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20 años de acuerdo internacional Suiza y veto de minas antipersona: historia exitosa

Zerstörtes historisches Gebäude in Mosul.

Mosul, Irak. Entre la guerrilla urbana y las minas antipersona, la muerte está por todas partes.

 

(Keystone)

Desde hace 20 años, un Convención Internacional prohíbe el uso de minas antipersona. Aunque pesos pesados como Estados Unidos y Rusia no se han adherido, el tratado ha tenido importantes efectos, afirma Stefano Toscano, del Centro Internacional de Desminado Humanitario de Ginebra (GICHD).

¿Qué ha aportado realmente la prohibición de las minas antipersona? Desde su edificio de cristal azul en el barrio de las organizaciones internacionales de Ginebra, los expertos del GICHDEnlace externo apoyan a los Estados concernidos y a las Naciones Unidas en sus esfuerzos de desminado. El Centro debe su creación a una iniciativa suiza que surgió hace 20 años en el contexto de una lucha reforzada contra las minas. El 18 de septiembre de 1997, muchos Estados decidieron prohibir el uso y la producción de minas antipersona. La Convención fue firmada en diciembre de 1997 en la capital canadiense, lo que le valió el nombre de Convención de Ottawa.Enlace externo

En cualquier caso, el esfuerzo ha valido la pena, estima Stefano Toscano, director del GICHD. “Hace veinte años había dos o tres veces más muertos por las minas”. La Convención de Ottawa ha conducido a una drástica reducción del número de víctimas. También ha permitido el despeje de vastas áreas para que el hombre pueda vivir en ellas y explotarlas. Pero casi un tercio de los países del mundo todavía tienen tierras infestadas de minas, municiones de racimo y explosivos sin detonar. Esas tierras contaminadas se mantienen como una amenaza para la población civil y restringen su libertad de movimiento mucho tiempo después del fin de las guerras.

Muerte en el refrigerador

Este suizo de 52 años, oriundo del Tesino, ha hecho carrera en el Ministerio de Exteriores de Suiza. Está muy preocupado por las zonas de conflictos que se eternizan, como en Siria. Allí, explosivos artesanales, producidos por grupos rebeldes, son los que principalmente causan daño. Por otra parte, la lucha se desarrolla especialmente en las ciudades en este momento. Eso conlleva nuevos desafíos. Por ejemplo, un refrigerador en un edificio bien puede ser estar repleto de explosivos y de granalla, y explotar cuando se abra la puerta. Ahí, el trabajo de las personas que desactivan las minas es, sin duda, totalmente diferente al de buscar explosivos en el suelo. Según Stefano Toscano, gracias a la Convención, la producción industrial de minas prácticamente ha desaparecido.

La Convención de Ottawa fue negociada fuera de las Naciones Unidas. Hasta el momento, 162 Estados la han ratificado. Suiza fue uno de los primeros. Pero grandes potencias como Estados Unidos, Rusia, China, India y Pakistán aún no lo han hecho. Se hacen esfuerzos para que se sumen, señala Stefano Toscano. Sin embargo, es “políticamente sensible el uso de minas”, incluso para los Estados que no forman parte en la Convención, la cual ha conducido, más o menos a su prohibición. Así, por ejemplo, Estados Unidos se abstiene en gran medida de utilizarlas, excepto en el conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur.

Según los medios de comunicación, las partes en conflicto en el este de Ucrania también han utilizado minas antipersona. A diferencia de Rusia, Ucrania firmó la Convención. “No es nuestro papel intervenir políticamente”, puntualiza el director del GICHD. Es de los Estados miembros de la Convención y de las ONG. El Centro, por su parte, “apoya a los países afectados en el lanzamiento de programas eficaces de remoción de minas”. Sus aproximadamente 65 empleados no acuden a desactivar ni a eliminar esos artefactos, sino que proporcionan apoyo técnico, asesoramiento y educación continua a quienes lo hacen. Con el fin de transmitir su conocimiento, los expertos del Centro visitan medio centenar de 50 países alrededor del mundo cada año. En algunos de ellos, que aún no tienen estructuras estatales después de una guerra, las tropas de las Naciones Unidas se ocupan del desminado, también con el asesoramiento del Centro de Ginebra.

Prioridad

El compromiso con un mundo sin minas antipersona es una prioridad de la política exterior de Suiza. El año pasado, la Confederación consagró un total de 16 millones de francos a ese objetivo, de los cuales 9,2 millones fueron destinados al GICHD. “Estamos muy agradecidos. Sin ese dinero, difícilmente podríamos hacer nuestro trabajo”, subraya Stefano Toscano. Además, Suiza ha apoyado directamente la remoción de minas en algunos países, como Afganistán, Bosnia, Colombia y en la Franja de Gaza. Los soldados suizos también participan en los programas de desminado de la ONU en el Congo, Malí, Sudán del Sur y el Sáhara Occidental.

Sin embargo, para Stefano Toscano, está claro que “el desminado humanitario no debe considerarse de forma aislada. Contribuye de manera importante a la paz y al desarrollo; es decir, a los objetivos de la Agenda de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible 2030”, asienta.

Pero, a pesar de esos éxitos, ¿no existe el riesgo de que países que han firmado la Convención, como Ucrania, por ejemplo, puedan recurrir a las minas en caso de guerra? Stefano Toscano no puede descartarlo por completo, aunque recuerda que Ucrania rechaza haberlas utilizado. Sin embargo, podría decirse que si “en el pasado el uso de minas era la regla, hoy se ha convertido en la excepción”.

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Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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