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Huyendo del conflicto en Siria


Aflujo de refugiados sirios en Milán


Por Gerhard Lob, en Milán


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La ciudad italiana de Milán, a 40 km al sur de la frontera suiza, se ha convertido en un lugar de tránsito para los refugiados de guerra sirios en su camino hacia Europa del Norte. Una minoría quiere dirigirse a Suiza. Mirada en la metrópoli lombarda.

El caos en la ‘Milano Stazione Centrale’, la estación ferroviaria principal de Milán, es latente, incluso en situación normal. Miles de personas se apresuran a subir a los vagones de tren, mientras otros, impacientes, miran los tableros de salidas y llegadas. En los pasillos de la imponente sala resuenan sin cesar avisos  incomprensibles emitidos a través de los altavoces.

Refugiados de Siria y Eritrea en Milán

14.500 (del 18 de octubre al 9 de julio), de ellos, 3.163 eritreos (desde inicios de mayo)

26,6%, mujeres; 23,3%, niños (3.386), 28,3%, hombres que viajan solos

Solicitudes de asilo: 13

Región meta de sus periplos: 61%, Escandinavia (51%, Suecia); 26,5%, Alemania; 9,3%, Países Bajos.

Huida a Italia a través del Mediterráneo: 88% por Libia; 10,5% por Egipto.

Gastos del hospedaje de los refugiados cubiertos por Milán (hasta el 30 de junio): 2,5 millones de euros (3 millones de francos suizos)

Fuente: Ciudad de Milán (10 de julio de 2014)

Pero en los últimos meses, la confusión es mayor a la habitual. La municipalidad estableció una zona provisional para acoger a los refugiados, en pleno salón central de la estación. ‘Emegenza Siria’ (Emergencia Siria) se inscribe en los tableros blancos que penden de los muros. Personal voluntario se ocupa de los recién llegados.

Por un lado se registra a los refugiados, el paso previo para acompañarlos por la noche a los centros de acogida temporal, todo esto con ayuda  de la protección civil local. Por el otro, se entregan alimentos y bebidas. Una mesa para cambiar pañales a los bebés se encuentra junto a una caja con artículos higiénicos. Los más pequeños son atendidos aquí por médicos. Los voluntarios entregan también fichas para poder entrar a los aseos. Cada visita a los sanitarios le cuesta a la ciudad un euro, “una buena suma”, comenta un miembro de la fundación de ayuda Proyecto Arca.

Entre basura y valijas

Tan solo el día de hoy llegaron 300 nuevos refugiados a la capital lombarda, en trenes venidos del sur de Italia, de Regio de Calabria, Lecce o Roma y, algunos, en autobuses de largo trayecto. La comunidad siria ocupa toda una entreplanta de la estación.

Varios hombres y mujeres están sentados en bancas o en el suelo, algunos duermen entre deshechos y maletas. Entre ellos juegan niños. Voluntarios con chalecos rojos, de la organización de ayuda a la infancia "Save The Children" establecieron un rincón de juegos. Los dibujos no dejan ninguna duda sobre lo que ocupa a estos niños: armas y carros de guerra blindados.

Cuesta creer lo que esta gente ha dejado atrás, aun cuando ellos están dispuestos a contar sus historias, con la ayuda de intérpretes. “Dejamos Siria porque nuestra ciudad fue destruida”, narra un hombre de Aleppo. Llegó con su familia a Italia, tras huir y cruzar la frontera egipcia. Atravesaron el Mediterráneo en barco rumbo a la península itálica, hasta que fueron descubiertos por las autoridades de vigilancia costera.

En la frontera suiza

Suiza tiene un centro de acogida de refugiados en Chiasso, frontera con Italia.

Allí, la presión se hace sentir del flujo de refugiados llegados vía férrea desde Milán. La mayoría provienen de Siria y de Eritrea.

En marzo, 327 personas solicitaron refugio. En junio fueron 981.

“Este número de solicitantes solo fue alcanzado durante la crisis de Kosovo, a fines de los 90”, indica Antonio Simona, director del centro.

Los 130 lugares están ocupados de modo continuo. Es necesario crear nuevas estructuras. En otoño, la antigua caserna de Losone ofrecerá 170 plazas adicionales. 

El viaje le costó 2.600 dólares: el precio por dos adultos y dos menores. Lo más importante para esta familia era alcanzar Europa. Su objetivo es llegar a Suecia, como la mayoría de la gente aquí. Su meta: iniciar una nueva vida. Un retorno no está en sus planes.

Suecia, Alemania, Holanda

Un anciano en camisa amarilla muestra en su celular una foto: “Este es mi hijo de 30 años. Murió en un ataque con bomba en nuestro campo”. Consigo tiene su pasaporte: es palestino y vive desde 1948 en el campo de refugiados Jarmuk, al sur de Damasco. Todo iba bien, hasta que llegó la guerra civil. Ahora quiere ir a Alemania, donde vive otro de sus hijos.

Un sirio de 23 años narra que la policía lo golpeó en Nápoles, y que registró sus huellas digitales. Esa es su gran preocupación: “¿Cómo puedo borrar ese registro?”. Sabe que otro país europeo puede devolverlo a Italia, el primero que lo inspeccionó en el continente. El joven pertenece a ese reducido grupo que intentará buscar su suerte en Suiza. Pero ya en la estación le comentan historias de familias a las que las autoridades suizas devolvieron al vecino del Sur. 

Fuera del registro policial

La gran mayoría de los refugiados de la guerra siria no quedan en los registros de las autoridades italianas. Se les considera como “personas presentes de modo temporal”. De los 14.500 refugiados que desde octubre de 2013 hicieron un alto aquí, solo 13 solicitaron directamente asilo en Italia, según informaciones de la ciudad de Milán. Ni siquiera uno de mil.

Para la capital lombarda, ciudad de paso para estos refugiados, la situación resulta casi incontrolable. Enfrenta graves problemas logísticos. A esto se suma el debate político. La derecha infiere que Milán se ha vuelto un punto atractivo para los refugiados debido a su generosa política de acogida. El gobierno municipal, a cargo del demócrata de izquierdas, Giuliano Pisapia, considera que es su obligación ofrecer ayuda humanitaria a esta gente.

El ambiente es pesado: En la tarde de nuestra visita, el encargado de Asuntos Sociales de Milán, Pierfrancesco Majorino, presentó en la alcaldía, el Palacio Marino justo al frente de la Ópera La Scala, las nuevas cifras de los refugiados llegados a la ciudad: 14.500 desde octubre a la fecha. Y la suma explotó especialmente en los dos últimos meses, con el arribo de 10.500, entre ellos, 3.836 niños. En promedio, estos “viajeros de paso” permanecen en Milán unos cinco días. 

Muchos voluntarios en acción

Tras los sirios, en los últimos tiempos también se han multiplicado los refugiados de Eritrea. Milán siente que trabaja a solas. “Necesitamos un comité de emergencia”, exige Majorino, en alusión a la Liga del Norte que gobierna la región lombarda, pero que hasta ahora no se ha involucrado en la asistencia a los refugiados.

Por el contrario, un gran empeño ofrecen numerosas asociaciones de ayuda, ONG y voluntarios. Esto se observa también durante la visita a uno de los 10 centros que recibe a estos refugiados en tránsito. No lejos de la parada de metro Uruguay, la Cooperativa Farsi Prossimo, que pertenece a Cáritas, ha creado un abrigo con 99 lugares en un ala del convento católico. Esta organización recibe 30 euros del Estado por cada refugiado que atiende por noche. 

Más solicitudes de asilo en Suiza

Suiza recibió entre abril y junio de 2014 un total de 5.384 solicitudes de asilo. Un 10% más que en el primer trimestre de 2014 (4.894).

La Oficina Federal de Migración (OFM), encargada del asilo, recibió 2.234 nuevas solicitudes solo en el mes de junio, es decir, 554 más que en mayo (+33%).

Los principales países de origen de los solicitantes de asilo en el segundo trimestre de 2014 son: Eritrea (1.678), Siria (1.055) y Sri Lanka (214).

Rubina nos recibe en la entrada. “Aquí acogemos solo a las familias, ningún viajero solo. La mayoría provienen de un buen nivel socioeconómico, incluso hay médicos, pues solo ellos pueden permitirse los costos de la huida. “La joven italiana aprendió árabe, un idioma que en esta situación es solicitado en Milán. “Por ahora todo es un poco complicado, porque estamos en el mes del ramadán”.

Más que una ola de refugiados

Ante su puerta esperan ya algunos sirios impacientes, porque hoy se ha previsto una jornada de distribución de ropa. Por los pasillos cubiertos corren niños. Una joven madre con dos niños narra porqué huyó de Aleppo: “Tenía miedo de ser violada”.

Los colaboradores de Farsi Prossimo trabajan comprometidos, pero saben que su desempeño es apenas una gota de agua sobre piedra caliente. Annamaria Lodi, presidenta de esta ONG, considera que el flujo de personas que buscan protección se mantendrá: “Esto no es una ola de refugiados, sino un verdadero éxodo”.


Traducción del alemán: Patricia Islas, swissinfo.ch

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