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FEMINICIDIOS Y el hombre golpea otra vez

 Un hombre en uniforme blanco, de espaldas, en una zona habitacional.

Zúrich, 30 de agosto de 2019: el médico forense se dirige al lugar donde una mujer acaba de ser asesinada

(Keystone / Walter Bieri)

En Suiza, una mujer muere cada dos semanas como consecuencia de la violencia doméstica. Esto no es nuevo, sucede desde años. Durante mucho tiempo esta problemática constituyó un tabú; sin embargo, ahora se organiza una resistencia al silencio. En particular porque estos feminicidios se multiplicaron en los últimos años.

Todo puede comenzar en un hecho insignificante. Aumentar el tono de la voz, gritar, enojarse descontroladamente y ofender. Y, a veces, cuando esta situación dura un cierto tiempo, se alza la mano. Entonces, el hombre que dice amar tanto a esa mujer, la agrede, la empuja, la golpea. A veces la escena no vuelve repetirse, porque en el fondo él no es del tipo de hombre que golpea y lo que hace es inmediatamente buscar ayuda. O porque la mujer lo deja inmediatamente, terminando así la relación.

Pero muchas veces, el hombre vuelve a agredir y lo repite más y más. Y cada vez, ella lo perdona. Hasta un día en que mata a su compañera.

En Suiza, una víctima cada dos semanas

Los especialistas hablan de feminicidio cuando un hombre mata a su pareja. El lugar más peligroso del mundo para las mujeres es su propia casa, según la Organización Mundial de la Salud. En el 2017, a nivel planetario, más de 50 000 mujeres fueron asesinadas por sus parejas actuales o sus excompañeros de vida.

El fenómeno se repite permanentemente: feminicidio en el Tesino en 2016.

(Keystone)

Suiza no es la excepción. En un pasado reciente, a nivel nacional se registraron más de 25 homicidios de este tipo, como media anual, señaló en mayo la Oficina Federal de Estadística. Es decir, cada dos semanas, una mujer muere como consecuencia de la violencia ejercida por su pareja.

Una cuestión de poder y control

“Cuando se produce un homicidio o tentativa del mismo, siempre está ligado a una cuestión de poder y control”, señala Nadja Schüepp, trabajadora social y colaboradora en Zúrich del  Centro de Consejo  Enlace externopara las mujeres víctimas de violencia en el matrimonio o de su relación de pareja. Esa institución asesoró el año pasado a 2000 mujeres.

Las causas de agresiones contra las mujeres son variadas y van desde el abuso del consumo de alcohol a problemas de personalidad, pasando por violencias mal procesadas que sufrió en el pasado el propio agresor. Muchos hombres que golpean a sus compañeras de vida creen deber ejercer un control sobre ellas, dice Nadja Schüepp. Si la mujer se opone o establece límites a ese control, el hombre tiene la impresión de que se pone en cuestión lo que él considera ser su autoridad. Entonces reacciona a través de la violencia, aprovechando su superioridad física. “Muchas veces la idea que está detrás de un feminicidio es la siguiente: a mí no me abandonan. El hombre prefiere ver a su compañera muerta que lejos de él”, explica la trabajadora social.

 Un policía en blanco pasa por debajo de un listón puesto para acordonar un edificio.

En el cantón de Schwyz, la policía interviene por un “delito resultado de un conflicto relacional”. La violencia doméstica se produce independientemente del origen social, la formación o los medios financieros.

(Keystone / Urs Flueeler)

Si bien en Suiza los feminicidios se consideran muchas veces - también en los medios- como el resultado de un conflicto relacional o de una escalada repentina, normalmente son el último acto de una larga cadena de violencias sucesivas. En casi la mitad de los casos de homicidios, las mujeres víctimas ya habían sido amenazadas o agredidas por su compañero de vida. Y en el 39% de los casos, la policía había sido informada de esos incidentes.

Cinco víctimas en pocos días

Un nuevo homicidio se produjo recientemente. Una mujer de 34 años, madre de varios niños, fue asesinada por su esposo del cual se había separado. El hombre, desde hacía mucho tiempo, tenía antecedentes policiales. Había sido detenido anteriormente y era objeto de una prohibición de acercarse al domicilio de su exmujer.

No existen aún estadísticas para 2019 sobre el tema. Pero sobre la base de informaciones periodísticas, hasta fines de mayo al menos nueve mujeres fueron víctimas de este tipo de homicidios, de las cuales cinco con pocos días de diferencia.

Todos los casos son diferentes y puede resultar difícil comprenderlos en su singularidad. Pero en todas las historias de violencia en la pareja siempre aparece un común denominador: las concepciones y comportamientos patriarcales muy arraigados en la sociedad suiza.

Al menos, a nivel jurídico, la igualdad de sexos es una conquista, pero no alcanza para que Suiza obtenga buenas calificaciones entre los especialistas de género. Aquí también se da una brecha de género, afirma Susanne Nef de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich ZHAW.

Consciente o inconscientemente, es frecuente que se inculque a los hombres la idea de que “la agresión es un medio para afirmar su identidad y una estrategia de resolución de los conflictos aceptada por la sociedad. Más que la necesidad de aprender a confrontarse con sus propias emociones”.

Por otra parte, la violencia doméstica se mantiene como un tabú. La mayoría de las víctimas no se animan hablar, incluso en su medio más próximo, dice Susanne Nef, quien para realizar sus investigaciones ha encontrado docenas de mujeres -y hombres- afectadas por el problema. Muchas veces, no hablan porque tienen vergüenza de reconocer que son víctimas o porque no quieren confrontarse a ciertas preguntas o críticas. “¿Pero, por qué aceptas esto?” “¿Por qué no lo dejaste antes?” “Seguramente lo provocaste”. “Pero, si él es gentil”. “Creía que eran felices…”

En su estudio, la Oficina Federal de Estadística afirma que, además, “es claro que la violencia en las parejas, en realidad, se da con más frecuencia de lo que muestran las propias estadísticas. Además, no se contabilizan en las mismas, las intervenciones policiales que no desembocan en una denuncia penal o un proceso”.

Prejuicios y sentimiento de culpabilidad

Por otra parte, generalmente, es sobre todo la mujer quien debe justificarse por su pretendida pasividad y no el hombre por su violencia. No solamente la mujer debe protegerse contra los ataques de su pareja, sino que debe confrontarse a los prejuicios, a su sentimiento de culpabilidad y a la presión de justificarse.

Tal vez, porque la sociedad siempre considera que cuando una pareja tiene hijos en común, las mujeres que solicitan la separación son malas madres. O, porque una mujer es más valorizada por la sociedad cuando está con un hombre. ¿O bien porque en muchos casos, su estatus social depende del de su compañero?

«A las violencias le sigue una fase de luna de miel, el hombre lamenta su acto y por un tiempo todo parece mejorar”

Fin de la cita

De cara a las elecciones nacionales de octubre esta temática adquiere además una dimensión política. La Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora), por ejemplo, insiste en que la violencia contra las mujeres en el seno de la pareja constituye, particularmente, un problema propio de la población extranjera.

Más víctimas entre los migrantes

Los centros de ayuda a las víctimas acogen más mujeres provenientes de la migración que suizas.  Nadja Schüepp lo explica de esta manera: “las mujeres suizas tienen más dinero, hablan la lengua del país y conocen el sistema jurídico. Pueden encontrar ayuda por sus propios medios. En cuanto la mujer depende más del hombre, se hace más difícil. A menudo las inmigrantes tienen mayor dependencia, sea en el plano cultural o financiero”.

Otro factor de esta disparidad proviene del hecho de que la violencia contra las mujeres es más corriente en las sociedades en las que las desigualdades entre sexos son marcadas y donde los comportamientos brutales hacia ellas son apenas reprimidos.

Contradicción entre la imagen y la situación real

Sin embargo, el problema no puede ser atribuido solamente al contexto cultural. La violencia doméstica no se explica, fundamentalmente, ni por el origen social, ni por la formación o por los medios financieros a disposición. Por otra parte, “las mujeres que disponen de una buena formación y se consideran emancipadas se ven confrontadas a un conflicto entre su reacción real y lo que habían imaginado que harían si se encontraran en una situación semejante”, señala Susanne Nef.

En definitiva, ninguna mujer acepta con gusto que es víctima de violencia doméstica. Y como la imagen que ellas tienen de ellas mismas no es compatible con la de una mujer maltratada, se atribuyen a menudo una parte de la responsabilidad o tienden a negar la realidad.

La política pasa, tímidamente, a la acción

En junio pasado, Maya Graf, diputada ecologista del cantón de Basilea, presentó un postulado que solicita que se estudien las causas del problema. Incluso si el número efectivo de homicidios disminuyó, el de los intentos aumentó significativamente.

Tal vez el problema adquirió una dimensión política porque el número de feminicidios que salieron a la luz pública creció drásticamente en Suiza en las últimas semanas. “A las violencias le sigue una fase de luna de miel, el hombre lamenta su acto y durante un tiempo todo parece funcionar mejor”, explica Nadja Schüepp. Razón por la cual, frecuentemente, las mujeres dan una nueva oportunidad a sus compañeros de vida. “Al principio numerosas mujeres no identifican el control del hombre en el sentido que realmente tiene”.

La imagen romántica de amores desafortunados

Se cae en la trampa de la imagen romántica transmitida por películas y canciones, que quiere que el verdadero amor sea infeliz. “La mujer tiene el sentimiento de ser deseada y considera como pasión lo que en realidad son celos o voluntad de control”, dice la trabajadora social.  Sin embargo, insiste, que el hombre debe sufrir las consecuencias de sus actos y ser responsable.

La experta de estudios de género Nadja Schüepp, por su parte, critica el hecho de que las violencias contra las mujeres son casi siempre consideradas como casos individuales y no como un problema social global. “Se habla entonces de conflicto relacional, de crimen de honor o de drama familiar”.

Lo anterior deja entender automáticamente que la violencia doméstica es un problema de pareja. “Se da así la impresión de que los dos partes son responsables”, señala Susanne Nef. Hay que cambiar el discurso, subraya. Se debe focalizar más en el hombre - que no tiene ningún derecho de golpear-, que en la mujer, quien debe protegerse y a la que se le atribuye la responsabilidad si no deja a su compañero”.

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Este contenido fue publicado el 26 de agosto de 2019 10:55


Traducido del francés por Sergio Ferrari, swissinfo.ch

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