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Democracia directa y economía Las empresas se benefician de la participación ciudadana

Generalmente, los suizos votan con conocimiento de causa y son conscientes de las consecuencias que pueden tener determinadas iniciativas populares para el sector empresarial.

(Keystone)

La implicación directa de los ciudadanos en las decisiones políticas tiene más ventajas que inconvenientes para la economía de un país, sostiene el economista Alois Stutzer. La estabilidad política, dice, es crucial para que las empresas puedan planificar sus inversiones y contribuir a la prosperidad económica.

El profesor de Economía de la Universidad de BasileEnlace externoa cita un estudio comparativoEnlace externo del IMDEnlace externo (International Institute for Management Development), prestigiosa escuela de negocios de Lausana, según el cual los países donde se practican formas de democracia directa obtienen muy buenos resultados, tanto en términos de bienestar económico como en competitividad.

swissinfo.ch: ¿Cómo se las ingenian las empresas para lidiar con la democracia directa en Suiza?

Alois Stutzer: La democracia directa tal como se practica en Suiza no repercute negativamente en las empresas, sino todo lo contrario. Lo vemos, por ejemplo, si tomamos como referencia el informe sobre competitividad mundial que evalúa la calidad de las regulaciones, los servicios, las infraestructuras, la formación y el potencial de la fuerza laboral, así como el acceso al capital.

Alois Stutzer es profesor de Economía en la Universidad de Basilea. Sus principales intereses de investigación abarcan la economía política, el derecho y la economía, la economía y la psicología, así como la economía del trabajo.

Estudió en la Universidad de Zúrich, donde trabajó como asistente antes de ser nombrado profesor de Finanzas Públicas en Basilea. En 2002 fue investigador en la Universidad de California.

Sus publicaciones abarcan temas como la felicidad y la economía, la participación ciudadana en la política y el voluntariado. Uno de sus trabajos más recientes habla de los efectos de los costes del voto en el proceso democrático.

(Uni Basel)

Si consideramos las infraestructuras públicas y los servicios como un reflejo del buen funcionamiento de las instituciones en un sistema político, entonces creo que, en términos generales, las empresas no solo pueden convivir estupendamente con la democracia directa, sino que además disponen de condiciones que les son favorables en la búsqueda de rentabilidad y de actividades innovadoras.

Así lo demuestran los ejemplos de las compañías –del sector de las ciencias de la vida y las tecnologías de la salud o el gigante de Internet Google– que han elegido Suiza como sede de sus departamentos de investigación.

swissinfo.ch ¿Cómo miden las Ciencias Económicas las ventajas de la democracia directa?

A.S.: Por ejemplo, comparando el uso eficiente de los recursos y los fondos públicos. En Suiza, por ejemplo, los votantes tienen la última palabra, a escala cantonal y municipal, en la construcción de nuevas escuelas o piscinas públicas.

En algunos casos, las nuevas infraestructuras se costean con dinero de los contribuyentes. Pero fijémonos en los casos de Alemania o España, donde la espiral del presupuesto para la construcción de aeropuertos estaba fuera de control, se tuvieron que aplazar los proyectos o nunca llegaron a concluirse.

Podemos observar una repercusión similar de la democracia directa en las tasas impositivas, aunque en menor medida.

Si el contribuyente confía en que puede controlar al Estado, estará dispuesto a asignarle más recursos a cambio de recibir más servicios: por ejemplo, una subida de impuestos para financiar una espléndida piscina pública. Pero si usted no confía en los políticos, no estará dispuesto a pagar más.

Una política fiscal sostenible, con una tasa baja de deuda pública, es un requisito fundamental para generar seguridad y confianza en la economía, como demuestran los casos de Grecia, Italia y España.

Las cooperativas, un capital de democracia

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Las Naciones Unidas han declarado 2012 el Año Internacional de las Cooperativas para honrar un modelo económico alternativo que busca compaginar productividad y responsabilidad civil. En tiempos de crisis, las cooperativas podrían vivir un segundo auge.

Nacidas a mediados del siglo XIX en Gran Bretaña en el contexto de las tensiones inherentes a la Revolución Industrial, las cooperativas cuentan hoy con más de mil millones de miembros en el mundo y dan trabajo a más de 100 millones de personas. 

En los últimos años han facturado más de un billón de euros en sectores como la industria, el comercio, la agricultura, la banca o los seguros. El cooperativismo abarca actividades de lo más variopintas, que van desde la producción de cacao en los países del Sur, pasando por equipos de fútbol como el FC Barcelona, hasta los cazadores de serpientes en India o los productores del queso parmesano en Italia.

En Suiza existen más de 9.600 cooperativas. Algunos ejemplos ilustran su importancia: Más de la mitad de la población es propietaria de títulos de Coop o Migros, que juntos abarcan más del 50% del comercio minorista. Existe también el banco Raiffeisen, con sus 1,7 millones de asociados, la aseguradora Mobiliar, el grupo agrícola Fenaco y la cooperativa de alquiler de coches Mobility, entre otros.

2012 bajo la insignia de las cooperativas

¿Pero qué es exactamente una cooperativa? “Se trata de una asociación de personas que se unen de forma democrática para generar riqueza y redistribuirla de forma equitativa”, explica Emmanuel Kamdem, experto en la materia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Más que un simple fenómeno económico, las cooperativas constituyen un modelo empresarial específico que se basa en valores como democracia,  igualdad, solidaridad y reciprocidad. “Es un modelo que compagina la lógica de mercado y la inclusión social, en el que la solidaridad está por encima de todo. Indudablemente, generar beneficios económicos es un imperativo que hay que respetar para asegurar el crecimiento social y económico de sus miembros, pero el cooperativismo no busca la maximización de los beneficios”.

Si la ausencia de capital de base y la descentralización del poder son los principales elementos que frenan el desarrollo de estas empresas sostenibles, las cooperativas aún no han agotado su potencial, sostiene Emmanuel Kamdem. “El objetivo de la ONU para este 2012 es promover la creación y el desarrollo de este modelo, que en los últimos años acapara un creciente interés entre economistas y empresarios”.

Pero la campaña pone énfasis también en los propios miembros de las cooperativas, que a menudo desconocen los principios fundacionales de estas entidades. “Las cooperativas excesivamente grandes tienden a olvidar el papel que se espera de ellas en materia de formación, y los socios no siempre son conscientes de sus derechos y obligaciones. Es una laguna que hay que colmar”.

Crecen los pequeños productores

Si las cooperativas económicamente más rentables se concentran en los países industrializados como Francia, Estados Unidos, Alemania, Países Bajos e Italia, en la última mitad de siglo este modelo se ha desarrollado sobre todo en las naciones del Sur.

“La asociación de pequeños productores es un instrumento fundamental de democratización en el que las poblaciones más pobres participan en la construcción de su futuro”, explica Hans-Peter Egler, de la división Cooperación y Desarrollo Económico de Seco (Secretaría de Estado de Economía). “A menudo un solo individuo no dispone de los medios para hacerse escuchar. Por ello las cooperativas tienen un papel importante no solo porque dan voz a los pequeños productores, sino también porque los protegen frente a la competencia de las multinacionales”.

Hans-Peter Egler lo ilustra con el ejemplo del comercio justo, que el año pasado facturó 316 millones de francos en Suiza. El 75% de estos productos provienen de cooperativas.

“Productos como el café, el cacao y el algodón se cultivan exclusivamente en pequeñas cooperativas agrícolas, donde los campesinos tienen la posibilidad seguir una formación continua, aprender a defender sus intereses y transmitir sus conocimientos al resto de los miembros de la comunidad. Y son cooperativas grandes, como Coop y Migros, que luego venden estos productos en Suiza. Así se cierra el círculo”.

Capitalismo social

Según la OIT, a escala mundial las cooperativas generan un 20% más de puestos de trabajo que las multinacionales, y en Suiza constituyen el principal empleador del sector privado.

“Además, las cooperativas han superado mejor la crisis financiera de 2008-2009 que otras entidades bancarias, sencillamente porque sus miembros son clientes y propietarios a la vez y ejercen así un mayor control. Sin contar que tienen derecho de voto, independientemente de la parte de capital invertido”, explica el experto de la OIT.

En estos tiempos de crisis, que han sometido a los países de la eurozona a una dura prueba, Emmanuel Kamdem considera “inevitable” un retorno al modelo cooperativista, que es más democrático, se centra en la economía real y, sobre todo, es capaz de adaptarse a las necesidades tanto de los países industrializados como las naciones en desarrollo.

Año de las Cooperativas

“Con su distintivo énfasis en los valores, las cooperativas han demostrado ser un modelo empresarial versátil y viable, que puede prosperar incluso en épocas difíciles. Su éxito ha contribuido a impedir que muchas familias y comunidades caigan en la pobreza”, afirma el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en sitio web dedicado al Año Internacional de las Cooperativas.

Los tres principales objetivos de este Año, según la ONU, son:

1. Crear mayor conciencia sobre las cooperativas y su contribución al desarrollo económico y social, y al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

2. Fomentar la creación y el crecimiento de cooperativas con miras a reforzar la participación económica y social.

3. Alentar a gobiernos y organismos reguladores a implementar políticas, leyes y normativas que propicien la constitución y el crecimiento de las cooperativas.

Fin del recuadro

¿Lo sabía?

El champán se produce casi exclusivamente en cooperativas;

El 80% del aceite de oliva español proviene de cooperativas;

Los productores del 75% del parmesano italiano forman parte de una cooperativa.

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Las empresas que quieren planificar con varios años de antelación sus inversiones en nuevas plantas pueden perder la confianza en un gobierno que se ha comprometido a pagar las rentas de jubilación, pero que tiene que acumular deudas para poder cumplir. En Suiza, en cambio, el nivel de endeudamiento público es bastante bajo.

swissinfo.ch: ¿Y qué opina de los inconvenientes de la democracia directa – las votaciones, los ciudadanos que tienen la última palabra en una decisión política – para el sector económico?

A.S.: Es verdad que también en Suiza tenemos incertidumbres en materia de regulación o legislación. Pero debemos analizarlas desde una perspectiva comparativa.

Desde que los suizos decidieron el año pasado limitar la inmigración de ciudadanos de la Unión Europea, estamos en una especie de limbo.

A veces, la incertidumbre jurídica puede ser peor que un sistema puramente parlamentario, en el que los políticos

pueden sentir la tentación de hacer más cambios – y más a menudo – que en una democracia directa.

La incertidumbre que reina en este momento en Suiza puede parecer especialmente llamativa, pues contrasta claramente con la estabilidad que caracteriza el sistema económico y político del país.

swissinfo.ch: ¿El creciente número de iniciativas preocupa al sector empresarial, sobre todo las que no le son favorables?

A.S.: Antes de nada vamos a aclarar quién y qué constituyen una economía. ¿Las iniciativas que van en contra de los intereses económicos son las que critica la Federación de Empresas Suizas (economiesuisse), el principal grupo de interés económico del país?

Economía y urnas

En la última década, los suizos han tenido la última palabra en múltiples cuestiones que repercuten directamente en la economía.

El año pasado aprobaron por un estrecho margen de votos la iniciativa de la derecha conservadora para reintroducir cuotas de inmigración para los ciudadanos de la Unión Europea.

En 2013 aprobaron una iniciativa que proponía someter al voto de los accionistas las remuneraciones de los altos ejecutivos y miembros del consejo de administración de las empresas que cotizan en la Bolsa suiza.

En cambio rechazaron la iniciativa de los Verdes que pedía limitar la inmigración para frenar el crecimiento demográfico.

Los votantes también desecharon la propuesta de la izquierda que pretendía limitar el salario de los altos ejecutivos en función de la remuneración mínima dentro de la misma empresa [iniciativa 1:12], la introducción de un salario mínimo nacional, así como la abolición de los privilegios fiscales para los extranjeros acaudalados afincados en Suiza.

Hace tres años, la propuesta de un sindicato que reivindicaba el derecho a seis semanas de vacaciones al año sufrió la misma suerte.

Salvo una excepción, todas las votaciones nacionales celebradas en los últimos diez años sobre los tratados bilaterales entre Suiza y la UE fueron aprobadas en las urnas.

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Pero los consumidores, contribuyentes y empleados que han ingresado sus ahorros en el segundo pilar (caja de pensiones) del sistema de seguridad social también son parte de la economía. Y de hecho, son personas directamente afectadas por tales decisiones.

Otro factor que debemos tener en cuenta son los mercados financieros. Pero, curiosamente, no hubo una reacción importante de los mercados al inesperado resultado de la votación antiinmigración.

Probablemente, el veredicto de las urnas constituye un problema, sobre todo, para las pequeñas y medianas empresas, que no tienen filiales en el extranjero.

Podemos decir que las votaciones han sacado a la luz tensiones subyacentes en la sociedad que se afrontan de una manera sensata y organizada.

En países vecinos como Alemania, Austria o Francia, las fallidas políticas de integración a menudo son objeto de protestas públicas y fomentan el extremismo de derecha u otros problemas.

En una democracia directa como la suiza, la reciente votación contra la inmigración ha generado una incertidumbre política que tiene un coste económico. Pero el amplio debate público sobre este espinoso asunto ha frenado, por lo menos hasta ahora, un aumento significativo de los grupos de ultraderecha.

swissinfo.ch: ¿Por qué el extremismo de ultraderecha puede ser contraproducente para la economía de un país?

A.S.: Podemos considerar el extremismo como un indicio de que un país no es capaz de hacer frente a los problemas políticos y sociales de modo productivo y estructurado.

El fracaso en afrontar los problemas de inmigración o de integración puede llevar a protestas y disturbios sociales que repercuten en la economía, frenan el crecimiento y perjudican la cohesión social.

swissinfo.ch: ¿Se subestiman las ventajas que tiene la democracia directa, como han apuntado algunos economistas políticos?

A.S.: Muy probablemente. Sencillamente, porque el sistema democrático influye en el proceso político no solo cuando los ciudadanos depositan su voto en las urnas. Los ciudadanos o los grupos de interés privados también tienen voz para proponer y elaborar una nueva ley o para cambiarla.

Así, los partidos o los políticos implicados están motivados a buscar soluciones eficaces y capaces de generar consenso.

De lo contrario, las reformas legislativas corren el riesgo de ser sometidas a un referéndum y, por ende, de retrasarse. Consecuencia: Las reformas están orientadas a buscar el consenso y generalmente suelen contar con un mayor respaldo de la población que si se aprobaran por mayoría simple en el Parlamento.

swissinfo.ch: ¿Los ciudadanos suizos son conscientes de las ventajas de la democracia directa?

A.S.: Hay suficientes pruebas de que la población suiza conoce y comprende el sistema de democracia directa y sus ventajas para el sector económico.

Por ejemplo, la iniciativa que lanzó hace unos años la UDC para acelerar el proceso de democracia directa, sin pasar por el Parlamento, fracasó rotundamente en las urnas. Los ciudadanos entendieron, lógicamente, que una democracia directa no puede prescindir del Parlamento.

El Legislativo debate las propuestas políticas y explica los argumentos a favor y en contra. Los políticos ejercen la función de expertos.

swissinfo.ch: ¿En qué medida la democracia directa puede contribuir a que los políticos estén en contacto con las preocupaciones reales de los ciudadanos en general y con los intereses de las empresas en particular?

A.S.: La tendencia actual hacia una profesionalización del  Parlamento y una mayor centralización muestra las dificultades. Cada vez resulta más difícil que un directivo empresarial asuma un papel activo en la política.

Es importante tener en el Parlamento Federal a políticos dignos de credibilidad que sean capaces de exponer los temas a los ciudadanos y explicarles, por ejemplo, por qué una iniciativa resulta costosa para las empresas.

Tenemos el caso de Peter Spuhler, un conocido empresario que renunció a su escaño porque la labor parlamentaria le exigía demasiada dedicación.

La falta de destacados candidatos para ocupar un mandato político se debe también a que un creciente número de los altos ejecutivos al frente de las multinacionales con sede en Suiza son extranjeros.

Además, desempeñar un mandato en la política nacional se ha convertido prácticamente en una actividad a tiempo completo. Muchos temas que solían tratarse a escala municipal o cantonal se han convertido en un asunto de política nacional.


Traducción del inglés: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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