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Fiesta de Muertos en México, Patrimonio de la Humanidad


La festividad del Día de Muertos, proclamada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO en el 2003, es una de las mayores expresiones del sincretismo mexicano.

Saúl Millán, especialista del Instituto Mexicano de Antropología e Historia (INAH) habla a swissinfo de esta celebración.

"Lo que es particularmente interesante de esta festividad es que es un espacio privilegiado donde se permite el encuentro de dos mundos. Por un lado, la tradición prehispánica que tuvo un culto a la muerte muy desarrollado y las propuestas de la Evagelización que llegan con el catolicismo en el siglo XVI", explica el antropólogo mexicano.

Los pueblos indígenas de México adoptaron desde el Siglo XVI esta festividad que se conmemora en el calendario litúrgico como la Fiesta de todos los Santos y de los Fieles Difuntos, instituida en el calendario liturgico en el Siglo X y que jugó un papel importante en el proceso de Evangelización.

"Lo que a mí me parece particularmente interesante es la existencia de un calendario para conmemorar el ciclo ritual a lo largo del año, lo que fue un factor sin duda fundamental para la interacción entre las dos culturas".

Visión del cosmos

La antigua concepción de la muerte en el México Prehispánico estaba muy relacionada con una visión general del cosmos, del universo. Un cosmos que se concebía como una unidad dividad por dos esferas opuestas. Una luminosa, caliente. La otra, una mitad fría, subterránea y húmeda y, en el centro, un árbol que conectaba las fuerzas celestes con las subterráneas.

"Esta concepción dual del cosmos permitió pensar el ciclo anual en dos estaciones opuestas: de secas y de lluvias, que marcan períodos de transición.
De ahí la equivalencia entre la concepción general del cosmos y la organización temporal del año.

La Fiesta del Día de muertos cierra entonces un ciclo relacionado esencialmente con el crecimiento del maíz. La fiesta de los muertos es en realidad una fiesta de la cosecha destinada a compartir con los difuntos los beneficios de los primeros frutos.

Concepto de retribución

"Y esta idea de retribuir a los difuntos aquello que se ha cosechado tiene qué ver también con una concepción particular sobre la tierra porque el hombre, las comunidades, están en deuda con la tierra. Y es que en realidad, es el cuerpo de los difuntos el que regenera los campos de cultivo. De ahí que se tenga la idea de que los huesos son elementos de fertilidad y de regeneración de las milpas".

Es también una época en donde las comunidades pasan de una gran escasez a una relativa abundancia, con la cosecha. Esta abundancia permite que se ponga en marcha un mecanismo amerindio muy particular que es el principio de reciprocidad y que debe operar tanto en la relación entre vivos y muertos como al interior de las comunidades.

"Esto hace que una vez concluida la fiesta del dia muertos las comunidades entren en un sistema de intercambio entre diversos grupos domésticos unidos por lazos de compadrazgo. Cada grupo es donador y receptor de alimentos, generalmente de tamales. Se trata de restablecer y fortalecer las de solidaridad de la comunidad".

Las ofrendas

Otro aspecto vinculado con la celebración mexicana del día de muertos tiene que ver con las ofrendas, que varían de acuerdo con las regiones del país y muchas de las cuales están pensadas en relación con el cuerpo humano.

"Por ejemplo, en la sierra norte de Puebla se concibe que los tamales son una metáfora del cuerpo humano en la medida en que la hoja de maíz que cubre al tamal juega el papel del ataúd; el maíz, con el que se elabora el tamal juega el papel de la carne y el mole o las salsas, la sangre y los fluidos corporales".

La idea general es que los muertos vienen a consumir el aroma de las ofrendas que se depositan sobre el altar. Los alimentos están decorados con zempasúchitl, una flor muy particular porque su semilla madura mientras la flor crece, lo que hace que se le atribuya existencia de un tonate, una de las fuerzas animicas del hombre o alma.

"El zempasúchitl tiene un tonal, un alma, por lo que está relacionada con los difuntos".

En los altares también es fundamental la presencia de velas e incienso que representan la esfera celeste, algo que asciende y se convierte en alimento de las divinidades celestes, en contraposición con las flores, de la esfera terrestre.

Ahora bien, con el objetivo de que los difuntos reencuentren su casa, se traza un camino con pétalos de zempasúchitl, para que los muertos sigan el olor y se les encienden velas para iluminarles el camino entre los altares domésticos y el cementerio.

¿Influencia del Halloween?

"Todas las culturas son híbridas por definición. No hay culturas en estado puro. Están perfectamente abiertas a incoporar elementos ajenos bajo una lógica y un código que les es propio".

En los altos de Chiapas, por ejemplo, los chamulas utilizan Coca Cola para sus curaciones, con lo que la han convertido en una bebida ceremonial, lo que hace que la Coca Cola, totalme resignificada, adquiera otro sentido al que tiene en el supermercado.

"Esto habla de la apertura de las culturas indígenas en sentido de resemantizar. Y esa apertura es producto de un dialogo muy prolongado entre culturas diversas y México es un país multicultural y esta pluralidad se debe esencialmente a la presencia de los pueblos indígenas.

"Y ese contacto es cada vez más grande, en la medida en que el mundo se hace cada vez más pequeño a través de los medios de comuniación, los procesos migratorios que hacen cada vez más estrecho el contacto entre elementos que pueden dialogar entre sí. Aunque se reconocen como ajenos, tienen algo de propio y eso es loque ha pasado en el caso de Halloween".

Un mismo punto de partida

"Nos espantamos y vemos como proceso de aculturación y de americanización la presencia de Halloween en nuestros centros urbanos, pero también hay que entender que la festividad de Halloween es antiquísima. que viene de las tradiciones celtas, incluso precristianas. Halloween es heredera de los antiguos festivales de invierno en el Norte de Europa, donde se conmemoraba el paso del fin del otoño y del inicio del invierno".

Generalmente lo que se hacía era encender una gran hoguera donde se convocaba a las fuerzas sobrenaturales y existía la idea de que en una determinada época del año las fuerzas del más allá, venían a castigar a los vivos que se habian portado mal durante el año.

"Esas tradiciones tuvieron una enorme influencia en las festividades católicas, el propio calendario litúrgico, como lo conocemos hoy, recibió la influencia que luego fue exportada al Nuevo Mundo. Y la tradición protestante privilegió este tipo de manifestaciones nórdicas en detrimento de las manifestaciones católicas.

La tradición católica unió la imagen de los santos con la imagen de los difuntos, por lo que la fiesta de denomina 'de todos los santos y los fieles difuntos'. La Reforma evita todo contacto con imágenes del santoral y esto hace que el protestantismo se refugie en la vieja idea del Halloween, "pero el principio de las dos festividades es el mismo".

A saber: La idea de que hay un momento del año donde la esfera del más allá tiene contacto con la esfera del más acá y entre ambas se crea un espacio intermedio qe sirve de zona de contacto entre los dos mundos, y esto tiene que estar reglamentado, codificado por los propios procesos rituales.

"Por decirlo de otra manera, a los vivos y los muertos les está permitido convivir en una determinada época y dentro de un determinado período. Una vez que se clausura este período las dos esferas deben de permanecer separadas. Por eso, en algunas comunidades indígenas, una vez terminada la fiesta, salen grupos de enmascarados, de humor ritual, para enlazar a los muertos para que regresen al cementerio".

swissinfo, Marcela Águila Rubín

El culto a la muerte:

No hay cultura en el mundo que no rinda un culto a la muerte, que no marque a la muerte como un evento particular, sujeto a determinados rituales y a determinadas representaciones.

Lo que es un poco el drama del mundo moderno es que ha desritualizado a la muerte, le ha quitado todo su aspecto simbólico, su aspecto ceremonial, ritual y esto hace que en realidad el tema de la muerte se rodee de un gran silencio.

Hay una larga tradición cultural en México relacionada con la muerte y que ha tenido impacto fuerte en la literatura (poemas de José Gorostiza y Octavio Paz) y también en la pintura y la gráfica (Diego Rivera, José Gualapue Posada).

Durante la época prehispánica, una concepción muy particular pretendía que el destino de los muertos no estaba determinado por la forma en que vivían slos individuos, sino por la forma en que morían. Y eso determinaba a qué lugar mítico pasaban las almas.

Aquellos que morían de muerte natural iban a Mictlán, lugar de los muertos. Los guerreros que morían en batalla y las mujeres que perecían en el parto, iban a un lugar celeste cercano al sol, mientras que quienes morían por causas asociadas al agua, iban a Tlalocan, lugar de la abundancia, el reino de Tláloc.

Una serie de coincidencias entre las religiones prehispánicas y el catolicismo español como el ayuno, la penitencia, la existencia de un sacerdocio, permitieron que las dos culturas dialogaran en un momento dado.

La presencia de santos en la Euopra medioeval, y en el proceso de Evangelización, coincidía con la antigua idea indígena de determinadas divinidades locales que fungian tambien como divinidades temporales de cada pueblo.



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