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COVID-19 ¿Por qué las grandes farmacéuticas dan la espalda a las enfermedades infecciosas?

paciente de ébola

La experiencia que arrojó el desarrollo de vacunas para enfermedades como el ébola ha llevado a algunas farmacéuticas a ser más cautelosas con sus inversiones. ​​​​​​​

(Keystone / Unicef/mark Naftalin Handout)

Cada vez más empresas, entre ellas grandes farmacéuticas suizas, desatienden las enfermedades infecciosas emergentes para invertir recursos en sectores más rentables, como los tratamientos contra el cáncer. Una decisión comercial que podría costarle caro a la lucha contra epidemias como la del coronavirus.

A pesar de que Suiza es un destacado centroEnlace externo farmacéutico y biotecnológico a nivel mundial, muchas empresas con sede en este país no quieren asumir públicamente compromisos frente al brote global de coronavirus.

El listadoEnlace externo de la Organización Mundial de la Salud (OMSEnlace externo) sobre el desarrollo de vacunas y tratamientos para atajar el Covid-19 no incluye a ninguna empresa suiza. Y ninguno de los fabricantes de medicamentos en Suiza ha anunciado planes relevantes para destinar recursos a la investigación y desarrollo (I+D) para contrarrestar este virus, a pesar de que hay más de 100 000 personas infectadas en un centenar de países.

Una falta de interés que no sorprende a Bernard Pécoul, director ejecutivo de la Iniciativa de Medicamentos para las Enfermedades OlvidadasEnlace externo (DNDi en inglés), una organización no lucrativa con sede en Ginebra que busca promover el desarrollo de tratamientos para males que no son una prioridad para la industria farmacéutica.

“Muchas empresas farmacéuticas se han olvidado de las enfermedades infecciosas. Esto genera una gran inquietud porque estamos lejos del fin de este tipo de enfermedades, como lo demuestra el más reciente brote [de coronavirus]”, afirma Pécoul.

Desde su fundación en 2003, la DNDi trabaja en atraer inversiones hacia poblaciones y enfermedades que a menudo son desatendidas. Intenta una reorientación del modelo de I+DEnlace externo, que actualmente solo se basa en las necesidades del mercado. Y su esfuerzo ha permitido desarrollar ocho nuevos tratamientos para enfermedades como la del sueño, que afecta a millones de personas, principalmente en el África subsahariana.

Los esfuerzos realizados por las farmacéuticas siguen siendo minúsculos comparados a los miles de millones que destinan a la investigación sobre el cáncer y enfermedades raras y mortales, como la atrofia muscular espinal, con la esperanza de lograr grandes avances genéticos. En general, las inversiones en enfermedades infecciosas emergentes -con excepción del VIH- como la malaria o la tuberculosis, se reducen cada vez más.

Llamamiento urgente del Fondo Nacional Suizo para la Investigación Científica

La más reciente edición del Índice de Acceso a los MedicamentosEnlace externo revela que casi la mitad de los proyectos de I+D de las 20 compañías más importantes del mundo tienen como objetivo central el cáncer, pero no hay proyectos para atender los coronavirus (MERS-Cov y SARS-Cov), hasta el momento en que se publicó el informe.

Novartis vendió su división de vacunas a la compañía farmacéutica británica GSK en 2014, después de registrar pérdidas durante años en ese negocio. La empresa ya no posee una masa crítica de experiencia en materia de virología ni tiene laboratorios trabajando en antivirales o diagnósticos. El negocio de las vacunas solo cuenta en sus filas con cuatro grandes jugadores que controlan el 80% de un mercado que vale casi 43 000 millones de francos suizos.

“Las empresas se concentran en los mercados que son más atractivos en términos de beneficios. La oncología es muy rentable. E incluso las llamadas enfermedades huérfanas (según la clasificación de enfermedades raras realizada por el gobierno de Estados Unidos) se consideran rentables porque [los medicamentos] para atenderlas pueden ofrecerse a un precio muy alto”, dice Pécoul.

Inversión en coronavirus

Policy Cures ResearchEnlace externo, un grupo de expertos en salud de Australia, le sigue la pista a la inversión mundial en I+D en enfermedades infecciosas emergentes.

Los hallazgos preliminares de su informe, que será publicado en 2020, sugieren que la financiación general de I+D en el caso del coronavirus (centrado en MERS, pero que incluye también la I+D del SARS y la investigación dirigida a múltiples coronavirus) fue de solo 27 millones de dólares en 2016, aumentó a 50 millones en 2017 y cayó significativamente, a alrededor de 36 millones dólares en 2018, muy por debajo de los niveles de financiación recibidos por el ébola y el zika.

Paul Barnsley, analista sénior de Policy Cures Research, ha declarado a swissinfo.ch que "se ha hablado muy poco sobre la inversión en I+D relacionada con el coronavirus”. Pero señala también que la naturaleza de estas inversiones depende en gran medida de la presencia o no de una epidemia y, por tanto, de la posibilidad de realizar ensayos clínicos.

"La modesta inversión privada destinada a I+D en el caso del coronavirus probablemente refleja, al menos parcialmente, la ausencia de oportunidades para realizar ensayos clínicos durante el periodo en el que nosotros investigamos al respecto”, Barnsley.

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Prioridades divergentes

Ellen ‘t Hoen, directora de la Ley y Política de MedicamentosEnlace externo, argumenta que “las farmacéuticas no establecen sus prioridades en función de las prioridades de la salud global”. La abogada, que ha trabajado para Médicos sin Fronteras y la OMS, afirma que los accionistas están acostumbrados a obtener grandes ganancias y sus prioridades a menudo no convergen con las que tiene la salud pública.

Algunas farmacéuticas afirman que esta es una explicación simplista y añaden que el cáncerEnlace externo sigue siendo la segunda causa de muerte a nivel mundial, razón por la que se le da prioridad; y las enfermedades crónicas como la diabetesEnlace externo, por su parte, están en aumento.

En una entrevista concedida en enero, en el marco del Foro Económico Mundial (WEF en inglés), Harald Nusser, director de Novartis Social Business, declaró a swissinfo.ch que la compañía debe evaluar siempre en qué nichos sus inversiones y experiencia pueden hacer una contribución más significativa. Así, Novartis ha invertido fuertementeEnlace externo en los tratamientos para enfermedades tropicales como la malaria, la lepra y la leishmaniosis.

"Quizás no sean la principal amenaza, o la principal necesidad de salud, pero aún hay gente que muere por su causa”, dice Nusser.

El problema con las epidemias

Las epidemias son un gran desafío para los ejecutivos de la industria farmacéutica. Cuando hay un brote, hay mucha actividad, pero cuando disminuyen los contagios, también lo hacen las inversiones. Esto significa que "las tecnologías médicas prometedoras corren el riesgo de quedarse en el camino porque no hay nadie que las quiera financiar”, afirma Ellen ‘t Hoen.

El consejero delegado de Novartis, Vasant Narasimhan, coincide con esta visión, según una entrevista concedida a la CNBCEnlace externo a principios de año, en la que dijo que "primero hay un gran interés y mucha actividad, pero luego la situación se calma, la gente se desinteresa y las inversiones se van a otro lado”. La pregunta es pues ¿cómo mantener la inversión como prioridad cuando hay pandemias o brotes como el que ha observado el coronavirus?

Frecuentemente citada, la experiencia de GSK con el ébola ofrece una advertencia digna de ser considerada. Después de haber invertido durante años en tres vacunas, cuando la epidemia de esta enfermedad llegaba a su fin (entre 2014 y 2016), la investigación perdió ritmo y se frenaron los avances porque había menos casos de ébola. Por ello, ante la carencia de una perspectiva real de rentabilidad, la empresa finalmente abandonó sus investigaciones en 2019 y cedió los prospectos de vacuna obtenidos a un instituto estadounidense sin ánimos de lucro. Y esto a pesar de que se sabía de un nuevo brote epidémico en la República Democrática de Congo.

Otras compañías farmacéuticas tuvieron experiencias parecidas durante la epidemia de SARS, según expresó a la televisión pública suiza RTSEnlace externo Thomas Cueni, director general de la Federación Internacional de Fabricantes de Productos Farmacéuticos. “Hace unos 17 años, había empresas que comenzaron a desarrollar vacunas. Pero cuando llegó el momento de los ensayos clínicos, ya no había pacientes porque el virus había desaparecido”.

Esta experiencia ha vuelto a muchas empresasEnlace externo más precavidas a la hora de invertir en nuevas vacunas para atender enfermedades como el COVID-19. Muchas compañíasEnlace externo se han limitado a donar productos y asesorar a las autoridades sanitarias de distintos países. Novartis, Johnson & Johnson y Sanofi han informado que están revisando los productos existentes para ver si pueden reutilizarse para el coronavirus.

El pasado 3 de marzo, el medicamento para la artritis de Roche Actemra comenzó a ser considerado en el plan de tratamiento para COVID-19 emitido por parte de la Comisión Nacional de Salud de China como posible terapia para atender a pacientes gravemente enfermos. La compañía también está trabajando con una empresa alemana que usa el sistema LightCycler® 480 de Roche para acelerar el diagnóstico de infecciones por coronavirus.

Un portavoz de la compañía ha explicado a swissinfo.ch que están entregando tantas muestras de medicamentos como les son solicitadas, siempre en la medida de su capacidad de abastecimiento. Aunque estos esfuerzos son significativos, es evidente que el desarrollo de vacunas implicaría compromisos financieros mucho mayores y en un plazo muy breve, con pocas perspectivas de retorno financiero. Una urgencia que además supone riesgos legales para las empresas.

Actualmente, muchos inversores apuestanEnlace externo por compañías pequeñas que están dispuestas a asumir más riesgos. Cuando la desconocida Vaxart anunció que buscaba una posible vacuna para el COVID-19, el precio de sus títulos subió un 106,1%. Las acciones de biotecnologías como Novovax e Inovio también aumentaron después de que anunciaran sus planes para realizar ensayos clínicos.

La OMS estima que una vacuna contra el coronavirus tardará al menos 18 meses en producirse, un periodo corto para el proceso típico de desarrollo que sigue una vacuna.

Reparando un modelo averiado

Analizando los 35 años previos en materia de salud global, ‘t Hoen teme que aún no hayamos aprendido las lecciones del pasado. "El coronavirus corre el riesgo de sumarse a una larga lista de problemas de salud a los que la industria da la espalda, a menos que haya incentivos adicionales disponibles", escribió en un comentario reciente publicado en BarronsEnlace externo.

Seguramente, algún tipo de asociación público-privada se ocupará del tema, dice Ellen ‘t Hoen, pero advierte que debe considerarse siempre que las vacunas sean asequibles y que los fabricantes no tengan los derechos exclusivos sobre ellas.

Estos temas son fuente de tensiones en la Coalición para las innovaciones en preparación para epidemiasEnlace externo (CEPI) que encabeza un prometedor esfuerzo para impulsar la inversión en I+D de vacunas para epidemias.

Este grupo ha luchado firmementeEnlace externo para conseguir que las farmacéuticas estimulen la investigación y la inversión destinadas a las enfermedades epidémicas, sin que su prioridad perenne sea obtener ganancias o los derechos de propiedad, e invitan a los corporativos farmacéuticos a sumarse al trabajo que realizan aportando fondos y conocimiento.

En este sentido,  Pécoul advierte que sería lamentable que la solución al problema se limite solo a que las empresas donen medicamentos y ofrezcan algo de dinero como apoyo. "Necesitamos que su cmpromiso vaya mucho más allá de la simple caridad”.


Traducción del inglés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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