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Corrupción en el fútbol


Blatter pretende ser presidente de la FIFA por quinta vez


Por Roger Blitz


El suizo Sepp Blatter, de 78 años, no da signos de querer abandonar la presidencia de la FIFA. (Keystone)

El suizo Sepp Blatter, de 78 años, no da signos de querer abandonar la presidencia de la FIFA.

(Keystone)

Sepp Blatter subirá al estrado en la reunión que los miembros de la FIFA celebran esta semana en São Paolo, antes de la Copa del Mundo, para decirles que está dispuesto a presentar su candidatura y buscar el quinto mandato presidencial, si es esa su voluntad.

Según personas del interior de la FIFA, su convocatoria llegará a un grupo de viejos dirigentes que irán a la tribuna para implorar que el presidente de 78 años de edad vuelva a postular, momento en el que Blatter anunciará oficialmente su candidatura.

Muchos son los que en el mundo del fútbol creen que las revelaciones de presuntos pagos secretos para dar a Qatar la Copa del Mundo 2022 puedan obligar un nuevo proceso de votación. Sin embargo, es difícil encontrar a alguien que apueste contra el emperador del fútbol y el mantenimiento de su gobierno en el juego por otros cuatro años.

En el universo del balompié se teme contrariar al Sr. Blatter. La riqueza de la FIFA –sus ingresos del último año suman 1.400 millones de dólares-, y su patrocinio son importantes para que cualquier asociación de fútbol esté con el organismo gobernante y su presidente.

Durante un discurso pronunciado en la Universidad de Oxford, en el mes de octubre, Blatter bromeó acerca de las percepciones que causa su organización. “Algunos les hablarán de presuntos secretos sórdidos que yacen en el fondo de la oficina central de la Junta villana, encima las colinas de Zúrich, donde aparentemente complotamos para explotar a los desafortunados y a los pobres”, dijo.

Tormenta

Ahora, ante la mirada del mundo, una tormenta roza los alrededores de la ciudadela de la FIFA, mientras Blatter se dispone a estrechar la mano de los 209 miembros de las asociaciones que votarán en la elección presidencial del próximo año.

Los preparativos para la Copa del Mundo de Brasil –los peores, incluso a juicio del propio Blatter-,  hacen que la FIFA llegue al país, esta semana, esperando y rogando que el torneo de cuatro semanas transcurra sin incidentes graves.

La trinidad de problemas de Qatar –programación del torneo en época de calor intenso, trato dado a trabajadores migrantes y las denuncias de supuesta influencia en los votantes, enérgicamente negada por los organizadores-, han fastidiado a la FIFA desde que su comité ejecutivo otorgó, en el mes de diciembre de 2010, la organización del torneo 2022 al pequeño estado del Golfo.

Esas crisis representan el fondo de las críticas incesantes a la gobernabilidad en los cuarteles de la FIFA y a la tentativa de reforma en el cuerpo rector del balompié mundial que Blatter emprendió tras las impropiedades financieras en su comité ejecutivo.

Pero aún no ha surgido un retador creíble. El titular tiene ventaja incorporada: ha volado miles de kilómetros por asuntos de la FIFA y entregado fondos del organismo para proyectos de desarrollo del fútbol.

Elegido sin oposición en el 2011, ha perdido algo de influencia en Asia, otrora feudo del qatarí Mohammed bin Hamman, hoy personaje central en la controversia que rodea la Copa del Mundo 2022 en Qatar.

El ex dirigente del comité ejecutivo de la FIFA fue aliado esencial de Blatter y le ayudó a ganar las elecciones presidenciales en 1998 y 2002. Su candidatura personal a la presidencia se desplomó entre acusaciones de votos comprados y ha hecho que algunos dirigentes del fútbol de Asia parezcan menos cercanos a Blatter.

Revitalizado

No obstante, Blatter sigue gozando del apoyo de las confederaciones que abarcan Norte, Centro América y el Caribe, así como las de África, Oceanía y Sudamérica. Solamente Europa estaría firmemente situada en el campo contrario a Blatter.

Dadas las repercusiones de su última victoria electoral, los asesores de Blatter admitieron haberle visto extenuado, con la salud resentida y que asumía el cargo por última vez. Ahora dice estar revitalizado, a pesar de las crisis.  

Pero Blatter está acostumbrado a las crisis. Un partidario de la candidatura de Qatar 2022 jamás vería con indiferencia el destino de la Copa del Mundo, siempre y cuando las consecuencias de retirarle el torneo a Qatar no afectan financieramente a la FIFA.

La mayor amenaza a su presidencia vendrá probablemente en las próximas cinco semanas. Nuevas revelaciones de malos manejos financieros podrían envenenar la atmósfera en el congreso de São Paolo, y el campeonato en Brasil reflejará en cierto modo lo ocurrido tanto dentro como fuera del campo.

Los partidarios de Blatter dicen estar molestos por los ataques personales y porque quieren hacerle pagar el pato de los pecados de otros. Sin embargo, según Alexandra Wrage - miembro del panel asesor de reformas en la FIFA-, la tonalidad de cualquier organización es establecida en la cúpula.

“Si usted es líder de una organización, es el responsable de la cultura de esa organización”, señala y añade: “Si el líder se justifica con disculpas, el cinismo crece rápidamente”.

Al margen

Platini al margen por los enfrentamientos en los organismos de gobierno

El presidente de la UEFA, Michel Platini, vuela a Brasil para anticiparse a lo que está ocurriendo en los prolegómenos del enfrentamiento entre la dirección gobernante del fútbol en Europa y la FIFA de Blatter, escribe Roger Blitz

Son pocas las posibilidades de que Platini sea el retador de Blatter en la elección del próximo año para la presidencia del organismo mundial del balompié.

Perjudicado por los rumores de que votó a Qatar para la Copa del Mundo 2022, es probable que a Platini le falte tiempo para montar una campaña electoral. Las conversaciones en la sede de la UEFA, en Suiza, giran ahora en torno a la búsqueda de un candidato alternativo para el bloque del fútbol en Europa.

El antiguo capitán de la selección francesa de fútbol ha vuelto a rechazar, en esta semana, los ataques por sus lazos con Qatar. La UEFA sospecha que la FIFA está detrás de los cuentos que sitúan a Platini bajo la supuesta presión del entonces presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, para votar a Qatar y favorecer las relaciones comerciales.

“Desafortunadamente, ya no me sorprende la circulación de rumores infundados que quieren manchar mi imagen, especialmente en un momento tan importante para el futuro del fútbol”, dijo.

Platini estaba preparado para anunciar, a principios de este año, que no era candidato; pero sus colegas le aconsejaron esperar hasta después de la Copa del Mundo, que podría ser desfavorable para Blatter.

Las dos organizaciones se tienen aversión recíproca. La UEFA cree que las crisis numerosas de la FIFA han dañado la reputación del juego, aunque también a la posición aparentemente inexpugnable de Blatter. Las relaciones entre Platini y Blatter son diplomáticas en público, pero nada más.

Sin embargo, la UEFA no ha hecho lo suficiente para construir relaciones con otros bloques, muchos de los cuales ven con envidia la prosperidad de la UEFA y se sienten molestos porque sus países acogen con frecuencia la sede de la Copa del Mudo.

Por tanto, cualquier candidato apoyado por la UEFA encara la difícil tarea de persuadir a otras asociaciones nacionales de la FIFA y oponerlas a Blatter. En cambio, la UEFA depende de hechos irregulares que revelan los medios de comunicación o las protestas en la Copa del Mundo en Brasil para modificar los argumentos sobre quién debería gestionar el juego.

El congreso que la FIFA llevará a cabo la próxima semana promete ser un encuentro volátil. La UEFA estudia la forma de responder al plan que tiene Blatter en busca de un quinto mandato. Los informes acerca de las protestas son exagerados, dice la FIFA. Pero la UEFA se dispone a dar combate, quizás criticando la gobernabilidad de la FIFA sin mencionar explícitamente a Blatter.

Tal vez no pueda conseguir la candidatura de Platini, pero al menos permitirá que sus disgustados colegas europeos expresen algunas de sus reivindicaciones.


Traducción del inglés, Juan Espinoza, Financial Times



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