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El fin de una era


El secreto bancario caerá también para los suizos




La ministra suiza de Finanzas, Eveline Widmer-Schlumpf, quiere flexibilizar el secreto bancario para los contribuyentes suizos, pero se enfrenta a una fuerte resistencia. (Keystone)

La ministra suiza de Finanzas, Eveline Widmer-Schlumpf, quiere flexibilizar el secreto bancario para los contribuyentes suizos, pero se enfrenta a una fuerte resistencia.

(Keystone)

Si el secreto bancario tiene los días contados a escala internacional, los contribuyentes suizos aún pueden resguardar sus cuentas de la curiosidad del fisco. Probablemente no durante mucho tiempo más. De hecho, aumenta la presión para derribar esta última faceta de un mito helvético en agonía.

“Los fiscos extranjeros podrán acceder a toda la información relacionada con sus ciudadanos a través de las autoridades fiscales suizas, pero estas tendrán las manos atadas con respecto a sus propios defraudadores. Es evidente que se trata de un sistema a dos velocidades que no es sostenible”. Así resume Jean-Christian Lambelet, profesor emérito de Economía en la Universidad de Lausana, el dilema que vivirán las autoridades helvéticas a partir de 2017, cuando inicie el intercambio automático de información entre gobiernos.

El ‘suicidio’ de los bancos

Para el economista Jean-Christian Lambelet, autor del libro “¿Quién mató al secreto bancario?”, 

“A partir de 2000, con la ‘generación Ospel’ (exconsejero delegado del UBS), los bancos suizos dieron un salto cuántico en la captación de clientes en el extranjero. Muchos violaron deliberadamente la ley de estos abusando de las posibilidades que ofrecía el secreto bancario suizo. No se trata de un ‘asesinato’ sino de un ‘suicidio’”, afirma el economista Jean-Christian Lambelet, autor del libro ‘Qui a tué le secret bancaire?’. La crisis financiera, que dejó vacías las arcas de los Estados, hizo inaceptable el secreto bancario en los planos moral y político. Bajo presión internacional, Suiza terminó por ceder y renunció al secreto bancario, al menos en lo que se refiere a una cincuentena de países que se comprometieron a aplicar, a han asumido el compromiso de aplicar, a partir de 2017, las reglas de intercambio de información que ha establecido la OCDE.

Una visión que comparten los expertos bancarios y fiscales consultados por swissinfo.ch “Es una cuestión de tiempo. El secreto bancario es obsoleto y nos perjudica. Preservarlo únicamente en Suiza significaría enviar una señal negativa al mundo entero”, sostiene el consultor fiscal Daniel Spitz.

Consciente del problema que esto supone, la ministra de Finanzas, Eveline Widmer-Schlumpf, intenta desde 2010 que haya cada vez más transparencia dentro del país. Una meta que ha incluido una propuesta para revisar el derecho fiscal penal, que prevé castigar más duramente los delitos fiscales, incluida la evasión de impuestos por un presunto ‘olvido’ a la hora de declarar los activos.

Convencer a los ciudadanos suizos

La caza de defraudadores suizos permitiría al Estado compensar, al menos  parcialmente, las pérdidas en las que incurrirán las arcas públicas con la reforma tributaria para las empresas III, que pondrá fin a los privilegios fiscales de los que gozan actualmente las multinacionales extranjeras en Suiza. Un posible ‘maná financiero’ que los cantones ven con muy buenos ojos en un periodo en el que muchos enfrentan dificultades presupuestarias. “Es esencial que el fisco tenga más poder para que pueda investigar a los sospechosos de fraude”,  subraya, por ejemplo, Georges Godel, ministro de Finanzas de Friburgo.

Pero la resistencia en Suiza es feroz. El Gobierno tuvo que retroceder y moderar sus expectativas tras la oleada de críticas que recibió la revisión del derecho fiscal penal en Parlamento durante el procedimiento de consulta. Se prevé que el proyecto definitivo, aguardado para finales de 2015, no permita a los cantones acceder fácilmente a los datos bancarios de personas sospechosas de ocultar ingresos.

Los suizos, muy apegados a una institución casi centenaria (el secreto bancario se remonta a 1934), observan con consternación los profundos cambios que están transformando su relación con el Estado. “La estrategia del Ministerio de Finanzas, es decir, igualdad de trato entre los fiscos cantonales e internacionales, no será suficiente para convencer a los ciudadanos suizos. De votarse hoy, la mayoría estaría a favor de preservar el secreto bancario”, afirma Yves Noël, profesor de Derecho Fiscal en la Universidad de Lausana.

Una amnistía fiscal rentable

La amnistía fiscal que el cantón del Jura puso en marcha en 2010 ha permitido recaudar 406 millones de francos, según declaró el titular de Finanzas del cantón, Charles Juillard, a la emisora RTS La Première. En menos de cinco años, esos haberes se han traducido en más de ingresos tributarios superiores a los 34 millones de francos. Una suma excepcional  para un cantón con 70 000 habitantes y uno de los PIB por habitante más bajos del país, pero que es quizás solo la punta del iceberg. No hay estimaciones fiables a escala nacional sobre el volumen de las fortunas opacas. Según la diputada socialista bernesa Margret Kiener-Nellen, la evasión fiscal suma al menos 18.000 millones de francos cada año. La última amnistía nacional se remonta a 1969 y sacó a la luz fortunas no declaradas por 11.500 millones de francos suizos.

Aun así, son cada vez más los suizos que se resignan a un desenlace que parece inevitable. Si en 2011 el 73% de los suizos pedía preservar el secreto bancario, según una encuesta de la Asociación Suiza de Banqueros (ASB),  en 2013 eran solo un 54%, de acuerdo a una encuesta que encargó la revista económica ‘Bilan’.

Iniciativa “protege-evasores”

Los defensores a ultranza del secreto bancario entendieron que era vital actuar rápidamente. El otoño pasado, un comité de legisladores de derecha presentó, con éxito, una iniciativa para anclar el secreto bancario en la Constitución.

“Una iniciativa ‘protege-evasores’ destinada exclusivamente a proteger los miles de millones de francos que contribuyentes deshonestos ocultan al fisco en Suiza”, refiere el exfiscal tesinés Paolo Bernasconi, quien desmantela de tajo el mito de una elevada moralidad fiscal que se atribuye con frecuencia a los ciudadanos suizos.

Para Yves Noël, la solución no reside en inscribir el secreto bancario en la Constitución ni en abolirlo simple y llanamente. A su parecer, Suiza debe iniciar un debate mucho más profundo. Por ejemplo, el profesor cuestiona la eficacia del impuesto sobre la fortuna. “¿No sería mejor gravar las ganancias bursátiles? Y otra pregunta medular es: ¿Queremos que se elimine el secreto bancario solo cuando exista una investigación fiscal o estaríamos de acuerdo en que los bancos envíen los estados de cuenta de los clientes a la administración fiscal, como sucede con los boletines salariales?”

Aunque el debate público sobre el fin del secreto bancario en Suiza está lejos de concluir, ya produce los primeros efectos. Cada vez son más los ciudadanos que se acercan a las autoridades fiscales para regularizar su situación, como muestra este extracto de un reportaje de ‘Temps Présent’, programa de la televisión suiza de expresión francesa RTS. 

Más autoinculpaciones

Los asesores fiscales y bufetes de abogados coinciden en que en los últimos dos o tres años ha aumentado la preocupación entre los contribuyentes suizos. “Nos consultan, sobre todo, ciudadanos extranjeros para que les ayudemos a regularizar su pasado. Pero también cada vez más suizos dan este paso, especialmente cuando desean utilizar sus fondos para adquirir un bien inmobiliario o para poner todo en orden antes de una herencia”, explica Daniel Spitz.

Yves Noël, quien también es abogado fiscalista, lo confirma. “Se trata, sobre todo, de jubilados convencidos de que el secreto bancario se va a suprimir y que son precavidos. Nos contactan después de haber leído artículos en la prensa y a veces por recomendación de sus bancos a regularizar su situación”. Hasta ahora, Yves Noël recibe esencialmente ‘peces gordos’ con fortunas no declaradas que van desde los 500.000 hasta varias decenas de millones de francos, sumas que por su magnitud, explica, son difíciles de ocultar al fisco.

Desde 2010, el Gobierno suizo ha puesto en marcha una amnistía fiscal parcial que permite a los ciudadanos presentarse voluntariamente ante la autoridad tributaria una vez sin recibir el castigo íntegro que les correspondería. Al contactar a la autoridad, el defraudador acepta pagar una cantidad que se calcula en función del tamaño de su fortuna y de los ingresos percibidos en los 10 años previos. En el caso de una herencia, los beneficiarios son gravados de forma retroactiva solamente sobre los tres años precedentes.

Daniel Spitz exhorta a sus clientes a colaborar con el fisco. “Es mejor utilizar la herramienta actual, que no los penaliza demasiado, que vivir con la espada de Damocles sobre sus cabezas. Sin embargo, hay muchas personas que aún dudan si autoinculparse debido al desembolso retroactivo que deberán realizar y que suelen representar entre el 20 y el 30% del patrimonio ocultado”.

Sutil diferencia

Al igual que en otros países, el secreto bancario vigente en Suiza no protege contra el fraude fiscal, pero sí perdona la evasión. Según el derecho helvético, una persona que defrauda actúa de forma deliberada para ocultar dinero al fisco, por ejemplo, falsificando un documento. En cambio, una persona que evade impuestos, ‘olvida’ declarar una parte o la totalidad de sus ingresos o patrimonio. Aun así, la evasión fiscal está prohibida en Suiza y puede ser castigada con elevadas multas. Pero el secreto bancario impide que los bancos se vean obligados a entregar al fisco los datos de clientes sospechosos de evadir impuestos. Una discreción que está consignada en la ley bancaria de 1934: violarla puede entrañar penas de prisión. Esta sutil diferencia entre evasión y fraude fiscal se abolió en 2009 para los clientes extranjeros de los bancos suizos.


Traducción del francés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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