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Democracia internacional Quienes auguran el fin de la democracia ignoran cambios decisivos

Muchedumbre congregada en un acto político

Imagen captada el 12 de mayo de 2018 en el estado de Karnataka (India) antes de las elecciones legislativas. 

(Keystone)

La nueva sabiduría popular considera que la democracia electoral está en declive. Pero esta afirmación ignora otra tendencia generalizada: la democracia directa a nivel local y regional está en auge, incluso si a nivel nacional aumenta la decepción ante el gobierno representativo.   

Este artículo forma parte de #DearDemocracy, la plataforma sobre democracia directa de swissinfo.chEnlace externo

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Hoy, 113 de los 117 países democráticos del mundo ofrecen a sus ciudadanos el derecho (legal o constitucional) a presentar una iniciativa ciudadana, un referéndum o ambos. Y desde 1980, el 80 % de los países, como mínimo, han celebrado un referéndum nacional o una votación popular sobre una cuestión legislativa o constitucional.  

De todas las votaciones realizadas en la historia, más de la mitad se han llevado a cabo en los últimos 30 años. Hasta mayo de 2018 se han celebrado –según nuestras investigaciones– casi 2 000 votaciones populares sobre cuestiones de fondo: 1 059 en Europa, 191 en África, 189 en Asia, 181 en América y 115 en Oceanía.

Y esto solo a nivel nacional. Otras democracias importantes (como Alemania, Estados Unidos e India) no permiten votaciones populares sobre cuestiones de fondo a escala nacional, y sin embargo apoyan una democracia directa sólida a nivel local y regional. Las consultas locales realizadas hasta la fecha son prácticamente incontables: decenas de miles.

Esta robusta democratización (al menos cuando se trata de legislación directa) ofrece un contexto que por lo general los apocalípticos no citan cuando sugieren que la democracia está tocada de muerte señalando a líderes autoritarios, como el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, el presidente ruso Vladimir Putin, el primer ministro húngaro Viktor Orbán, el presidente filipino Rodrigo Duterte y el presidente estadounidense Donald Trump.

Bruno Kaufmann es el corresponsal mundial de democracia de swissinfo.ch.  

Joe Mathews, el fundador de Zócalo Public Square, una plataforma digital de democracia y periodismo ciudadano. 

Ambos presiden el Foro Mundial sobre Democracia Directa ModernaEnlace externo, cuya 7ª edición tendrá lugar del 26 al 29 de septiembre en Roma.

De hecho, las dos tendencias –el ascenso del autoritarismo populista en algunas naciones y el ascenso de la democracia local y directa en determinadas áreas– están relacionadas. La frustración está creciendo con los sistemas democráticos a nivel nacional, y sí, es verdad, algunas personas se sienten más atraídas por el populismo. Pero parte de esa frustración se enfoca en energía positiva: logrando que la democracia local sea más democrática y directa.

Las ciudades, desde Seúl hasta San Francisco, ansían herramientas nuevas e innovadoras que lleven a la ciudadanía a procesos de debate que le permitan tomar decisiones y sentirse involucrada en las acciones del gobierno. Hemos visto a gobiernos locales adoptar el presupuesto participativo, la planificación participativa, los jurados populares y un sinfín de herramientas digitales experimentales al servicio de esa deseada mezcla de un mayor debate y una actuación pública más directa.

Un derecho humano

Esta tendencia supone un regreso al futuro. En la antigüedad, la democracia simplemente era una asamblea en la que los ciudadanos podían discutir y decidir sobre asuntos públicos. En la actualidad, ese tipo de deliberación directa solo es una parte de la democracia, un término que representa un conjunto mucho más amplio de principios y normas, incluidos los derechos humanos y el Estado de derecho.      

De hecho, la democracia directa, junto con el derecho a votar para elegir a los representantes, es en sí un derecho humano. Según la Declaración Universal de Derechos Humanos, toda persona tiene derecho “a participar en la gestión de los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos”.

La confusión sobre el significado de democracia y democracia directa es una de las razones por las que surge este mito de que la democracia a escala mundial está en declive. Cuando decimos democracia directa, hablamos en realidad de dos grupos diferentes de votaciones democráticas.

Democracia desde abajo o desde arriba

El primero, el foro iniciado por los ciudadanos, en el que se proponen nuevas leyes o referendos populares con la intención de detener (o enmendar) decisiones legales adoptadas por representantes electos. Para ello, los ciudadanos concentran el apoyo de un cierto número de ciudadanos para impulsar una votación.

La otra forma de democracia directa incluye las votaciones promovidas por el gobierno o consultas desde arriba hacia abajo. Pueden incluir referendos obligatorios basados en un cambio de disposición legal u otro tipo de decisión sobre la emisión de bonos, un tratado o incluso el estatus territorial o la independencia.

También puede haber votaciones populares promovidas por el gobierno y propuestas voluntariamente por dirigentes electos o no electos. Estas consultas se denominan plebiscitos y pueden ser muy problemáticas cuando –como  en Venezuela– se manipulan para apuntalar al dirigente de un gobierno con una legitimidad menguante. Los sistemas que rodean las iniciativas y consultas a menudo son bastante más nuevos que nuestros sistemas representativos, y en muchos países no están bien desarrollados.   

Deliberación e integración

Muchas democracias directas se quedan cortas en dos áreas: deliberación e integración. Los sistemas de iniciativas electorales, como los de California y Arizona, por ejemplo, no ofrecen espacio, tiempo e infraestructuras de apoyo para que los ciudadanos y los líderes deliberen juntos para desarrollar y considerar una medida antes de que los votantes decidan sobre ella. Y en todo el mundo, muchos instrumentos de iniciativas y referéndums no están bien integrados en los sistemas representativos.

Lo ideal es que el plazo del escrutinio de las medidas de votación, y las reglas bajo las cuales dichas medidas operan, coincida con las medidas del sistema legislativo. Después de todo, los electores que votan en las iniciativas actúan como legisladores. Suiza ofrece, tal vez, el mejor sistema integrado del mundo. Pero demasiadas democracias directas se asemejan a la de California, donde el proceso de iniciativa permite evitar casi por completo el gobierno representativo.   

No parece que haya dudas de que la democracia directa se convertirá en una característica más dominante del autogobierno, que complementa la democracia representativa pero también compensa su maltrecha legitimidad en esta era de poder distribuido en las redes sociales.

El principal desafío es diseñar nuevas prácticas e instituciones que aseguren que esta forma de gobernabilidad se ajusta adecuadamente, de manera que el bien público mejore, no quede atrapado por intereses particulares organizados, o simplemente no exprese los prejuicios o arrastre las agitaciones más inmediatas de los votantes.

Este artículo de opinión se publicó inicialmente en el diario ‘The Wahington PostEnlace externo’.


Traducción del inglés: Lupe Calvo

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