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‘Charlie Hebdo’ no es suizo


Röstigraben hasta en la sátira


Por Isabelle Eichenberger


La sátira es también con frecuencia un asunto cultural.  (Caricatura de Jules Stauber, Ediciones Nebelspalter) (Nebelspalter-Verlag)

La sátira es también con frecuencia un asunto cultural.  (Caricatura de Jules Stauber, Ediciones Nebelspalter)

(Nebelspalter-Verlag)

El impacto de la masacre en ‘Charlie Hebdo’, en enero pasado, renovó el interés en la prensa satírica, en diversos países, incluida Suiza. La risa y el humor no se detienen necesariamente en las fronteras culturales, pero la caricatura se basa en códigos que no tienen nada de universal.

“Desde el asesinato de sus compañeros de 'Charlie Hebdo', ‘Vigousse’ ha recibido numerosos testimonios y estímulos para que no ceje en la sátira, en todas direcciones”. Con esas palabras, el ‘pequeño satírico de lengua francesa’, como modestamente se califica la publicación suiza, agradeció el respaldo a sus lectores y a sus 400 nuevos suscriptores, arrastrados por la inmensa ola en favor de la libertad de prensa que levantó el drama parisino.

“¡Dos enfermos mentales armados que cometen ese horror y cientos de miles de personas que protestan, eso es maravilloso, la libertad de expresión nunca ha tenido tantos seguidores”, dice Laurent Flutsch, redactor en jefe adjunto de ‘Vigousse’. Mientras dure... se antoja agregar.

Libertad de prensa y/o autocensura

Dominique von Burg, presidente del Consejo Suizo de la Prensa, espera que este “trágico caso” impulse la libertad de prensa, más bien estancada: “Estamos en un período en el que la autocensura es muy fuerte ... especialmente en Estados Unidos, donde reina lo políticamente correcto y una suerte de psicosis que subraya aún más el valor de 'Charlie'. Tener la valentía de utilizar la provocación sistemática en nombre de la libertad de expresión es una oportunidad”.

“La caricatura es un instrumento privilegiado de propaganda porque es un pensamiento visual, discursivo, conceptual que puede golpear fuerte”, señala Philippe Kaenel. El profesor de Historia del Arte en la Universidad de Lausana añade, sin embargo, que “la autocensura es esencial en un órgano público: no se puede decir espontáneamente todo lo que se lleva en el corazón, de lo contrario se genera una polémica no razonada. La caricatura trabaja sobre códigos, registros, y entrechoca referencias comunes”.

En los órganos de prensa que la utilizan, el autor tiene un estatus de comentarista y debe someter sus dibujos (por lo general propone varios) a la dirección, que los aceptará o no. ‘Vigousse’ los rechaza a veces, por diversas razones, asienta Laurent Flutsch. “De manera contraria, en internet, las imágenes son publicadas de cualquier manera y hasta desconectadas del contexto original: después de todo, 'Charlie' es un semanario parisino y no un medio de comunicación universal”, observa Philippe Kaenel.

Precisa que ‘Charlie Hebdo’ se inscribe en la tradición propia a “una prensa francesa con voluntad un poco anárquica, sobre todo en la década de 1900, con una extrema violencia que hoy no sería aceptada”. En Suiza, ‘Vigousse’ (que emplea con frecuencia a caricaturistas de ‘Charlie Hebdo’) fue creada por el dibujante francés Barrigue y es una suerte de trasplante de la sátira francesa.

Denunciar más que burlarse

Con matices. ‘Vigousse’ no publicó en su momento las caricaturas de Mahoma, “porque no nos parecieron divertidas y porque hacerlo hubiera sido una mera imitación”, explica Laurent Flutsch. “La protesta y la caricatura son nuestros motores. Un dibujo es una denuncia, no solo una burla, pero la idea de irritar a una comunidad no es un criterio. Tenemos cuidado de no ser innecesariamente groseros o escatológicos. Se puede ser malo sin ser vulgar, feroz con fineza”, acota el directivo adjunto del semanario francófono.

En este campo, la Suiza de habla alemana se muestra tradicionalmente más consensual, más “gentil”, según algunos francófonos. ¿Qué piensa el rdactor en jefe del principal periódico satírico en alemán, el ‘Nebelspalter’? “La provocación y la insolencia son una alternativa, pero también podemos decir muchas cosas entre líneas, no más gentiles pero a veces más sutiles. Nuestro sistema también es muy diferente al del francés, el proceso de decisión, la concordancia, la democracia directa, etc., es cualquier cosa menos un poder fuerte y poderoso como en los países vecinos”, responde Marco Ratschiller.

Culturas satíricas diferentes

Evoca también una diferencia cultural. “La sátira de la Suiza francófona (pero más aún la francesa) es más agresiva, más descarada que la de la Suiza de habla alemana o la de Alemania. En nuestras publicaciones, el periodismo de investigación está separado del comentario y de la caricatura, que contrariamente, van juntos en los medios de comunicación francófonos”.

Principales títulos satíricos suizos

El semanario francófono ‘Vigousse’ (12 000 ejemplares), creado en 2009 por Barrigue (hijo del dibujante francés Piem), Laurent Flutsch y Patrick Nordmann.

El mensual de expresión alemana ‘Nebelspalter’ (21 000), fundado en 1875 por Jean Nötzli, en Zúrich, bajo el modelo del ‘Punch’ (inglés).

El mensual ‘La Tuile’ (2 500), que data de 1970 y fue establecido en el cantón del Jura por el panfletista Pierre-André Marchand.

El bimestral ‘La Distinction’ (l987), revista crítica social, política, literaria, artística, cultural y gastronómica, que otorga cada año el Gran premio del Alcalde de Champignac por la frase más ridícula de una personalidad pública.

El bimensual ‘Il Diavolo’ (4000), creado en 1991 en el Tesino por miembros del Partido Socialista Autónomo, con la participación y dirección del dibujante Corrado Mordasini.

A esta lista se añaden los innumerables periódicos de carnaval, publicados cada mes de febrero.

Mientras que la mayor parte de los cotidianos francófonos emplean un caricaturista, el ‘Tages-Anzeiger’ es el único diario en alemán que lo hace y que publica cada día una caricatura con carácter de editorial. El dominical ‘NZZ am Sonntag’ solicita regularmente dibujos al francófono Chappatte. Pero eso es todo. “Los caricaturistas de habla francesa son populares en lengua alemana porque tienen el estatuto de periodistas en sus redacciones. Entre nosotros no es el caso, y es una lástima también porque con ello se priva a las jóvenes generaciones de la oportunidad de aprender esa profesión”, dice Marco Ratschiller.

La esfera cultural francófona, en general, cuenta desde hace años con numerosas publicaciones ilustradas que posibilitan la formación de los caricaturistas y su contribución a la riqueza de las historietas animadas, un género que sufre también para hacerse un lugar en las letras germánicas.

A pesar de esas diferencias en las culturas gráfica y satírica, el ‘Nebelspalter’ puede enorgullecerse de ser el periódico ilustrado más antiguo del mundo, ya que aparece cada mes desde 1875. Es una de las particularidades suizas, como también el número récord de publicaciones por habitante.

Muchos caricaturistas de primer plano

Además, Suiza está bien posicionada políticamente, ya que no conoce la censura. “La libertad de expresión está garantizada en la Constitución desde 1848”, dice Philippe Kaenel.

“La caricatura suiza no es tan espectacular como la inglesa o la francesa. Nunca tuvo figuras de la talla de Daumier, pero desde hace unos cuarenta años tiene cantidad de dibujantes de primer plano que reaccionan a también a eventos internacionales”, subraya Philippe Kaenel.

En un esfuerzo por superar las fronteras culturales, el ‘Nebelspalter’ coorganiza desde 2007 en Berna una exposición, ‘Gezeichnet’ (dibujado), de unos cincuenta artistas de prensa de todo el país, que muestran sus cuatro mejores creaciones del año.

Situación en Suiza

La Constitución garantiza la libertad de expresión y el Tribunal Federal exige que la sátira sea reconocible, que no exceda “en una medida intolerable, los límites de su propia naturaleza”. Hubo intentos de censura a principios del siglo XX y durante la Primera Guerra Mundial (posicionamientos muy favorables a los beligerantes), pero la libertad está garantizada, en general, desde 1848.

La Autoridad independiente de revisión de quejas en materia de radiotelevisión define la sátira como “un medio particular de expresión en el que la forma no coincide conscientemente con el mensaje deseado”, es decir, que el público pueda reconocer el principio satírico.

La Guía del Consejo Suizo de la Prensa recuerda que la deontología también se aplica a los temas satíricos. En 2006 se pronunció en torno a las caricaturas de Mahoma del ‘Jyllands-Posten’ danés, retomadas por ‘Charlie Hebdo’: Estima que debería ser posible ilustrar el “grave conflicto” entre la libertad de comentario y el respeto a la religión, “con citas en imágenes cuidadosamente enmarcadas”, pero habría considerado problemática la publicación de las 12 caricaturas sin comentarios.

(Fuente: “La sátira ante la justicia”)


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch

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