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Entre solidaridad y temor


Un castillo para albergar a solicitantes de asilo




El castillo de Rosière, propiedad de una fundación relacionada con la diócesis local. (swissinfo.ch)

El castillo de Rosière, propiedad de una fundación relacionada con la diócesis local.

(swissinfo.ch)

Una mansión histórica en el cantón de Friburgo abrirá pronto sus puertas para dar cobijo a quienes buscan refugio en Suiza. No todos ven con buenos ojos esta iniciativa de la fundación propietaria de la casa. 

El castillo de Rosière, del siglo XIX, se encuentra a la entrada del poblado de Grolley, a menos de 10 kilómetros de la ciudad de Friburgo. Rodeado de campos y bosques, la casona ofrece una vista hacia los Alpes y el Jura.

Jean-Baptiste Henry de Diesbach está muy apegado a esta gran mansión de tres pisos. Uno de sus ancestros, Alphonse de Diesbach, oficial suizo al servicio del Reino de Francia, era el dueño de esta propiedad hace más de 150 años. “No es un palacio. Este edificio podría ser transformado en apartamentos de lujo, pero la Iglesia se opone”, comenta.

Retorno a 1970

La casa pertenece a una fundación vinculada a la diócesis de Friburgo, Lausana y Ginebra y tradicionalmente ha acogido a gente necesitada: desde los monjes cartujanos expulsados de Francia, hasta los niños belgas que huyeron de la Primera Guerra Mundial.

En la década de 1960 se convirtió en un centro de retiro espiritual. Hoy, un grupo pequeño de religiosas ortodoxas rumanas vive en ella.

Una vez cruzado el umbral en piedra, nada nos recuerda que estamos en un castillo. Las renovaciones han sido costosas, el interior es simple y está ligeramente deteriorado. La moqueta amarilla y las sillas de plástico naranja nos llevan a la década de 1970

Para la propietaria actual, la Fundación Nôtre-Dame de la Nativité, que administra Jean-Baptiste Henry de Diesbach, el proyecto de dejar la residencia en el estado actual y acoger a cien solicitantes de asilo – principalmente familias sirias y jóvenes eritreos– tiene sentido. “Existe la voluntad de usar esta casa con el respeto de los valores de la Iglesia. Es su papel y debe acoger a extranjeros en dificultad”.

Una petición

Pero unos 750 habitantes del lugar solicitaron a través de una petición a la fundación que abandone el proyecto y utilice el edificio histórico para otros fines. “Detrás de esa oposición hay un miedo a lo desconocido, a lo distinto. Esto conduce a situaciones aberrantes en las que la gente firma una petición, según la cual no hay lugar en el castillo para acoger a solicitantes de asilo, cuando nunca lo han visto por dentro”, comenta Jean-Baptiste Henry de Diesbach. 

“Quienes firmaron la petición dicen que es escandaloso privilegiar a los extranjeros frente a los suizos. Pero hacemos mucho por los suizos. Y en este caso existe una emergencia de acoger a los asilados”.

El gobierno del cantón de Friburgo rechazó la petición en una misiva enviada a sus autores a inicios de septiembre. Las autoridades subrayan “los dramas humanitarios” de quienes huyen de zonas de guerra a Europa y que este “gesto de solidaridad” ha ganado cada vez más apoyo entre los habitantes del cantón.

Las autoridades locales dieron su visto bueno al proyecto el 9 de septiembre y se planifica que los primeros huéspedes lleguen de aquí a cuatro meses.

“Evitar el tema”

En el café du Centurion, en el centro de Grolley, las tentativas de swissinfo.ch para abordar el tema entre los habitantes no son realmente exitosas. “Es un tema que uno evita”, declara Christian Ducotterd, uno de los firmantes de la petición, que vive cerca del castillo.

“Este edificio tiene mucho carácter, con su jardín magnífico y su vista fantástica hacia los Alpes. Podría ser puesto en valor de otra manera. El cantón no supo hacer algo bueno con él”, sostiene Ducotterd, quien se expresa a título personal y no en calidad de alcalde del pueblo.

Otra vecina, Laura Ansermot, dice comprender los temores de los pobladores. “Un centenar de personas es mucho para un pueblito de 1 600 habitantes. Todo el mundo aquí se conoce. Estamos en el campo”.

Justo por eso es una mala decisión, estima Stéphanie Rouiller. “No estoy en contra de los solicitantes de asilo, pero me pregunto si este sitio es apto para convertirse en un centro de acogida, en medio del campo”. La enfermera considera que los recién llegados se aburrirán, sin saber qué hacer. “Hay que integrarlos, pero ¿qué hacemos? Los metemos en un castillo en la cumbre del pueblo. Hay otros sitios mucho más adecuados en la ciudad de Friburgo”.

En busca de lugares

Las autoridades federales encargadas de la migración calculan que recibirán unas 29 000 solicitudes de asilo este 2015. Cifra mayor a la de los años anteriores, pero sin alcanzar los picos registrados en la década de 1990 y debidos a la guerra en la otrora Yugoslavia.

La Secretaría de Estado de Migración ya ha advertido a los 26 cantones del país de que deberán recibir más solicitantes de asilo. Unas 1 150 personas a la semana, es decir, un 15% más.

En el cantón de Friburgo, que acoge al 3,6% de los solicitantes de asilo que recibe Suiza, su número aumentó de 50 por mes durante los primeros cinco meses de este año, a 135 en septiembre. El cantón requiere urgentemente de soluciones, pues sus 1 700 plazas están agotadas.

Varios ciudadanos ofrecen su ayuda. En septiembre, el grupo ‘Osemos la acogida’ lanzó una línea telefónica para coordinar los ofrecimientos de personas que quieren acoger a los refugiados en sus casas. La organización califica su iniciativa de “versión simplificada” de una iniciativa similar a la de la Organización Suiza de Ayuda a los Refugiados (OSAR). 

La respuesta fue “impresionante”, declara Bernard Huwiler. Desde el inicio de septiembre, indica el organizador, 90 familias se inscribieron y 60 personas ofrecieron cursos de idioma, transporte y comida.

La Iglesia Católica de Friburgo pidió el mes pasado a sus feligreses que acogieran a refugiados y solicitó a las 200 parroquias del cantón que se ofrecieran como puntos de acogida. Esto responde al llamamiento del papa Francisco para que “cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de Europa” acoja a una familia.

Por ahora no hay nada definitivo, pero “sabemos que las cosas se mueven y que la gente reflexiona al respecto. Ciertos consejos parroquiales se reúnen solo una vez al mes”, explica Véronique Benz, portavoz de la Iglesia Católica de Friburgo.

Mezcla de sentimientos

Las autoridades indican que es difícil medir la amplitud de las nuevas olas solidarias, tras las dramáticas imágenes de los refugiados socorridos en el Mediterráneo y cruzando Europa a pie.

“Es una mezcla de sentimientos”, lo que se produce en la población actualmente, dice Christian Ducotterd. Muchos quieren ayudar, pero al mismo tiempo tienen miedo y se preguntan cómo se puede integrar a los refugiados”.

Claudia Lauper-Luthi, consejera científica en la Dirección de Salud y de Asuntos Sociales del cantón de Friburgo, estima que es difícil decir si la solidaridad ha aumentado.

“Cuando abrimos un nuevo centro de asilo recibimos muchas llamadas de gente que pregunta cómo puede ayudar, que ofrece ropa. Ciertos municipios como Bösingen y Villars-sur-Glâne han acordado abrir nuevos centros de acogida o destinar apartamentos a los refugiados. Por un lado, hay mucha apertura, y por el otro, también mucha oposición”.


Traducción: Patricia Islas, swissinfo.ch

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