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FEMINISMO Huelga de mujeres, nuevo capítulo de una larga historia

Dos mujeres actúan en una plaza

Teatro de calle en Lausana: la huelga de mujeres de 1991 se caracterizó por una gran variedad de formas de acción y protesta.

(Keystone)

El 14 de junio de 1991, cientos de miles de mujeres en Suiza participaron en la primera huelga de mujeres. Hoy, casi treinta años después, la movilización se repite.

Aquella primavera de 1991, a muchos suizos les tomó por sorpresa: La idea de un pequeño grupo de relojeros del Jura, apoyado por la sindicalista Christiane Brunner, se convirtió en una de las mayores movilizaciones políticas de la historia de Suiza.

Casi medio millón de mujeres de todo el país participaron en la huelga de mujeres con diversas acciones para reivindicar paridad salarial, igualdad en la seguridad social, el fin de la discriminación y del acoso sexual.

¿Por qué en 1991?

La fecha del 14 de junio no fue elegida por casualidad: diez años antes, en la misma fecha, el electorado había aprobado un nuevo artículo constitucional sobre igualdadEnlace externo. Sin embargo, la legislación de aplicación no se había producido y las diferencias salariales entre hombres y mujeres permanecían flagrantes.

La movilización de las mujeres también estuvo vinculada al vigésimo aniversario de la introducción del sufragio femenino a escala federalEnlace externo, un derecho obtenido muy tarde con respecto a todos los otros países de Europa y muchos del mundo, y solamente gracias a la lucha de las mujeres.

+  El sufragio femenino en Suiza

¿Por qué una huelga?

La idea de que la movilización de 1991 fuera reconocida como una huelga no era algo obvio. “Al principio, la Unión Sindical Suiza (USS) no estaba entusiasmada”, recuerda la historiadora Elisabeth Joris, una de las pioneras en la historia de la mujer en Suiza. Se decía: “Es un día de acción, no de huelga”, porque el concepto de huelga estaba ligado al trabajo remunerado, mientras que las mujeres trabajaban en sectores muy diferentes y a menudo sin recibir un salario”.

Por otro lado, hablar de huelga también tenía un claro significado político. “Cada movimiento social se sitúa en un contexto histórico vinculado a otros acontecimientos”, señala Joris. La convocatoria de una huelga en toda Suiza también hacía referencia a la primera movilización nacional en la historia de los trabajadores suizos: la huelga general de 1918 (entre cuyas reivindicaciones se encontraba también el sufragio femenino y en la cual las mujeres jugaron un papel importante)

+ La huelga general de 1918

“De esta manera, las mujeres asumieron una tradición del movimiento obrero, pero le dieron un significado mucho más amplio al adaptarlo a las exigencias del movimiento feminista”, añade la historiadora. La idea de una huelga de mujeres no era totalmente nueva. En 1975 hubo una huelga en Islandia, con motivo del Año Internacional de la Mujer. El Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, también está relacionado con una gran huelga en Nueva York entre 1909 y 1910.

Una huelga diversa

Sin embargo, la huelga de 1991 tuvo que enfrentar muchas dificultades. Por parte de los sectores económico y político hubo una fuerte oposición. El presidente del Consejo de los Estados (Cámara Alta) Max Affolter, llegó a recomendar a las mujeres que no participaran en el movimiento para “no comprometer la buena voluntad de los hombres hacia sus aspiraciones”.

Por otra parte, la diversidad de experiencias, tanto en el trabajo remunerado como fuera de él, no permitió la adopción de formas tradicionales de movilización. “La huelga de mujeres de 1991 se caracterizó por una gran diversidad de acciones que fueron posibles gracias a la organización descentralizada, a diferencia de las huelgas tradicionales”, subraya Joris.

Muchedumbre en una plaza

14 de junio de 1991, escena de la huelga de las mujeres en la Helvetiaplatz de Zúrich.

(Keystone)

Aunque su alcance histórico no se percibió de inmediato, la huelga de 1991 tuvo un fuerte impacto en la evolución de la igualdad de género y en la lucha contra la discriminación basada en el género en Suiza. La nueva fuerza del movimiento de mujeres fue particularmente evidente en 1993, cuando la mayoría burguesa (partidos de derecha y de centro derecha) en el Parlamento se negó a elegir a la candidata oficial del Partido Socialista (PS), Christiane Brunner, para el Consejo Federal (Gobierno), prefiriendo un candidato masculino.

“La mayoría parlamentaria creía que podía hacer lo mismo que diez años antes con Lilian Uchtenhagen [otra candidata no elegida del PS], puntualiza Joris. “Pero Christiane Brunner encarnó la huelga de mujeres. La reacción fue inmediata. Unas horas más tarde, la Plaza Federal estaba llena de manifestantes. Algunos parlamentarios incluso recibieron bolas de nieve”.

El consejero federal elegido, el socialista Francis Matthey, fue obligado a retirarse de la plaza y de su partido. Una semana después, Ruth Dreifuss fue elegida en su lugar. “Desde entonces, ya no ha sido posible que las mujeres no estén representadas en el Consejo Federal”.

En 1996 entró en vigor la Ley de Igualdad de Género, una de las exigencias de la huelga. En 2002, el electorado aprobó la legalización del aborto. En 2004, el artículo sobre el seguro de maternidad, incluido en la Constitución Federal de 1945, se tradujo en una ley de aplicación.

Una nueva generación feminista

Sin embargo, a pesar de las conquistas del movimiento de mujeres, el tema de la igualdad persiste: Las diferencias salariales entre hombres y mujeres son aún significativas. El movimiento #metoo ha puesto de relieve -como nunca- el problema del acoso sexual y la discriminación basada en el género y la orientación sexual.

“Con motivo del vigésimo aniversario, se planteó la posibilidad de una nueva huelga de mujeres, pero la idea no tuvo éxito”, indica Joris. “Para tenerlo, un movimiento necesita una base emocional. Y esa base está ahora ahí. Hay una gran generación de mujeres jóvenes de entre 20 y 30 años que quieren ser feministas”.

“En 2019, pedimos todavía igualdad y advertimos que debemos incluir mucho más que eso: la cultura sexista en Suiza está muy normalizada, ya ni siquiera nos damos cuenta de su presencia, forma parte de la normalidad, es invisible y estamos tan acostumbrados y acostumbradas a vivir con ella que ya ni siquiera advertimos su presencia”, dice Clara Almeida Lozar, 20 años, del colectivo de estudiantes de Lausana para la huelga de mujeres.

(con la colaboración de Marie Vuilleumier)


Promovida por sindicatos y feministas en el marco de los debates sobre la revisión de la Ley de Igualdad de Género, la idea de una nueva huelga de mujeres el 14 de junio de 2019 fue retomada en enero del año pasado por el Congreso de Mujeres de la Unión Sindical SuizaEnlace externo. Además de los sindicatos, el evento cuenta con el apoyo, entre otros, de la Alianza FEnlace externo (Alianza de Sociedades Femeninas Suizas), de la Unión Suiza de Mujeres CatólicasEnlace externo, de las Mujeres Protestantes en SuizaEnlace externo y de la Unión Suiza de Mujeres Campesinas y RuralesEnlace externo. La huelga adoptó el lema “salario, tiempo, respeto”.

Fin del recuadro


Traducido del italiano por Marcela Águila Rubín

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