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Fotógrafos egipcios Con los ojos de al-Shorouk

Las dos salas de la redacción de fotografía son pequeñas. Los tres ordenadores, viejos. En la pared están colgados tres cascos de protección, máscaras antigás y chalecos antibalas. Nos sumergimos en el día a día del periódico independiente egipcio al-Shorouk.

Desde la menor de las salas, Randa intenta organizar el trabajo y la jornada de los 16 fotógrafos de la redacción. Además de la responsable, es la amiga, la maestra y la mediadora entre el editor y los fotógrafos y probablemente una especie de madre de sustitución para algunos de los empleados.

Hoy hay una docena de fotógrafos en la redacción. Los otros están en el terreno o disfrutan de un día de descanso. En una esquina, medio oculto bajo una mesa, Ravi dormita. Todos están preocupados. Come demasiado poco y la semana pasada se sintió dos veces indispuesto. De hecho, está muy delgado.

El equipo es joven, muy joven. No sorprende que los empleados despierten sentimientos maternales en Randa: se siente responsable de su seguridad. Solo cuatro de ellos tienen una formación en periodismo. Los demás se formaron sobre la marcha, entre ellos un abogado, un ingeniero y un dentista. En su mayoría adquirieron un compromiso político durante la revolución y ven en la fotografía y el periodismo una oportunidad para documentar los cambios que vive la sociedad egipcia, para reflexionar sobre ellos y quizás también para comprenderse mejor a sí mismos.

Todos son conscientes de que son partícipes de estos cambios, que viven una época en la que el periodismo engloba una responsabilidad social. Aquí no se trata de un ideal difícil de alcanzar, sino de una realidad que todos tienen que afrontar. Para un periódico independiente, el mayor desafío consiste en preservar una mirada abierta y a la vez crítica, en no dejarse instrumentalizar por las fuerzas que ocupan la plaza Tahrir.

De los representantes de la prensa, los fotógrafos son los más vulnerables en el terreno. Es el caso de Heba, por ejemplo, madre soltera de un niño de dos años. Su formación en artes visuales no la ha preparado realmente para el día a día de un fotorreportero. Gases lacrimógenos, balas de goma, piedras, golpes de porras… En el mejor de los casos, el cuerpo recibe el impacto del material antidisturbios, en el peor, el equipo fotográfico. Las aseguradoras no existen y el patrón no pasará por caja para reembolsar eventuales daños.

Antes de mi partida en junio, ceno una última vez con Randa. Está abatida, al borde de las lágrimas. Entramos en la segunda quincena del mes y los periodistas aún no han recibido su salario. Dos de ellos se han visto obligados a quedarse en casa esta mañana, al carecer de unas monedas sueltas para pagar el transporte. Nos disponemos a pedir el menú.

Todas las imágenes: © Fotógrafos/Al-Shorouk
Texto: Thomas Kern

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