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Detectives sociales "Una sospecha generalizada con un regusto moralista”

Una mujer con una cámara escondida entre hortensias

La lucha contra sobre los abusos  es "muy selectiva", sostiene el experto en derechos sociales Erwin Carigiet.

(Gaetan Bally/Keystone)

El pasado domingo, casi dos tercios de los suizos votaron a favor de que la seguridad social pueda contratar a inspectores privados para detectar casos de abuso. ¿Los suizos tienen una inclinación especial por la vigilancia? Se lo preguntamos a un jurista y a un sociólogo.

En el futuro, los seguros sociales en Suiza podrán contratar a detectives privados, sin necesidad de una orden judicial, para vigilar a los asegurados sospechosos de percibir prestaciones que no les corresponden. Las nuevas disposiciones no incluyen la ayuda social, que es competencia de los cantones y comunas (municipios), ni la previsión profesional, el denominado segundo pilar.

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La propuesta sometida a referéndum obtuvo el respaldo de casi dos tercios de los votantes. En algunos cantones, los votos a favor superaron el 75%. Y solo dos, Ginebra y Jura, dijeron no a las nuevas normas de vigilancia.

Entre los perdedores de la votación figura el abogado Philip Stolkin, que advierte contra los riesgos de un Estado policial y ha anunciado que llevará la nueva ley al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo.

Pero ¿por qué una mayoría tan clara de votantes se han declarado a favor de normas que sobrepasan el límite de la protección de la esfera privada y afectan o pueden afectar a casi todas las personas residentes en Suiza? ¿Tienen los suizos una inclinación especial por la vigilancia?

Tiempos de incertidumbre

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“Vivimos en una época marcada por la incertidumbre y el miedo al futuro”, explica el jurista Erwin Carigiet, experto en Derecho Social y hasta el año pasado director del Hospital Triemli de Zúrich. “Al mismo tiempo, conceptos económicos como la eficiencia y la utilidad han salido del ámbito estricto de la economía y se aplican cada vez más a cuestiones sociales. No me sorprende que reine un clima de sospecha generalizada con cierto regusto moralista. Es algo típico en tiempos de incertidumbre”.

Según Carigiet, el discurso sobre los abusos potenciales es "muy selectivo". “Es evidente que los abusos no están bien, pero tampoco están tan extendidos como se cree”, afirma el jurista. “Pero jamás he sentido un discurso similar respecto a la evasión fiscal. También se podría atizar la sospecha general de que los contribuyentes evaden impuestos, y no se hace”.

“Un discurso blanco o negro”

El sociólogo Ueli Mäder sostiene que el debate sobre las cuestiones sociales está fuertemente marcado por un enfoque económico, “donde el concepto de utilidad es muy limitado”. En un debate polarizado como el que se produjo en esta votación es difícil que prevalezcan los derechos fundamentales. “Los derechos fundamentales son algo sutil, sensible, diferenciado. La idea de abuso, en cambio, es chocante, se presta a un discurso blanco o negro”, agrega.

En su opinión, el resultado de la votación se inscribe en "una tradición triste y preocupante" que salió a la luz tras el escándalo de las fichas secretas: en 1989, unas 900 000 personas e instituciones en Suiza descubrieron que el Estado las había vigilado durante años por presuntas actividades subversivas. “En Suiza, sin embargo, no hay conciencia de esta tradición irritante”.

Aun así, tanto el sociólogo como el abogado consideran que la tendencia a vigilar y centrarse en los abusos no es una especialidad suiza. "El miedo a perder algo que otros tienen” está muy extendido, dice Ueli Mäder.

El apoyo a la propuesta fue menor en la Suiza francófona. De hecho, los cantones de Ginebra y el Jura votaron en contra. Carigiet y Mäder lo atribuyen a la "tradición libertaria, casi socialista, de la Suiza francófona, donde la libertad individual se vive en un sentido emancipatorio” (Mäder) y donde "el Estado providencia tiene gran importancia” (Carigiet).


Traducción del italiano: Belén Couceiro

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