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Matías Piñeiro


“Mi vuelta a Locarno tiene una gran significación”


Por Sergio Ferrari, Locarno


Una escena de 'Hermia & Helena', película de Matías Piñerio, seleccionada para el concurso internacional del Festival de Locarno. (pardo.ch)

Una escena de 'Hermia & Helena', película de Matías Piñerio, seleccionada para el concurso internacional del Festival de Locarno.

(pardo.ch)

El joven director argentino Matías Piñeiro es un asiduo del Festival de Cine de Locarno. Después de ‘La princesa de Francia’ en 2014, en esta ocasión presenta ‘Hermia & Helena’, que compite por un Leopardo de Oro.

“Me siento muy cómodo cuando presento mis películas en festivales donde muestran los filmes que más me gustan. Habla de mi identificación con este Festival, de una suerte de complicidad en el concepto de lo creativo”, explica Matías Piñeiro en entrevista con swissinfo.ch.

Obsesión shakespeariana

Matías Piñeiro retomando el hilo conductor de las comedias de Shakespeare que ya nutrieron sus producciones anteriores (Rosalinda, Viola y La princesa de Francia). El cineasta no puede alejarse del escritor inglés que constituye una inspiración obligada. Dos de los personajes de ‘El sueño de una Noche de Verano’ aportan el título a su nuevo filme.

Camila (interpretada por Agustina Muñoz) es una joven directora de teatro argentina que gana una beca. Deja Buenos Aires para instalarse en Nueva York, participar en una residencia de artistas y realizar su proyecto: la traducción al español de la citada obra de Shakespeare.

El marco cerrado y poco creativo del instituto no le facilita centrarse en el estudio. Camila se abre así al rencuentro  – cuando no búsqueda–  de amores, a nuevas aventuras personales y a confrontarse con los rastros de su padre al que conoce solo de nombre.

Vive toda esta explosión existencial sin olvidar a su familia, sus amigos y el novio que dejó antes de partir a Estados Unidos.

Una ida y venida permanente entre el presente y el pasado cercano, entre Nueva York y Buenos Aires. Sin cortes abruptos, ni aviones, ni aeropuertos. Y donde la intersección –o largas transiciones– entre las dos realidades, que no terminan de diferenciarse totalmente, la da la estética plástica de la imagen que une estaciones de metros, puentes norteamericanos, imágenes urbanas y arboladas avenidas porteñas.

Locarno

“Mi vuelta a Locarno con mi nueva película tiene una gran significación. Para mí no se trata de ir una vez a un festival y dar por terminada la relación. Al contrario, me place enormemente volver y mostrar lo que produzco”, confiesa Matías Piñeiro.

Latinoamérica en Locarno

Hermia & Helena' (Matías Piñeiro) y ‘La idea de un lago’, de la directora suizo argentina Milagros Mumenthaler (ganadora de un Pardo de Oro en 2011) figuran entre las 17 cintas seleccionadas para el concurso internacional.

Cuatro de las 15 películas en Cineastas del Presente, la segunda categoría en importancia, provienen o son coproducciones con América Latina.

El 12 de agosto se presentará en la ‘Piazza Grande’ ‘Poesía sin fin’ del director franco-chileno Alejandro Jodorowsky, quien recibirá el Pardo de Honor a su carrera.

El célebre realizador mexicano Arturo Ripstein preside el Jurado Internacional en el que figura el productor brasileño Rodrigo Teixeira.

El film mexicano ‘El Remolino’ fue seleccionado para la sección Semana de la Crítica que organizan los periodistas suizos especializados en el séptimo arte.

Para el cineasta que vive desde hace cinco años en Nueva York, la fidelidad hacia el escenario donde presenta sus obras es una prolongación de la esencia de su propia producción. “Me sigue entusiasmando volver a las comedias de Shakespeare como inspiración y, en particular, a los roles femeninos de las mismas”. Un solo intento no es suficiente, subraya.

Su vínculo con ciertos festivales “es como una relación de amor. No porque uno bese una vez no va a besar más. Al contrario, los siguientes podrán ser diferentes, más o menos apasionados, pero siempre significativos. No se trata de llenar un álbum de figuritas una vez y listo… seguirán otros y otros”.

En ese sentido, “Locarno expresa para mí la convicción, la creencia, en un tipo de cine con el cual me identifico. Y la vuelta aquí significa reforzar una relación. Es como un sentimiento, hace parte de una fidelidad”.

Esto se manifiesta también en la producción que presenta en esta 69ª edición del más internacional de los festivales suizos. “Es una producción barata [alrededor de 100 000 dólares como inversión directa]. Tengo ideas de filmes modestos. No me interesa filmar caro. Tener más presupuesto tal vez condicionaría mi propia esencia de realizador”, dice.

Lo esencial para Matías Piñeiro es “juntarme con personas muy talentosas. Hablo de mis actrices y actores. Y no olvido a mis productoras y fotógrafo, sonidistas… Todos somos partes esenciales de esta construcción que se lanza, se abre, y no termina de desplegarse más”.

El desarraigo

La temática de ‘Hermia & Helena’, en concreto la distancia de dos realidades y la diferencia de los contextos de vida, no dejan de transmitir ciertas facetas de la propia existencia del cineasta argentino. A los 29 años Piñeiro decidió establecerse en Nueva York por razones afectivas y personales.

¿Una especie de autoexilio? “No, para nada. El exilio es una palabra muy fuerte, muy dura, enorme, trágica. No es mi caso. Salí por cuestiones más simples y agradables”, responde. La decisión de vivir en la ciudad de los rascacielos es “una mudanza temporal”. Tiene más que ver con “sentirse un poco nómada, o mejor dicho, sentirse en dos lados: uno, el eterno, el de Buenos Aires, los amigos, la familia. El otro, en un país que no es el tuyo, diferente, e interesante de vivir como extranjero. Me produce una pulsión, me da una energía particular”.

Política y cultura

Ferviente convencido del cine independiente, sin marcos institucionales ni agendas impuestas, Matías Piñeiro aboga por una política cinematográfica “que incluya las diversidades y acepte varios tipos de producción”.

Eso sería la clave para una correcta política cultural, que de espacio a la multiplicidad. A las grandes producciones, pero también a las medianas y a las pequeñas, e  incluso, dentro de estas, aquellas que no se adecuen a los tiempos oficiales.

En síntesis: “Una óptica cultural progresista e inclusiva. Lo contrario de conservadora”.

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