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Campesinos colombianos convocan a diálogo de paz


Por Marcela Águila Rubín


Manifestación campesina en Bogotá en 2004. (AFP)

Manifestación campesina en Bogotá en 2004.

(AFP)

Labriegos, indígenas y afrodescendientes invitan al Estado, al ejército, la guerrilla, los empresarios, la Iglesia… al país en pleno, a participar en un encuentro por la paz.

Asimismo, convocan a los países europeos a participar con su experiencia y apoyo en ese encuentro programado para agosto próximo y en el que se espera la participación de 32 mil labradores.

“Después de 60 años, los gobiernos han hecho diferentes planteamientos de guerra y no han funcionado. Lo único que hemos tenido son muertos, desplazamientos y endeudamiento. No se ha resuelto nada. Entonces -enfatiza Alvaro Manzano-, ¡hagamos un esfuerzo de salida política por la paz!”

Álvaro Manzano, vicepresidente de la Asociación Campesina del Valle de Río Cimitarra, estuvo en Suiza en el marco de una gira que realiza por Europa para buscar apoyo político y económico para la difusión y desarrollo del encuentro, así como la participación de delegaciones con experiencia en procesos de paz.

“Los países europeos -subraya el dirigente campesino, en entrevista con swissinfo.ch- nos han apoyado muchísimo. En diversas regiones, las organizaciones sociales hemos logrado sobrevivir gracias al acompañamiento internacional”. Más aún, los pobladores de algunas comunidades, amenazadas por grupos armados, han podido desplazarse merced a la presencia de voluntarios extranjeros.

También el apoyo económico internacional ha hecho posible el desarrollo de diversos proyectos económicos locales y, a decir de nuestro interlocutor, las denuncias de sectores sociales colombianos han sido mejor escuchadas desde el exterior.

Por eso don Álvaro está en Europa, y por eso confía en la participación de representantes del Viejo Mundo en este encuentro por la paz al que convocan los sectores sociales más afectados por el conflicto armado en Colombia.

Nosotros ponemos los muertos

“Nosotros, los civiles, somos los que estamos poniendo toda la cuota porque todos los combatientes, llámense guerrilleros, paramilitares, militares, policías, son los hijos de gente pobre”.

Al Encuentro Nacional de Comunidades Campesinas, Afrodescendientes e Indígenas por la Paz, sus organizadores invitan al Gobierno nacional, “ya el vicepresidente, Angelino Garzón, está trabajando duro, nos ha acompañado a varias reuniones y está comprometido”; a los grandes gremios económicos; a las fuerzas militares; a todos los partidos políticos y, a la guerrilla:

“Tenemos que buscar los medios para llevar física o por escrito, como sea, la voz de los dos grupos guerrilleros más fuertes y más antiguos de Colombia, que son las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejército de Liberación Nacional)”.

Los promotores de esta iniciativa por un diálogo abierto entre todos los sectores de la sociedad colombiana -cuyo más cercano precedente remonta a las fallidas negociaciones del Cagúan en 2002 bajo la presidencia de Andrés Pastrana- han diseñado diversas temáticas de análisis de los procesos de paz en relación con la democracia, la justicia, la  tenencia de la tierra…

Zonas de Reserva Campesina

En este último rubro, la Asociación del Valle del Cimitarra tiene mucho qué decir. Esta entidad, consolidada como tal en 1996 y que ha sufrido persecuciones, expulsiones, desplazamientos y asesinatos, a todo lo largo de su historia, ha defendido contra viento y marea su Zona de Reserva Campesina.

“Es la única figura y modelo que hay para pensar en Colombia para lograr una verdadera e integral Reforma Agraria”, subraya el vicepresidente de la ACVC.

En Colombia, recuerda, “hay más de cuatro millones y medio de campesinos desplazados deambulando por las ciudades porque sus tierras fueron recogidas por los grandes terratenientes”.

Y ello, amén de que más de 6 millones de hectáreas de tierras permanecen improductivas, “mientras que Colombia va para una crisis de hambre tremenda, una crisis humanitaria”.

Para la ACVC, la solución a una amenaza semejante sería la creación de Zonas de Reserva Campesina y la integración de esa figura en la constitución del país. Pero también es urgente un cese de hostilidades por parte de los grupos armados y la restitución de las tierras a sus campesinos.

Don Álvaro confía en las señales de buena voluntad del nuevo gobierno colombiano: las leyes de víctimas y para la restitución de tierras, así como el reconocimiento de un conflicto armado en el país, empero, considera que las autoridades tendrás que ir más lejos en esas legislaciones y garantizar no solamente el retorno a la tierra, sino el retorno a la paz.

ACVC

Comunicado extracto:

Tras décadas de persistencia del conflicto social y armado, no hay nada que indique que estamos ad portas de su solución. Más allá de las valoraciones que se hagan sobre su estado actual, impregnadas en buena medida por un excesivo triunfalismo frente a la posibilidad de una solución militar, lo cierto es que la tendencia de la confrontación

armada con la insurgencia no sólo se mantiene, sino que viene

adquiriendo nuevas modalidades y expresiones que indican que habrá conflicto para largo.

Hemos sido sometidos a la estigmatización, a la persecución, incluso a la muerte, por parte de las fuerzas en contienda; pero también distinguidos en nuestra labor, por otros sectores de la sociedad, lo cual se expresó en el otorgamiento del Premio Nacional de Paz en 2010.

Dicho premio lo asumimos como un reconocimiento a todas aquellas comunidades campesinas, a todas aquellas organizaciones sociales y populares, empecinadas a través de diversas formas, en la búsqueda de una salida política a la confrontación armada que azota a la nación.

A nuestro entender, el conflicto puede tener salida, atacando sus causas objetivas, mediante la realización de reformas políticas, económicas y sociales, que permitan mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la población colombiana. Pero también, a partir de la voluntad y la decisión política expresa de las fuerzas en contienda.

 El premio nacional de paz nos despertó la responsabilidad política y moral, para hacer un llamado a la insurgencia, a los más amplios sectores de la sociedad y de la comunidad internacional, a la iglesia, a sectores empresariales y sindicales, a los partidos políticos, a las organizaciones no gubernamentales, a los diferentes poderes públicos, a las fuerzas militares, a comunidades locales, a que hablemos de las

posibilidades de una paz digna, con miras a darle un trámite distinto a los conflictos sociales en nuestro país.

swissinfo.ch



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