamentaria de partidos. Todos los debates presuponen que la democracia pretende hacer feliz a la gente, que protege las minorías, busca la paz, asegura el futuro y salva el mundo; en pocas palabras, que promete lo mejor para todos. Todo eso son pamplinas.

Tanto la democracia representativa como la directa son formas de poder. Y el poder siempre es egoísmo. El poder otorga facultad de disposición sobre los recursos en beneficio de la propia vida. Y no hay nada que nos permita tener la esperanza de que el hombre sea la única excepción entre todos los eucariontes de este mundo.

Agentes como beneficiarios

Si hoy debatimos acerca de si es necesario reformar o no la democracia, deberíamos —como se ha hecho siempre— preguntarnos primero: ¿cui bono – a quién beneficia? Raramente las reformas sirven ‘al pueblo’, ‘al común de la gente’ o incluso ‘a las minorías’, sino siempre y en primer lugar a sus protagonistas. En biología, el altruismo solo constituye una de las vías para sacar lo mejor de una situación, apoyándose en aquellos que han contribuido al propio éxito. Y ello es todo lo contrario del altruismo.

Hace 2 400 años, en los orígenes de la democracia, existía un procedimiento que se oponía a ello: el sorteo de los mandatarios. En lugar de deliberarlo todo con todos (democracia directa) o de transferir todo el poder decisorio a una ‘élite’ elegida (democracia representativa), un grupo aleatorio de ciudadanos trabajaba en nombre de toda la ciudadanía. Es un método eficaz y desautoriza toda crítica al tamaño inmanejable de los estados nacionales de hoy; sin embargo, el sorteo es adverso al poder. Es por ello que esta grandiosa idea desapareció enseguida en la antigua Grecia.

La ‘democracia aleatoria’, es decir, la elección de los representantes del pueblo mediante el procedimiento del sorteo, constituye en el debate actual como mucho una nota marginal. Por el hecho de buscar realmente la mejor de las convivencias y no dejar ningún espacio a las pretensiones individuales de hacer carrera, es —en el sentido estrictamente biológico— poco ’sexy’. La aleatoriedad persiste hoy solamente como elemento deliberativo, es decir, para presentar propuestas facultativas a los gobernantes de verdad.

Alternancias semanales

La técnica es conocida como ‘célula de planificación’ o ‘jurado ciudadano’: un grupo de consejeros (jurado) formado por 25 ciudadanos elegidos mediante sorteo entre la población. A estos ciudadanos se les hacen preguntas con claras opciones, además se les proporciona la información necesaria (documentación, referentes, puede haber inspecciones oculares, consultas, etc.). Agentes independientes acompañan el proceso y organizan todo lo necesario. Todas las consultas tienen lugar en pequeños grupos alternantes formados por cinco personas elegidas mediante sorteo. Nadie dirige el proceso, nadie influye en él, solo se influyen mutuamente los ciudadanos entre sí. Cada grupo de 5 personas emite un voto, y al término de una unidad de consulta, votan todos los 25 ciudadanos. Para obtener seguridad estadística se permite a varios jurados operar de modo paralelo, pero totalmente independientes entre sí.

Las ventajas: los ciudadanos elegidos llegan a decisiones buenas y consensuadas. Nadie acude con un plan específico, puesto que todos fueron sorteados sin haberse presentado. Nadie aspira a una carrera política, ya que tras cinco días expira el mandato, que no es prorrogable. Y los ciudadanos sorteados son conocedores de su responsabilidad: representan a todos, no se trata, por lo tanto, de cumplir sus propias preferencias, sino, precisamente, de examinar y evaluar las propuestas de expertos, administraciones o grupos de interesados y de proponer la mejor de las disposiciones. Se trata de una manera de trabajar completamente distinta a la de los políticos elegidos o de las iniciativas populares. Y las conversaciones entre esos pequeños grupos se desarrollan de modo totalmente diferente a las discusiones realizadas con micrófonos en las salas o en los foros cibernéticos.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.

Podríamos establecer firmemente este procedimiento y denominarlo ‘parlamento ciudadano’. Semana tras semana se congregarían en este parlamento ciudadano 200 mandatarios nuevamente elegidos mediante sorteo para escuchar en el pleno a los expertos y representantes de los ’lobbies’ y deliberar en sus pequeños grupos y jurados, hacer preguntas, presentar enmiendas y encargarlas a la administración. Al final se perfila una clara recomendación, una ley (o su derogación), ¡y el resultado será —al contrario de lo que ocurre hoy en los parlamentos— en todo caso representativo!

Porque el parlamento ciudadano es un mini-populus, una (casi) exacta miniatura de todo el pueblo. Todos los pensamientos, todos los medios sociales, todas las profesiones, intereses artísticos o aficiones tendrán representación conforme a su proporcionalidad. Nada ni nadie quedará excluido, y a pesar de ello de dispondrá de una entidad técnica y financieramente manejable. En este parlamento ciudadano todo se podrá someter a debate, todos los asuntos que atañen al ciudadano, no solamente los que cuentan con el respaldo de cientos de miles de personas. Se trabajaría con el único propósito de tomar decisiones acertadas y de resolver realmente los problemas. Nadie podrá beneficiarse personalmente y ponerse en primer plano, no habrá alocuciones electoralistas, ni promesas (vacías)… La democracia aleatoria es poco menos que perfecta, una combinación de lo mejor entre parlamentarismo y consultas populares.

¿Cui bono – a quién beneficia? A casi todos, salvo a los poderosos de hoy. Si los partidos políticos y los grupos de presión (lobbies) quisieran conservar su importancia en una democracia aleatoria, tendrían que promocionar sus visiones de futuro de manera tan exitosa entre el pueblo que los representantes sorteados al azar, tras una consulta concienzuda, se decidirían exactamente por aquella visión de futuro.

Obviamente, es más sencillo disimular una baja participación electoral y seguir valiéndose de plenos poderes.

Las opiniones vertidas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente las de swissinfo.ch


Traducción del alemán: Antonio Suárez Varela



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